19 de septiembre de 2005

Un viaje a Tánger

Había oído hablar, había leído a propósito de esta novela, hasta que un día la compré, en una edición de Cátedra, de estas anotadas con prólogo y todo eso. Empecé a leerla, pero por una extraña razón no me atrapó desde el primer párrafo como estaba esperando, así que la dejé reposar (no es mal método, de vez en cuando, dejar un libro un poco de lado hasta que se presente el momento preciso para echarle mano).

Estamos hablando de La vida perra de Juanita Narboni, una novela que ganó en Premio Planeta en 1976, y cuyo autor, Ángel Vázquez (Tánger, 1929-Madrid, 1980), está considerado por algunos como un escritor de esos de culto, con una escasa producción literaria (Se enciende y se apaga la luz, Fiesta para una mujer sola y muchos relatos) y con una vida y una personalidad no por grises, en apariencia, poco interesantes para los amantes de los tipos raros.

El caso es que dejé reposar el libro, hasta que una vez viajé a Tánger (maravillosa ciudad) y pasé allí unos días. Entonces, a la vuelta (evitemos descripciones viajeras, que para eso a que valer, y mucho), me encontré en condiciones de leer La vida perra de Juanita Narboni, y de disfrutarla.

Viene a cuento hablar de esta novela, porque está a punto de estrenarse una versión cinematográfica de esta historia, dirigida por la realizadora marroquí (nacida en Tánger, también) Farida Benlyazid, que tiene buena pinta... Veremos.

La vida perra... es un largo monólogo interior de varios momentos de la vida de una tangerina de madre española y padre gibraltareño, Juanita Narboni, que cuenta una vida mediocre (según ella) y sacrificada en los años dorados de aquella ciudad, los treinta, cuando era uno de los lugares más cosmopolitas, el Tánger internacional, donde convivían varias nacionalidades, varias civilizaciones. Pero no solo se ocupa de esos años, sino también de la posterior decadencia (los cincuanta) de aquella urbe donde la convivencia era la norma.

Una de las particularidades de esta novela es el lenguaje de Juanita, español, salpicado de frases, palabras y expresiones en francés, inglés, árabe, incluso hebreo, además de localismos e invenciones varias. La madre de Vázquez era sombrerera en aquella ciudad y a ella le está dedicado el libro:

"En memoria de mi madre y de su tertulia de amigas, hebreas y cristianas, de cuyo lenguaje-recuerdo se apoderó Juanita Narboni, obligándome a escribir este libro".

Ése lenguaje se llama (o se llamaba, pues desconozco si sigue existiendo tal cual) la yaquetía.

Otra característica de La vida perra... es la creación (la existencia, para nosotros lectores) de uno de esos personajes femeninos salidos de la pluma de un hombre que resultan TAN verosímiles y TAN auténticos y TAN atractivos (aunque objetivamente la persona que resulta de ese personaje no tenga atractivo objetivo alguno).

Y la tercera (hay más, claro) es el coprotagonismo (malgré Juanita, eso seguro) de la ciudad de Tánger a lo largo de todas estas páginas, razón por la cual es una suerte haber leído esta novela una vez conocida la ciudad.

eaguirre@divertinajes.com
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