12 de septiembre de 2005

Aquel Nueva York

Nació en Ohio, en un pueblo llamado Mt. Gilead, allá por 1896. A los veinte años, se marchó a Nueva York, donde se dedicó a escribir; y mucho; y con éxito. Murió en 1965, y como ocurre tantas veces, su nombre y su obra fueron cayendo en el olvido... Hasta que a mediados de los años ochenta, el escritor Gore Vidal reivindicó en un artículo a aquella autora y a sus libros.

Se llamaba Dawn Powell, y la editorial Lumen ha creado una colección con su nombre en la que irán publicando sus textos, rescatados de entre sus diecisiete novelas, sus diez obras de teatro, su diario y su buen montón de artículos de prensa. En esta Biblioteca Dawn Powell han aparecido ya dos títulos, el último hace pocos meses, Un amor en el Golden Spur (con traducción de Celia Filipetto), y el primero hace algo más de un año, Café Julien (traducido por Joan Riambau); escritos en 1962 y 1954, respectivamente.

En www.dawnpowell.org puede leerse, entre otras cosas, el artículo de Gore Vidal.

En estas dos novelas, Powell nos cuenta cómo era, cómo vivía y como se comportaba una determinada porción de la sociedad neoyorquina de los años treinta y cuarenta: artistas (o aspirantes a serlo), ricos excéntricos que parecen desubicados, chicas en busca de hombres que ayuden en su manutención, pueblerinos que llegan a la ciudad en pos de quién sabe qué... Y hay hoteles, galerías de arte, pensiones de mala muerte, mucha calle y, sobre todo, bares. De hecho, estos dos títulos hacen referencia a locales: el Café Julien, un restaurante (y bar) de cocina francesa, caro, centro de reunión de especímenes pertenecientes a los grupos arriba citados; el Golden Spur, un bar de copas, de menos categoría pero en absoluto con menos vida y ajetreo. Ambas historias están sólidamente estructuradas en sus tramas, lo que no impide que cuando entramos en sus páginas nos parezca que no pasa nada, excepto la vida que transcurre en aquel Nueva York. Pero sí pasa. Disfrutamos en estas lecturas de una galería de personajes: no siempre los protagonistas tienen más interés o, incluso, importancia, que el elenco de actores de reparto que entra y salen. Dawn Powell es una narradora sutil, no necesita contárnoslo todo ni escarbar en la psicología de los personajes para que nos quede claro, perfectamente claro, lo que nos quiere decir. Estoy deseando que se publiquen el resto de sus libros.

¿Recuerdan aquello que hemos dicho aquí ya algunas veces de que un libro lleva a otro libro? Pues este es el momento indicado para recordar una edición, también de Lumen, de la Narrativa completa de Dorothy Parker, otra cronista indispensable de la vida neoyorquina, contemporánea de Powell. Y asimismo viene a cuento citar Café Hugo, de Adolfo García Ortega (Valladolid, 1958), publicada por Ollero & Ramos en 1999, una estupenda novela, cargada de personajes, cada uno con su pequeña historia a cuestas, que transcurre... sí, en un bar.

eaguirre@divertinajes.com
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