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4 de julio de 2005
A su aire
Es un recurso como otro cualquiera para hablar de un escritor: Se toma su último libro y a partir de él se revisan sus obras anteriores, siguiendo el hilo de las coincidencias entre ellas, de los temas recurrentes en las historias de ese autor, etc. Pero a veces, esto no sirve.
Javier Tomeo es aragonés y debe rondar los setenta años. En todas las solapas de sus libros y en todas las entrevistas que le hacen se recuerda que estudió Derecho y Criminología. Reconozco que suelo buscar en sus narraciones al criminólogo que las ha escrito, pero no encuentro nada muy característico de esa profesión (claro que tampoco sé qué es lo caracterísitico de esa profesión). Quizá sea fruto del conocimiento de las conductas de las personas cuando están al límite de lo que sea una manera de mostrar el interior de los personajes y sus reacciones, a menudo inesperadas, incoherentes hasta poco verosímiles. A lo mejor es que refleja mejor cómo son y cómo se comportan las personas de verdad que los arquetipos literarios... No sé. También es habitual que se diga que algunas de sus obras de teatro han sido estrenadas en Francia, donde se le tiene en una alta consideración. En España, creo que está en una segunda fila en cuanto a la popularidad (si es que se puede utilizar esta palabra para la literatura). Ya he dicho que la única constante en la obra de Tomeo es la brevedad de sus novelas, por lo que no creo que merezca la pena intentar hablar de un estilo o cosas similares, pues seguro que el libro que ustedes hayan leído o vayan a leer de este escritor contradirá inmediatamente casi todo lo aquí expresado. Solo hay que decir que es un escritor muy interesante, a terner en cuenta y que ha dado títulos verdaderamente buenos, junto a otros de menor consistencia; también es verdad que ha escrito mucho. Así, les voy a recomendar media docena de títulos y ustedes elijan (fíjense en el número de páginas): Amado monstruo (111 páginas); El crimen del cine Oriente (186); La rebelión de los rábanos (166); La maquina voladora (166); La soledad de los pirómanos (181); El cantante de boleros (177).
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