27 de junio de 2005
400 años

Cómo no íbamos a hablar del cuarto centenario de la publicación de Don Quijote de la Mancha. Se trata casi de una obligación, aunque me parece absolutamente imposible poder escribir en esta Errata nada mínimamente original.

No pienso decir nada de la novela en cuestión, faltaría más. Me limitaré a mostrarles tres libros relacionados de una u otra manera con El Quijote (de los centenares que están saliendo a la calle estos meses), que se pueden encontrar en las librerías y que, creo yo, tienen su interés.

Uno es de Martín de Riquer, casi con toda seguridad el mayor y mejor cervantista vivo (con el permiso de otros cuantos, que también están bien y que tienen más renombre, al menos en los últimos tiempos). Hay que hacerse con Para leer a Cervantes (El Acantilado), un volumen que recoge dos de sus principales textos sobre la obra y su autor. Me da la sensación que en estas páginas podemos encontrar cualquier duda que se nos plantee, podemos aprender mucho a propósito de la novela y mucho a propósito de Miguel de Cervantes, un escritor tan famoso, que si te pones a pensar un rato te das cuenta de lo poco que conoces de él. El libro de Martín de Riquer es una buena obra de consulta para tener a mano en lo que nos resta de 2005, pues nos quedan todavía muchas obviedades, lugares comunes y tonterías varias por oir, y aquí hay un rincón de conocimiento y de inteligencia que no está nada mal.

Aunque de primeras pueda sonar al título de un artículo escrito por algún nacionalista pasado de vueltas (hay taaaantos), Don Quijote en Barcelona (Península) es un interesante ensayo del profesor de literatura José María Micó, que se completa con los cinco capítulos que la segunda parte de las aventuras del hidalgo manchego transcurren en la capital catalana. Hay unanimidad entre los estudiosos en resaltar estos episodios barceloneses, y en este librito están las claves y las explicaciones de todo ello.

El cervantista más de moda, Francisco Rico, decía hace unos meses en una entrevista que como todos conocemos la trama de El Quijote, esta novela se puede empezar a leer por cualquier parte, buscando episodios concretos, saltando de capítulo en capítulo... De hecho, contaba Rico que Cervantes se planteó la primera parte como si fuera una especie de revista, donde hay relatos paralelos a la historia principal, disgresiones varias. Es un buen consejo.

Quizá el acercamiento más original al Quijote haya sido el de Andrés Trapiello, quien se ha atrevido a contar, en una novela, lo que ocurrió a partir del momento en el que Alonso Quijano murió; y lo ha hecho en Al morir don Quijote (Destino). Trapiello demuestra que conoce la novela en la que se inspira a la perfección, así como a su autor (hace casi una década publicó una biografía de Cervantes que se ha ido reeditanto hasta ahora y que es muy recomendable). Pero también demuestra que ha alcanzado un dominio de las técnicas narrativas de la novela.

Autor de unos extraordinarios diarios, poeta y atinado articulista y ensayista, a Andrés Trapiello le fallan las novelas; y ya ha escrito unas cuantas. Ninguna de ellas había tenido, hasta ahora, la calidad literaria del resto de su obra. Es verdad que hay algunas que no están mal (a mí me gustó La malandanza y Días y noches), pero hay otras que no hay quien les meta mano. Se ha dado el caso extraño de que con Los amigos del crimen perfecto ganó el premio Nadal, obtuvo críticas muy favorables, fue traducido a muchas lenguas, entre ellas el chino: allí ha sido elegido como uno de los mejores libros del siglo XX. Me pueden hacer caso o no, pero NO es uno de las grandes novelas del siglo XX, ni de lejos.

Pero con Al morir don Quijote ha escrito su mejor novela. Más vale tarde...

Posdata flamenca: Hace unas semanas asistí a un recital de José Soto Sordera, un gran cantaor de Jerez. Sordera presentaba su último espectáculo, basado en textos de El Quijote, que él canta con un compás y una jondura extraordinarios por alegrías, seguiriyas, soleas, etc. Y termina, por bulerías y bailando, con un autorretrato que escribió Cervantes:

"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis [...]; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha [...]. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo; herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros...".

eaguirre@divertinajes.com
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