13 de junio de 2005
El más gamberro de todos

Juan Carlos ya estaba leyendo Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído (Anagrama). Le pregunté qué tal y me dijo: "Es la historia de un gamberro... Del más gamberro de todos". Así que el título (que es bueno) no es mío.

Poeta, letrista de rock, heroinómano, periodista, homosexual, provocador (otra forma de decir gamberro)... Eduardo Haro Ibars (1948-1988) es uno de esos personajes de los que muchos han oído hablar, pero menos han leído o conocido. Ha sido algo así como el maldito de la Movida, pues fue en los primeros años ochenta cuando tuvo, como se lee en esta biografía escrita por J. Benito Fernández, también periodista, una presencia pública más notable. Pero Eduardo Haro no surgió de repente un día para escribir las canciones del primer disco de la Orquesta Mondragón, no. Como tampoco aparecieron de la nada en esos años los grupos pop, los políticos o los artistas con los que tanta lata nos han dado. En este sentido, esta biografía me interesa especialmente, pues conecta ese Madrid a menudo tan sobrevalorado, con los movimientos culturales, más o menos politizados de los más confusos años setenta; con los todavía timoratos y muy nacionalcatólicos sesenta; con las familias marcadas por la Guerra Civil; con los españoles que poblaron una ciudad como Tánger, internacional hasta finales de los cincuenta, donde libertad y cultura estaban aseguradas.

El otro día, una revista inglesa de musica pop publicó la lista de los cincuenta mejores discos de la historia. La encabezaba Nirvana, seguidos de una serie de bandas que publicaron sus trabajos y compusieron sus músicas durante los noventa. Los Beatles, por ejemplo, aparecían muy abajo. Aunque el Nevermind, de Nirvana, o el OK Computer, de Radiohead, sean discos fundamentales, el problema es que quienes votan en esas listas carecen de referencias anteriores y parecen creer que solo existe lo que ellos han vivido; y es normal: ¿Por qué va a conocer un chaval de diecisiete años toda la música que se hizo antes de que él naciera? Ya llegará (si tiene que llegar).

Pues con aquella Movida o Nueva Ola pasa un poco lo mismo. Y con el tiempo, uno va enterándose de que en los setenta, en Madrid había un cierto movimiento que respondía al nombre de Rollo; o en Sevilla, un Underground que dio lugar a grupos musicales como Smash o Triana. Eduardo Haro Ibars ya se movía por el Madrid de los años sesenta, en el que se formó intelectualmente. El hipismo setentero también le marcó, aunque en parte por rechazo. Tuvo además la suerte de mantener una relación de amistad con dos personajes del pasado brillante tangerino como el escritor Ángel Vázquez (autor de La vida perra de Juanita Narboni) o el vividor siempre metido en ambientes culturales y artísticos Emilio Sanz de Soto. Antes de que palmara Franco, Eduardo ya era amigo de poetas como Leopoldo María Panero o Luis Antonio de Villena.

Solo en estas circunstancias, puede una ciudad como Madrid dar a luz algo como aquella Movida, a la que hay que reconocer un buen puñado de méritos. Y hablo de Movida, aunque algunos puristas prefieran lo de Nueva Ola, pero es que la Nueva Ola se limitó a la música, pieza clave para entender este tiempo, pero no la única. A través de esta biografía de Haro, vemos cómo hubo en aquellos días una literatura, en su mayor parte olvidable, o un cómic que dio lugar a una buena parte de la estética plástica que aún hoy sigue más o menos en vanguardia... Y vemos cómo aquello tenía unas raíces, unos precedentes, algunos protagonistas que venían de atrás.

Solo cuando pueden llegar a convivir, a conocerse, a saber de sus respectivas existencias un Javier Gurruchaga (poco más que un paleto que quería hacer música con su Orquesta Mondragón) con este Eduardo Haro, a su vez relacionado con José Manuel Caballero Bonald (poeta imprescindible de la generación de los cincuenta), y amigo, a través de su hermano menor, de Jaime Urrutia (quien fundaría el grupo de rock Gabinete Caligari), solo cuando estas cosas pueden ocurrir, tiene sentido prestarle atención a un movimiento cultural como fue aquel, y por extensión a los personajes que tuvieron sus papeles, mayor o menor, mejor o peor.

eaguirre@divertinajes.com
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