30 de mayo de 2005
¿Qué es eso de la familia normal?

Podrán casarse los homosexuales... Y desde algunos rincones de las cavernas que nos rodean se lanzan agrias lamentaciones sobre el peligro de extinción que planea sobre las familias normales.

¿Pero ha existido alguna vez una familia normal? Por supuesto, me voy a limitar a la literatura, donde es imposible encontrar una. ¡Ni siquiera en Mujercitas! Y de la Carta al padre de Franz Kafka ni hablamos, ¿verdad? Y luego están las infidelidades, los abandonos, los escapadas de los hijos, las luchas por herencias, la violencia (por cierto, nacida casi siempre en el seno de familias normales)... Para qué seguir.

Una joven regresa a casa de su abuela a Dublín, tras la muerte de su madre, que se había separado de su marido, ya también fallecido, quien era el hijo de la mencionada abuela. ¿Cómo deberían ser las cosas aplicando la plantilla de la familia normal? Pues, supongo, que la abuela habría de acoger a la nieta con los brazos abiertos, sin sombra alguna de odio hacia ella a causa de un problema previo ocurrido entre adultos (la separación de los padres). Ya se habrán imaginado que las cosas no son así en De visita (Lumen), de Maeve Brennan (1909-1993), traducida por Ana Nuño.

Efectivamente, De visita plantea un choque entre dos mujeres, expone la existencia de amargas experiencias familiares que toman la forma del desencuentro, de la ruptura. Es una nouvelle (novela corta, decimos en español) editada en 2000, tras la muerte de su autora, la única novela de una producción literaria centrada en los relatos y artículos que fue publicando en la revista The New Yorker, durante los treinta años en los que estuvo allí contratada. Cuando Maeve Brennan estaba en plena decadencia (tanto por la edad como por ciertos problemas psiquiátricos) fue cuando se empezó a recuperar su obra mediante la publicación de volúmenes antológicos, en los cuales latía el pulso de la ciudad de Nueva York, sobre todo. Brennan se inscribe en la línea de Dorothy Parker (de hecho vivió algunas temporadas en el hotel Algonquin) y de tantos escritores que han tomado aquella ciudad como objeto y sujeto de sus escritos.

Pero, como se lee en De visita, Maeve Brennan no se desprendió del todo de su Dublín natal (su padre, un activista en favor de la independencia, fue enviado a Estados Unidos como representante de la nueva república), como tampoco lo hizo de las relaciones familiares que, sobre todo en el ámbito católico, tantos conflictos generan, precisamente por esa eterna aspiración a que la familia sea normal.

Me van a permitir dos posdatas: la primera tiene que ver con un libro impecable que han escrito dos habituales (y algo más) de este Divertinajes, Eva Orúe y Sara Gutiérrez: se titula Padres e hijos (Ediciones B) y son conversaciones entre eso, padres e hijos, que se han dedicado a la misma profesión. Viene a cuento (además de porque merece la pena de por sí), porque hay en estas páginas muchas familias, la mayoría sin conflictos graves en su seno, pero tras la lectura no puedo dejar de pensar en que no hay familia normal, por mucho que algunas lo parezcan.

La segunda posdata tiene que ver con el matrimonio entre personas del mismo sexo. "¡Que, por lo menos, no se llame matrimonio!", protestan los siempre preocupados por hacia "dónde va el mundo, Facundo". Tras una breve (y fácil) consulta, me he encontrado con esta definición de matrimonio del Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, de 1734:

“Contrato del derecho natural, que se celebra entre hombre y mujer, por mutuo consentimiento externo, dando el uno al otro potestad sobre su cuerpo, en perpétua y conforme unión de voluntades, el cual elevado a sacramento, y celebrado entre sujetos bautizados, se hace del todo indisoluble, en llegando a consumarle. Llámase matrimonio [aquí está el interés del asunto] del nombre de madre, por las mayores fatigas con que concurre la mujer a la propagación de la especie”.

Ojo, dice "mayores fatigas" de la madre, sin alusión alguna a condiciones biológicas, gestaciones o partos. También hace referencia al sacramento, pero, que yo sepa, en la actualidad se trata de una unión civil lo que se plantea para las personas del mismo sexo, ¿no? A mí, esta definición me sirve para llamar matrimonio a la pareja formada, legalmente, por dos hombres o dos mujeres. Si llamamos ratón a este cacharrito para manejar el ordenador, cómo no vamos a adaptarnos también en esto.

eaguirre@divertinajes.com
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