23 de mayo de 2005
Una de clásico cercano

Se suele decir que España ha vivido de espaldas a Portugal, y debe de ser verdad, pero en esto de la literatura, la frase no se cumple. Pessoa, Lobo Antunes o Saramago, por ejemplo, más allá de los que nos parezca cada uno, tienen una presencia constante en las librerías, ya sea mediante sus novedades (en el caso de los dos últimos) o mediante nuevas ediciones (cuando de Pessoa se trata). Y hay otro del que cada poco tiempo podemos encontrarnos con nuevos libros: José Maria Eçá de Queiroz (1845-1900).

Hace unos años, una profesora nos recomendó leer una novela titulada La ciudad y las sierras, de un escritor para mí, entonces, desconocido, Eça de Queiroz. Quería, la profesora, que aquella lectura nos sirviera de ejemplo del momento en el que en la Europa del sur chocan dos concepciones del mundo: la tradicional, más conservadora y más rural, y la modernizante, urbana y más progresista (no siempre en el sentido político del término).

Y así fue, aquel libro a mí me sirvió mucho para aquella asignatura de historia y, también, para descubrir a un escritor que me acompaña desde aquella lectura. La traducción era de Eduardo Marquina. Después leí El conde Abraños (con traducción de Wenceslao Fernández Flórez), El misterio de la carretera de Sintra (escrito mano a mano, y por entregas, con Ramalho Ortigão, y traducido por Carmen Martín Gaite: hay una edición reciente en El Acantilado) y El mandarín (ni idea de quién sería el traductor, pues se trata de una edición vieja y un tanto cutre). Habría que estudira la razón por la cual han sido escritores de prestigio quienes han trasladado a Eça de Queiroz al español... pero creo que no seré yo quien dé con la clave.

Pasados unos años de aquella fiebre, Pre-Textos publicó la estupenda Los Maia (con la edición de Jorge Gimeno). Se trata de una novela publicada en 1888, que relata el proceso de decadencia de una gran familia, en la línea de El Gatopardo, de Lampedussa, o de El cuarto mandamiento, de Booth Tarkington (por cierto, recién reeditada por Alfaguara. Cuando estás en medio de las ochocientas páginas de Los Maia te apetece quedarte allí a vivir una temporada.

Algún tiempo después, se estrenó una película mexicana que desató cierta polémica (por aquello de los amores de un cura y otras complicaciones), El crimen del padre Amaro se llamaba y, efectivamente, estaba basada en una historia de Eça de Queiroz. La verdad es que aquella vez no se habló mucho de literatura.

La editorial barcelonesa, El Acantilado, es una de las que está cuidando la obra del escritor portugués. Hará cosa de un año publicó Ecos de París (traducido por Javier Coca y Raquel R. Aguilera), una selección de los artículos que Eça mandaba desde París, donde fue cónsul, a un periódico brasileño, Gazeta de Noticias. Y aquí está el cosmopolita y conservador que ve el mundo con los ojos apresurados de un periodista y, a la vez, con la mirada más calmada del literato adscrito, además, a la corriente de la novela realista; el dandy un pelín esnob, pero inteligente ante todo, que supo retratar la vida, o al menos una parte de la vida, de la casi capital del mundo en el final del siglo XIX, que era, prácticamente, el inicio del final de su reinado.

¿Queremos más Eça de Queiroz? Pues aquí están sus Cuentos completos (Siruela, traducidos por María Tecla Portela Carreiro) y El primo Basilio (Pre-Textos, con la edición, de nuevo, de Jorge Gimeno).

Creo que las primeras frases del prólogo de Jorge Gimeno a este El primo Basilio pueden ser lo suficientemente sugerentes: "Ésta es una novela del pie, del pie femenino. El pie de mujer fue la principal institución erótica del siglo XIX. El dulce imperio del pie ya se ha perdido, pero desde el siglo XVIII dominó la libido masculina, por lo que toda novela con transfondo erótico era siempre, en mayor o menor grado, una novela del pie".

En El primo Basilio hay más que pies, pero... no está mal para empezar.

Hay una fundación dedicada a José Maria Eça de Queiroz, y tiene página web.

eaguirre@divertinajes.com
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