2 de mayo de 2005
Mejor si te ríes

Para qué se va a andar uno con contemplaciones. Llevas media vida aguantando las tonterías de unos presuntuosos, hipocritones y vacíos fulanos. Cada vez que abren la boca o escriben o se expresan como tengan a bien hacerlo, te parece que alguien debería contestarles... ¿Por qué no tú? Sobre todo si eres de su mismo gremio, puedes batirte con armas similares (nunca son las mismas) a las suyas.

Ignacio Vidal-Folch se está acercando a la cincuentena. Se dedica al periodismo, ha escrito novelas, libros de relatos y guiones de cómic. Ahora, con Turistas del ideal (Destino) inicia una trilogía que será una sátira de algunos aspectos de la España contemporánea. Esta primera entrega es un ataque despiadado contra los progres; las siguientes tendrán que ver con el nacionalismo y con la derecha y los escándalos financieros.

La trama de Turistas del ideal gira alrededor de un personaje: escritor, miembro del Partido Comunista, autor de novelas policiacas y solidariocomprometidonoalineadorevolucionario profesional. Un progre en toda regla. El tipo decide conocer a un revolucionario latinoamericano que siempre va enmascarado y que habla como un cursi. Cuando el revolucionario llega a la capital de su país, para hablar con sus diregentes, se monta una gran concentración en la que se dan cita todos los progres y enrolladetes del mundo occidental, entre ellos un novelista portugués muy, pero que muy comprometido y que pontifica cuando habla y cuando escribe, y un cantautor roquerizado español que canta unos ripios infumables... Y como estos, hay un montón de personajes literarios reconocibles en personajes reales.

Con esta impudicio, con la intención de utilizar la risa (que no puede ser siempre elegante y sutil y a veces debe rebajarse un poco) y con la necesidad (eso parece) de una cierta venganza, Ignacio Vidal-Folch ha perpetrado la novela más gamberra de los últimos tiempos.

Ignacio ha escrito alguna cosa (recuerdo un ensayo sobre cómics) a cuatro manos con Ramón de España, otro tipo que toca todos los palos de la literatura (y recientemente incluso el cine). Pues bien, ambos son unos combativos enemigos del bonismo, de esa actitud de amor universal por todo (por todo lo que responda a una ideología determinada: mejor dicho, con los tópicos de una ideología determinada), esa actitud que lleva a comulgar con ruedas de molino y que, en España, tanto tenemos que sufrir en la política, sobre todo.

 

eaguirre@divertinajes.com
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