14 de marzo de 2005

Me gusta Mañas

Se hizo famoso en cuestión de días, con Historias del Kronen (Destino, finalista del premio Nadal en 1994), un libro con todos los ingredientes, buenos y malos, de una primera novela de esas que tratan del ambiente juvenil de su momento. Ocurrió que aquella historia alcanzó una popularidad enorme (con película incluida) y que se leyó, en la mayor parte de los casos, en clave sociológica, intentado identificar las características de aquellos chavales que inundaban las calles de las ciudades españolas de principos de los noventa con los rasgos de los personajes de la novela. Eso suele crear frustraciones, pues lo que sale de la cabeza de un creador, aunque documentado o vivido u observado, tiene otro vuelo distinto a la realidad pura y dura, afortunadamente.

A partir de ahí, casi no había enteradillo que no pusiera pingando a José Ángel Mañas (Madrid, 1971), muchos de ellos sin haberlo leído, faltaría más. Supongo que fue por el éxito, pero a un chaval que tenía 23 años cuando se dio a conoce, se le exigía tanto o más que a escritores mucho más curtidos. Su apellido, Mañas, prácticamente se convirtió en sinónimo de literatura comercial y bla, bla, bla.

Mañas siguió escribiendo: Mensaka, Soy un escritor frustrado, Ciudad rayada, Sonko 95, Mundo burbuja. Algunas buenas, otras fallidas. El tipo fue retratando la vida de estos años, unas veces más metido en la calle (siempre en Madrid, una constante de su obra), inmerso en un ambiente que se definía por su lenguaje; otras más cerca del mundo de la literatura; alguna centrada, en exceso, en él mismo.

Y ahora, aparece Caso Karen (Destino), un libro que confirma a quienes hemos seguido la carrera de este hombre que valía la pena seguirle.

La anécdota de la historia es que Mañas cuenta la muerte de una escritora de éxito (es fácil, casi obligatorio, ver que se trata de un trasunto de la archifamosa Lucía Etxebarría), lo que le sirve, además, para adentrarse en una novela negra (Duarte y Pacheco son dos maderos que ya habían aparecido en algún libro anterior) y para hacer un retrato del ambiente literario español de los últimos quince años: escritores, editores, agentes, periodistas y artistas de todos los pelos.

Lo esencial del libro es la interesante multitud de voces narradoras que se suceden a lo largo de la trama, que van definiendo tanto a la protagonista, Karen, como a todo el entorno.

Y el sentido del humor: Mañas ironiza con todo, empezando por él mismo, que cruza, anónimo, el escenario de esta muerte por resolver.

Nunca he tenido demasiadas dudas respecto a seguir leyendo sus libros según iban apareciendo, y Caso Karen me ha dado la razón.

Sí, me gusta Mañas, qué le voy a hacer.



eaguirre@divertinajes.com
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