7 de marzo de 2005
Ojo con los prejuicios

Es uno de esos libros "esperados". Su autor, Javier Cercas, alcanzó, prácticamente desde el anonimato literario, un tremendo éxito con su anterior novela, Soldados de Salamina (Tusquets), por lo cual, su siguiente obra va a ser mirada con un detenimiento, probablemente, exagerado.

Se titula La velocidad de la luz, la publica de nuevo Tusquets, y he tenido la suerte de poder leerla un poco antes que ustedes, los lectores de verdad, pues llegará a las librerías en estos días.

El narrador empieza recordando el tiempo pasado en una universidad del Medio Oeste estadounidense, a mediados de los años ochenta. Rememora su amistad con un personaje peculiar, que resulta ser veterano de la guerra de Vietnam. La historia está contada desde unos cuantos años después. Como casi siempre, no conviene adelantar más, pues la trama avanza a golpe de determinados acontecimientos que van manteniendo el interés del lector y cambiando sus expectativas respecto a la historia. Lo que sí se puede decir, creo, sin estropear nada es que La velocidad de la luz habla de la amistad y de la culpa.

Quizá haya dos formas de leer esta novela. Una buena y otra mala. La buena (y me temo que va a ser poco leída así) consiste en abrir el libro sin prejuicio alguno; lo ideal sería, incluso, sin saber quién es el autor ni qué ha escrito antes. Si se hace de esta forma, el lector se encontrará con una historia bien contada, con una novela muy bien estructurada alrededor de dos personajes principales sólidos, y que habla de más cosas de las que parece, y lo hace con eficacia, abriendo puertas y planteando preguntas.Sí, es una alambicada forma de decir que es una buena novela. ¿Una pega? Para mí, que una de las líneas narativas principales esté tan centrada en la guerra de Vietnam, pues me resulta muy difícil meterme en esa jungla (perdonan la gracia facilona) desprendiéndome de toda la iconografía (cinematográfica, fundamentalmente) de aquella barbaridad bélica, lo que me saca un poco de la historia; pero esto es poca pega.

Ahora bien, qué creo que va a ocurrir. Pues que La velocidad de la luz se leerá destacando las referencias (que las hay y muchas) autobiográficas que el autor utiliza. De hecho, por un libro anterior (El inquilino, El Acantilado) que se cita en varias ocasiones, por las alusiones al éxito del narrador con una novela sobre un episodio de la Guerra Civil española (Soldados de Salamina) y por algunas cosas más, no hay duda del uso de la autobiografía por parte de Cercas. Pero, ¿a quién le extraña? En toda su obra literaria (e incluso periodística) anterior, Cercas ha echado mano de la realidad para construir sus ficciones.

Así llegamos a Soldados de Salamina. A mí (si es que le interesa a alguien) me gustó, me gustó mucho. Parte de un episodio real de la Guerra Civil, de un personaje real, y es una, atención: NOVELA. "Es que soluciona un misterio histórico inventándose la respuesta", me ha dicho alguien hace poco como crítica. Claro: inventa porque novela, porque crea una ficción. No es un ensayo ni una investigación histórica. "Es que no distingue entre los malos de un bando y los del otro", o algo así, me dijo hace poco otra persona, lo que me llevó a pensar: 1: que no la había leído; 2: que la leyó buscando algo y como lo que encontró no casaba a la perfección con su prejuicio, no le gustó.

Ocurrió con Soldados de Salamina que empezó a ser alabada en círculos reducidos, pues tanto el autor (ya he dicho, casi un desconocido hasta entonces) como la editorial pertenecían a esos círculos; quiero decir que no era previsible que pudiera tener las ventas de una Maruja Torres o una Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, que era un título destinado a un par de millares de compradores, más o menos. El problema fue que su fama creció y las ventas aumentaron y la popularidad del libro y del autor crecieron y se hizo una película y ya todo el mundo (o casi) sabía algo de aquel libro. Y esa popularidad llevó a que algunos de quienes la habían recomendado meses después fueran por ahí diciendo que no era para tanto. Conozco a varios, no estoy hablando de oídas. También hubo quien, ante el éxito del libro, lo escudriñó con mayor detenimiento del habitual. Ojo: y nada de esto es malo; y que te guste o no una novela depende de tantas cosas que quién puede decir que estás equivocado o acertado.

Javier Cercas nació en Cáceres (en Ibahernando), en 1962, vive y trabaja en Cataluña, dondes es profesor universitario, escribe en la prensa y hace lo propio en forma de libro. Ha publicado desde finales de los años ochenta varias obras literarias, además de algún ensayo: El móvil y El vientre de la ballena en Tusquets; El inquilino y Retratos reales, en El Acantilado.Como ya hemos dicho, y como puede comprobarse leyendo cualquiera de estos títulos, casi siempre juega con lo autobiográfico y con lo real. Es posible que ése, y no otro elemento, sea lo que mejor defina sus maneras como literato, su estilo, su aportación, más o menos original, a esto de la escritura. Es posible, también, que la popularidad alcanzada pueda ser un obstáculo para que ciertos lectores se acerquen de nuevo a él; en compensación, tiene otros ganados.

En cualquier caso, he intentado leer La velocidad de la luz sin demasiadas ideas previas y he salido satisfecho, que es bastante. Y ojalá lleguen más libros de Cercas.

 

eaguirre@divertinajes.com
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