28 de febrero de 2005

Los muertos de Comala

En marzo de 1955, la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica (FCE) sacó a la calle un librito (el diminutivo es por su extensión, por sus pocas páginas) titulado Pedro Páramo. Cincuenta años después, esta novela es, sin ninguna duda, una de las grandes obras escritas en español; y su autor, Juan Rulfo (1917-1986), uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera".

Qué necesitan ustedes que les cuente de esta novela. Muchos, incluso, la habrán estudiado ya en el colegio. Tengo un disco en el cual Rulfo lee dos fragmentos de su libro. Lo hace con una voz que parece arrastrarse, nada estridente, nada engolada. Tiene el acento de su Jalisco natal, uno de los acentos que más se utilizan para imitar a los mexicanos, por característico. Apenas enfatiza algún diálogo. La sensación que produce esa voz se me parece mucho a la sensación que produce la lectura del texto: hay algo de desolación, de oscuridad. Cómo no va a ser así, si se trata de una novela sobre la muerte y sobre muertos. Pero es que, además, Pedro Páramo cuenta la vida en un rancho, con sus amores, sus traiciones, sus abusos, sus mujeres (las "viejas") y sus hombres; con el poder, con la siempre convulsa y a veces inexplicable historia de México al fondo... Por eso en la lectura de la novela (y en la voz de Rulfo) hay, también, vida.

Juan Rulfo (funcionario del departamente de migraciones mexicano, administrativo en alguna empresa) vivía desde hacía unos años en la Ciudad de México, donde había llegado del estado de Jalisco. Escribió y publicó unos relatos, que aparecieron bajo el título de El llano en llamas (FCE), en 1953. Pasaron sin pena ni gloria. Un día, al año siguiente, compró un cuaderno esolar y escribió el principio del primer capítulo de una novela que le rondaba la cabeza. Nació Pedro Páramo.

Durante mucho tiempo se dijo que el manuscrito había llegado a las oficinas de la editorial y que allí había sido retocado por alguno de los grandes escritores que por aquel entonces trabajaban en la casa. Los más nombrados han sido Alí Chumacero y el Juan José Arreola (a quien ya dedicamos una Errata). No importó nunca que los tres lo negaran siempre. Es una leyenda urbana de la literatura. Arreola y Rulfo fueron amigos, ambos eran de Jalisco; ambos escribieron poco; ambos son grandes.

Rulfo no volvió a escribir apenas entre 1955 y 1986 (el año de su muerte). Y estas actitudes a lo Bartleby (ya saben: "Preferiría no hacerlo") vienen muy bien para alimentar rumores y habladurías. Hace unos pocos años, se publicó Aire de las colinas (Debate), un volumen que recoge las cartas que Rulfo escribió a la que luego sería su mujer, Clara Aparicio, entre 1944 y 1950. Además de El llano en llamas, hay por ahí alguna colaboración con el cine. Y ya. Unas trescientas páginas escritas a lo largo de su vida. Aunque también están las fotos (como la que abre esta Errata), unas fotos que a veces parecen querer ilustrar la novela o los cuentos. La parquedad de Juan Rulfo tiene un reflejo muy curioso en un entrevista televisiva. Era 1977, y en su programa A fondo, de la televisión pública española, el periodista Joaquín Soler Serrano charlaba con personajes de la cultura largo y tendido. Borges o Cortázar utilizaron una hora o una hora y media; Rulfo despachó aquella intervención en cuarenta minutos, a base de monosílabos, asentimientos o negaciones con la cabeza. No obstante, la entrevista tiene su interés, aunque Soler Serrano debió de sufrir lo suyo.

Al releer estos días Pedro Páramo, me he encontrado con una frase que me sonaba: "El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir". Lo que ocurre es que la historia a la que me recuerda, la del coronel y de su fusilamiento ,es algo posterior. ¿Un ejemplo de la influencia de la novela de Rulfo en la literatura en español? Ojalá.

eaguirre@divertinajes.com
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