31 de enero de 2005


Que no nos perdonen la vida

Los lectores normales, quienes no están metidos en el ambiente literario (escritores, editores, críticos...), deciden lo que compran, para luego leer, en función de muchas cosas: la recomendación de un amigo, una entrevista en un medio de comunicación (diario, revista, radio o televisión), la buena pinta del libro en cuestión, una publicidad bien hecha (esto no abunda, la verdad) o ¡¡¡¡TACHÁN!!! una crítica en un suplemento cultural: ¡¡¡Jua, juua, jua!!! Eso se creen ellos, los críticos.

Como mucho, uno lee una crítica cuando ya ha disfrutado o aborrecido un libro y busca una opinión que le confirme sus impresiones (o que se las rebata).

¿Exagero? Quizá un poco, pero el caso es que he llegado al límite de mi paciencia lectora (que es muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucha) estos días.

Resulta que hay un tipo llamado Ignacio Echevarría que lleva un montón de años pontificando y perdonando la vida a escritores y lectores desde el suplemento literario de El País, Babelia. Y resulta que a este fulano le han dado una patada en el culo en su periódico tras escribir una crítica negativa (sin duda merecida) de una novela de Bernardo Atxaga, que publicaba la empresa editorial, Alfaguara, que pertenece la mismo grupo empresarial, Prisa, que su diario, El País. Y además, según cuentan, la editorial se había dejado una pasta gansa en contratar al escritor vasco. Por ello, el desembarco promocional tenía que ser efectivo a más no poder.

Babelia le dedica su portada y una larga entrevista, y en la página siguiente Echevarría destroza el libro, con su tonito habitual de crítico que está en las alturas, más allá del bien y del mal. Repito: es casi seguro que la novela se merecía el vapuleo. Pero también es seguro que el tal Echevarría reparte estopa sin ton ni son la mayor parte de las veces.

¿Dónde narices está la Academia de Críticos? En ninguna parte.

¿Por qué tenemos que soportar leer descalificaciones furibundas e inmerecidas o alabanzas exageradas e igualmente injustas, y además creérnoslas? Para esto no tengo respuesta.

Pero no nos íbamos a quedar ahí, no. Va un funcionario (subdirector o así) del citado diario y decide que el señor Echevarría ya no publica más en aquellas sagradas páginas. ¡TOMA YA! Y después, a repartir doctrina democrática y zarandajas varias desde sus editoriales. Echevarría no desaprovecha semejante asistencia y remata a gol, utilizando este medio, la dichosa red, mediante la publicación (o emisión, no sé como llamarlo) de una Carta abierta, en la que se despacha a gusto y anuncia a los cuatro vientos que abandona El País.

Inmediatamente, todo el mundo que se cree alguien en el ambiente literario se lanza a dar su opinión y algunos, incluso, se adhieren a un manifiesto en favor de la libertad de expresión. Muchos de éstos son tipos que cuando publican un libro llaman a los directores de los suplementos para saber quién será el crítico encargado de hacer el comentario sobre su obra. Cuando tienen el poder suficiente, vetan a los enemigos y solo aceptan a los que saben que hablarán bien. ¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN? ¡¡Vamos, hombre!!

Cuando ya estaba perdiendo fuerza la polémica, aparece Juan Goytisolo para dejarnos claro a los simples mortales por dónde van los tiros.

Un tío que cada vez que eructa ve cómo los medios de todo pelaje se hacen eco de su regüeldo se permite el lujo de decir a los sufridos lectores cómo deben pensar, tras la queja de que él es el único puro y limpio.

En un artículo publicado en El País (Cuatro años después, 28 de enero de 2005) va y nos ilumina, y dice que él ya lo había dicho antes (Vamos a menos, 10 de enero de 2001, también el El País), que las cosas en la cultura están muy mal, que hay mucho amiguismo y muchos intereses comerciales (Señoras y señores, a su izquierda ¡el Mediterráneo!).

En aquel Vamos a menos Goytisolo estaba mosqueado porque le habían dado el premio Cervantes a Francisco Umbral, y soltaba todo su veneno contra aquella decisión (política y tal y cual). En este Cuatro años después, además de perdonar la vida al perdonavidas Echevarría, nos cuenta que este año el premio Cervantes, a Rafael Sánchez Ferlosio, está bien dado (aaaaaaah).

Y por si no estuviéramos todos hasta la coronilla, Echevarría le contesta un tanto airado (desde las páginas del mismo diario) porque don Juan no le ha prestado el apoyo suficiente.

¡Qué pereza!

La próxima vez hablamos de libros, de verdad.

eaguirre@divertinajes.com
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