13 de diciembre de 2004


Para cada historia, un estilo

El caso es que fui a comprarme el libro. Era una novela, se titulaba Breve historia de la inmortalidad y la había publicado Lengua de Trapo tras premiarla con el galardón de narrativa que esa editorial daba (y sigue dando).

El caso es que por una serie de circunstancias había conocido al autor, Antonio Álamo (Córdoba, 1964), hasta ese momento (era 1996) con una interesante carrera teatral a sus espaldas. Aquella que me fui a comprar era su primera novela. Y ahora, Álamo ha publicado la cuarta, El incendio del paraíso (Mondadori), y hay un aparentemente largo camino entre ambas; o quizá no.

El caso es que me da la sensación de que Antonio Álamo se adapta a cada historia que quiere contar con todas las consecuencias. Aunque leyéndolo con atención se pueden vislumbrar características comunes en todos sus libros, siempre sorprende encontrarse con una nueva novela, pues se nos pone delante otro punto de vista muy diferente, y suele ser habitual que los escritores mantengan a lo largo de su obra un mirada sobre el mundo más o menos constante.

El caso es que voy a poner ejemplos porque no sé si me explico... En aquella Breve historia de la inmortalidad, Álamo llevaba al lector a Londres, a finales de los años ochenta o principios de los noventa, poco importa, y le paseaba por el ambiente de los okupas. Allí, un chico español se enamora de una joven, con la que vive en uno de esos edificios ocupados. Hay sexo, hay drogas. La chica dice venir de otro planeta. "¡Alto ahí!", estará gritando alguno de ustedes. "¿Qué es esto, ciencia ficción? Porque de ser así, ni puntos de vista ni nada...". No, no se trata, para nada, de ciencia ficción ni similares. El hecho de que la chica sea extraterrestre es un elemento más de la definición de la historia (hay otro fundamental del que no hablaré para no estropear la novela más de lo necesario a quien pueda querer leerla).

El caso es que no molesta, no sorprende la condición extraterrestre de la niña. Al contrario, resulta casi coherente dentro de la atmósfera que quiere transmitir el autor. Breve historia... es una novela actual. "Claro, como todas las que se escriben en la actualidad, no te digo", estara diciendo ése lector que esta semana nos ha salido respondón. Y tiene razón... Lo que quiero decir es que se trata de un libro muy pegado a la actualidad: lugar, personajes, situaciones. Es una gran novela, que tiene algo de vanguardista (con todas las prevenciones que provoca semejante palabreja). Y sigo: En su siguiente obra, Álamo se marcha a la infancia. En Una buena idea (Planeta, 1998) todo es diferente, desde la perspectiva de un niño que quiere ser escritor y que cuenta lo que le va pasando en "tiempo real", como se dice cuando se retransmiten noticias o cosas por el estilo.

El caso es que Antonio Álamo, en su siguiente novela se marchó al Vaticano. Hubo entre medias otros libros, además de piezas teatrales (mantiene su carrera dramática hasta el punto de que es, ahora mismo, director del Teatro Lope de Vega de Sevilla), como los cuentos de ¿Quién se ha meado en mi cama? (Lengua de Trapo, 1999) o el relato de un viaje por Grecia y Turquía, Lo que cuentan los viajeros (Plaza & Janés, 1999).

El caso es que el escritor se fue, de verdad, al Vaticano, pues consigna al final del libro que estuvo en Roma, becado. El resultado, Nata soy (Mondadori, 2001). ¿Rarito el título, no? Para entenderlo basta con leerlo al revés: "Soy Satán" . Álamo se mete aquí en una trama vaticana, con un Papa pasado de vueltas, y plantea las intrigas, las actitudes, las costumbres y las rarezas que en aquel Estado ocurren. Y ahora, El incendio del paraíso, la crónica de un amor que se cae por los suelos y cómo se lo toman (no muy bien, eso lo puedo adelantar) sus protagonistas.

El caso es que no estoy seguro, al final de este texto, de si resulta tan raro eso de metamorfosearse para cada historia que se quiera escribir. Pero no hay duda de que Antonio Álamo lo hace, y bien. Desde que lo leí por primera vez, pensé que estaba ante uno de los escritores de esta generación (los nacidos en los años sesenta del siglo XX) que perdurarán en el tiempo. O no. Pero da igual, porque ahora se lee muy bien.

eaguirre@divertinajes.com
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