29 de noviembre de 2004


El gran Fournier y la gran literatura

Hace unos meses, la revista Lire hizo una encuesta para saber cuáles son los diez libros preferidos de los franceses. La lista resultó así:

1.La Biblia; 2. Los miserables, de Víctor Hugo; 3. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; 4. Germinal, de Émile Zola; 5. El señor de los anillos, de J. R. Tolkien; 6. El rojo y el negro, de Stendhal; 7. El gran Meaulnes, de Alain-Fournier; 8.Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne; 9. No sin mi hija, de Betty Mahmoody; 10. Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.

Lo primero que se me ocurre es una tontería, pero ¿porqué hay nombres de escritores que no concebimos escribir y decir más que en español, Julio Verne o Alejandro Dumas, en este caso, mientras que jamás se nos ocurriría decir y escribir "Pablo" Auster o "Esteban" King. En lo siguiente que pienso a leer esta lista es en cómo el orgullo nacional es para los franceses tan natural que en algo tan íntimo como la lectura no necesitan presiones ni obligaciones para dedicarse a leer a sus clásicos, que combinan con alguna concesión a la literatura de urgencia (No sin mi hija, por ejemplo). Y por último he pensado en uno de los títulos mencionados en la lista, un libro que acabo de leer (muy tarde, lo reconozco), porque se acaba de reeditar en España: "Señoras y señores, el ganador es... ¡El gran Meulnes, de Alain-Fournier! (en la foto, a los 19 años)

Alain-Fournier se llamaba en realidad Henry Alban Fournier. Nació en 1886, en una ciudad llamada La Chapelle-d'Angillon y murió en el campo de batalla, en 1914, a los veintiocho años, en los primeros momentos de la Primera Guerra Mundial. Alain-Fournier solo dejó esta novela, El gran Meaulnes, que reúne varios motivos para pertenecer a la leyenda: es única, a causa de la muerte temparana de su autor, y cuenta una profunda, bella y rebelde historia de adolescentes (¡quién esté pensando en El guardián entre el centeno o en Jakob Von Gutten o... que levante la mano! Acertaron: hay que colocarlas juntas en la biblioteca, junto a otras cuantas, claro). La novela tiene incluso una página web dedicada por entero a ella.

Al sur de Verdum, el 22 de septiembre de 1914, el teniente Fournier desapareció junto a otros veinte compañeros. Hasta 1991 no se encontró su cuerpo, en una fosa común, donde les habían enterrado los soldados alemanes que les mataron. Apenas un año antes El gran Meaulnes había sido publicada y había llegado incluso a quedar finalista del premio Goncourt. A aquel joven le había dado a tiempo a escribir y a vivir, pues la historia que cuenta la novela tiene, al parecer, mucho de autobiográfico, pero pasado por un cedazo literario espectacular. No les voy a contar la trama, pero si, cuando la acaben, leen la introducción de esta nueva edición, a cargo de José María Valverde, o vistan la página web indicada más arriba, podrán comprobar lo que les digo. El personaje de Agustin Meaulnes será, pues, una mezcla del propio autor y de Jacques Rivière, otro escritor, que fue amigo suyo y marido de su hermana, Isabelle, a quien le está dedicada la novela...

En 189..., cuenta el narrador y amigo de Meaulnes, François Seurel, el primero llega, para quedarse, a la casa del maestro del pueblo, el padre de François. La amistad de los dos adolescentes y los sueños de Meaulnes determinan una historia que tiene mucho de idílico y bastante de rebeldía ante la realidad. Hay aquí aprendizaje de lo que es el mundo; hay decepciones; hay amores; hay violencia juvenil; hay desesperación; hay marginalidad; hay naturaleza; hay muerte y hay vida; hay mujeres... ¿Hacen falta más elementos para una gran novela? Sí, una escritura cautivadora, por ejemplo. Pues aquí también se encuentra bastante de eso.

¿Hace falta decir más? Pues únicamente que El Gran Meaulnes, de Alain-Fournier, está publicada por Mondadori, con la traducción de Pilar Gefaell y el prólogo de José María Valverde.

eaguirre@divertinajes.com
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