1 de noviembre de 2004


Un toque de magia

El encabezamiento del correo electrónico decía: "Algo más sobre Isidoro Blaisten". Hacía apenas unos días que yo había dejado en esta página, algunos de ustedes lo recordarán, una Errata hablando de ese escritor argentino, Isidoro Blaisten, fallecido semanas atrás. La remitente se llamaba Graciela Melgarejo (un nombre que me resultaba desconocido), y el texto del mensaje era el siguiente:

"Estimado Evaristo Aguirre: Anoche en Internet, encontré su artículo sobre Isidoro Blaisten en Errata. Ocurre que soy la mujer de Isidoro. Mi nombre es Graciela Melgarejo. Leer su nota, escrita con tanta sinceridad y buena onda, me conmovió mucho. Si a usted le parece bien, me gustaría [...] enviarle un ejemplar de Voces en la noche, que además de ser el último libro de Isidoro y su única novela es muy interesante y está recogiendo muy buenas críticas aquí en la Argentina..."

Parece el principio de una novela de Paul Auster, con la diferencia de que, en este caso, no había confusión de identidad, como ocurre en la primera historia de La trilogía de Nueva York: el Evaristo Aguirre al que se dirigía la remitente del correo electrónico era -es- el mismo Evaristo Aguirre que lo recibió. Y ese Evaristo se conmovió.

Y me conmoví al pensar en una mujer que lee algo que alguien ha escrito sobre su marido, muerto hace poco; al imaginar qué efecto pueden producir unas cuantas palabras mejor o peor hilvanadas; al confirmar que, al otro lado de no sé muy bien qué, hay lectores.

Por supuesto que acepté ese impagable regalo. Impagable porque, aunque casi cualquier libro está al alcance de nuestras manos (y más ahora, mediante todo clase de comercios electrónicos), me sigue pareciendo que un libro es uno de los más insuperables regalos: cuando alguien te ofrece una historia porque le ha gustado hasta el punto de querer compartirla contigo; cuando alguien te brinda un texto que él ha escrito; cuando, como fue el caso, una mujer te quiere hacer llegar la obra de su marido. En el intercambio de correos, hubo alguna coincidencia mágica más, que no vienen al caso. De lo que sí quiero dejar constancia es de que, de vez en cuando, tenemos la suerte de que la literatura nos sirva para establecer relaciones con nuestros semejantes, y, como ya he dicho en estos artículos alguna vez, un libro lleva a otro libro, lo que me da pie a recordarles una novela de la que ya escribí en una Errata, 84, Charing Cross Road, que tiene algo que ver con toda esta historia.

Y tuve, al fin, en mis manos Voces en la noche (Seix Barral Argentina), que llegó acompañado de otro volumen de cuentos (de estupendos cuentos) titulado Al acecho. Y me enfrasqué en la lectura de la novela. Y me encontré con un muy buen libro que cuenta una historia diferente, una historia que demuestra, con ironía y cierta sorna, el amor por la literatura de Isidoro Blaisten. Como en todo amor, hay en la idea de partida de Voces en la noche un cierto temor ante la posible pérdida de lo amado. Sin desentrañar la trama más de lo aconsejable, les contaré algo: un vendedor de camisones oye unas voces que le alertan de la existencia de un desconocido que puede acabar con la literatura mediante la enseñanza sibilina de lo peor de la creación literaria (pedantería, lugares comunes, estulticia) a personas que escriben o intentan escribir y que alardearán de sus pobres ideas e intentarán imponérselas a los demás, a los simples lectores que, como el vendedor de camisones, respetan a los libros y disfrutan y aprenden con lo que éstos contienen. En un ambiente a ratos mágico, a ratos realista, se desarrolla esta fábula, por la que desfilan algunos personajes que, en su estupidez o en su atrevida inocencia o en su descarada ignorancia nos recuerdan a algún crítico que perdona vidas, a algún conocido que cree saberlo todo, a algún escritor que se siente más allá del bien y del mal.

Por mediación de un correo electrónico, puedo disfrutar del conocimiento de una gran novela y de un puñado de excelentes cuentos.

Gracias Graciela; y gracias Isidoro.




eaguirre@divertinajes.com
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