13 de septiembre de 2004

En la propia vida

Fue César González-Ruano –periodista y novelista que hizo carrera desde los años treinta a finales de los cincuenta del siglo XX– quien escribió: “Lo que no es autobiografía es plagio” –creo que parafraseando a Eugenio D’Ors que había dicho antes: “Lo que no es tradición es plagio”–. Desde hace un par de años, Anagrama está publicando en España las novelas de John Fante (1909-1983). Están disponibles, hasta ahora, cinco, de la decena que escribió.

En las cinco novelas, el protagonista es un alter ego evidentísimo de Fante: Arturo Bandini en cuatro ocasiones; Henry Molise en la última publicada, La hermandad de la uva. Así, podemos hacernos una idea de qué vida llevó el autor mediante la lectura, aunque no hay que tomarse todo al pie de la letra, pues hay cosas que se corresponden con la realidad y otras que son pura literatura: lo que cuenta es la atmósfera, los sentimientos. Se trata de un caso de uso continuado de la propia vida del escritor en cada una de las tramas literarias. Si tenía razón González-Ruano, aquí hay de todo menos plagio.

En Espera a la primavera, Bandini (la primera novela publicada de Fante, en 1938), Arturo Bandini es un adolescente, hijo de inmigrantes italianos de baja clase social –el padre es albañil–, que está cabreado con el mundo, que sueña con ser escritor y que quiere largarse del pueblo de Colorado en donde vive. Son los años posteriores a la Gran Depresión de 1929. Camino de Los Ángeles fue el primer libro que Fante escribió e intentó publicar. Se lo rechazaron y quedó olvidado hasta después de su muerte, cuando al fin vio la luz, en 1985. Vuelve a aparecer aquí Bandini, con 18 años: vive con su madre y su hermana –no importa que no haya concordancia entre una novela y otra, pues no parece que la intención de Fante fuera crear una serie ni nada parecido: son historias absolutamente independientes–; trabaja en una fábrica de conservas; es aspirante a escritor; lee, sin entender, a Nietzsche y otros filósofos alemanes. En la década de los treinta, escribió y publicó Pregúntale al viento, en la cual nos encontramos con un Arturo Bandini que vive en Los Ángeles, que está empezando a publicar, pero que se encuentra en lo más bajo de la escala literaria. Mantiene una violenta y anormal relación sentimental con una inmigrante mexicana: las mujeres siempre tienen un papel extraño en las novelas de Fante, en las cuales la vida no es fácil, y lo percibimos en cada línea. Nunca un momento bueno, la alegría o cosas parecidas duran lo suficiente.

Sueños de Bunker Hill está escrita en los años setenta y muestra a un Arturo Bandini que intenta hacerse un hueco entre los guionistas del Hollywood de los años cincuenta. Allí había estado Fante, y de eso debió de vivir, pues durante su vida su literatura no tuvo éxito alguno en Estados Unidos. Y aún ahora, son Francia e Italia los países donde la escritura cruda, desprejuiciada –y predecesora de eso que se ha llamado Realismo Sucio– de John Fante tiene más seguidores. De hecho –por lo del Realismo Sucio–, fue Charles Bukowski quien, a principios de los años ochenta, llamó la atención sobre este autor y su obra, cuando descubrió sus viejos libros en una biblioteca pública que frecuentaba en sus tiempos de vagabundo y borrachuzo.

La hermandad de la uva se publicó en 1977. No es Arturo Bandini sino Henry Molise, un escritor profesional y guionista cinematográfico, quien regresa al pueblo de su infancia para ver a sus padres que, ancianos, amenazan con separarse, a pesar de lo italianamente católica que es la madre. Allí, se enfrenta con una propuesta de su padre (albañil, bebedor, díscolo) que le hará replantearse muchas cosas... Pero como siempre en la obra de Fante sin ningún respeto por nada ni por nadie, con una sucesión de sentimientos casi siempre contradictorios entre ellos, casi siempre equivocados, a menudo bastardos. Hay en estas novelas irreverencia, una actitud nihilista, un vocabulario siempre poco apropiado. Forzando un poco el adjetivo, John Fante fue un punk; pero un punk en los años treinta. Y eso sí que es adelantarse a los tiempos.





eaguirre@divertinajes.com
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