30 de agosto de 2004

De bibliotecas (y III): Relleno

Ojo, utilizo la palabra relleno sin connotación despectiva alguna. La idea es que toda biblioteca, desde la nacional de cualquier país hasta la particular de cualquier fulano, pasando por una municipal, una escolar o una ambulante, resulta siempre incompleta. En las nuestras, en las que tenemos en casa, lo sentimos mucho más: falta esa obra imprescindible de la literatura occidental, o aquella novela que marcó el estilo narrativo de ese escritor, ya consagrado... Eso sin hablar de los libros prestados y nunca devueltos.

Christiane Zschirnt (Bremen, 1965) es una señorita alemana, filóloga y todas esas cosas, que ha escrito un ensayo ambicioso -fíjense si no en el título: Libros. Todo lo que hay que leer (Taurus)-, pero con su puntito de utilidad. La pretensión es enseñar o recordar o sugerir cuáles son los textos fundamentales de la historia de Occidente, esas que todo aquel que aspire a ser considerado culto debe conocer (y conocer quiere decir leer ¡eh!, no solo saber el nombre, el autor o, incluso, tenerlos en casa).

A primera vista, nadie prefiere conducir un coche malo que uno de lujo; nadie opta por vivir en un sótano si puede hacerlo en una casa grande y confortable. En estos casos, la casi única excusa es que no se tiene el dinero suficiente. Pero en la actualidad, cuesta lo mismo (o menos) uno de los tomos de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, o la poesía completa de François Villon (en la ilustración) -hay una edición de Pre-Textos: El legado y El testamento-, que cualquier novelilla de esas que están de moda. Y sin embargo, todos sabemos quién vende más. Así que en esto de la literatura no valen excusas.

Christiane Zschirnt expone su selección en una serie de apartados que paso a enumerar: Obras que describen el mundo; Amor; Política; Sexo; Economía; Mujeres; Civilización; Psique; Shakespeare; Modernos; Clásicos triviales; Libros de culto; Utopía; Clásicos escolares; Niños. Y dentro de cada apartado Mark Twain, Jorge Luis Borges (en la foto), George Orwell, Virginia Woolf; Giovanni Boccaccio, Miguel de Cervantes, Hermann Melville... Y muchos otros. La utilidad del libro, según lo veo, consiste en ponernos delante de las narizotas la prueba de que hay un montón de obras que no hemos leído, aun cuando nos las damos de listillos y somos de esos a los que nuestros amigos llaman desde la librería el día antes de vacaciones para preguntarnos qué se compran.

Porque da un poco de vergüenza admitir en público que uno no le ha hincado el diente (ni lo ha intentado, que a veces es una buena coartada) a Fausto (Goethe), a El segundo sexo (Beauvoir), a Tristan Shandy (Sterne, en la foto) o a El hombre sin atributos (Musil). O lo que es peor, que uno no sabía ni siquiera de la existencia de un tal Theodor Fontane, que escribió una novela titulada Effi Briest. Más allá de que las notas de cada obra sean mejores o peores -y aquí todos tenemos opinión, pues cuando se ha leído un libro se llega a creer, y eso es bueno, que el mejor punto de vista sobre él es el propio- o de que en la selección falten referencias (demasiado europea para mí), conviene echarle un ojo a esta lista y rellenar lagunas (y huecos de la biblioteca).



eaguirre@divertinajes.com
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