26 de julio de 2004

Eso de mojarse

Siempre son los demás quienes se mojan mal, quienes se equivocan. Pero conviene leer con cierta humildad los juicios ajenos, para intentar que los propios sean un poco más equilibrados o, al menos, sensatos. Voy a hablar de un libro descatalogado, a pesar de que fue editado en 1990 (no parece tanto tiempo), pero que si les interesa quizá encuentren en algún saldo, puesto de libro de viejo o en la biblioteca de un amigo. ¡Que no todo va a ser tan fácil como llegar a la librería y salir con el volumen bajo el brazo, hombre! Se titula El ojo crítico, y su responsable es el editor Constantino Bertolo, quien acaba de poner en marcha, por cierto, una colección de literatura que pretende ser de vanguardia llamada Caballo de Troya (según vayamos conociendo lo que publica les iremos informando, por supuesto). He escrito responsable, y no autor, pues el libro es una recopilación de extractos de críticas y de opiniones sobre diversas obras y escritores a lo largo del tiempo. La empresa que lo publicó fue Ediciones B (escríbanles pidiendo la reedición de este libro... Si les interesa, claro).

En el diario San Francisco Examiner (1889) rechazaron la colaboración de un tal Rudyard Kipling (en la imagen de la derecha) en estos términos: "Lo siento, Mr. Kipling, pero, sencillamente, no sabe cómo utilizar el lenguaje". Con un par. No hace falta que recordemos If o El libro de la selva, ¿no? En 1856, un tipo de nombre Eugène Poitou, escribió en la Revue des Deux Mondes: "Muestra poca imaginación en la ficción, al crear los personajes y la trama y al describir la pasión... El lugar de Honoré de Balzac en la literatura francesa nunca será importante ni encumbrado". ¡Oooooolé! Pero los hay listos que también patinan con un garbo digno de una bailarina de cabaret. El mismísimo Émile Zola dio su parecer respecto a Las flores del mal, del poeta Charles Baudelaire: "Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa solo mencionarán esta obra como una curiosidad". ¿Celos artísticos o dotes proféticas un poco torcidas? Otro nombre que suena bastante es el de Lord Byron, quien, en una carta en 1814 dirigida a James Hogg, se despachaba a gusto con un chaval que había escrito, muchos años atrás, alguna obra de teatro: "El nombre de Shakespeare, pueden estar seguros, está colocado absurdamente alto y tendrá que bajar. No tenía imaginación para sus historias, ninguna en absoluto. Tomó todas sus tramas de novelas antiguas y montó historias en forma teatral, con tan poco esfuerzo como el que usted y yo necesitaríamos para volver a escribirlas en forma de historias en prosa".

Cuando en 1951 se publicó El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, el New York Herald Tribune Book Review sentenció: "Las recientes novelas sobre la guerra nos han acostumbrado a imágenes y palabras desagradables pero, en boca de los más jóvenes y protegidos, nos parecen especialmente ofensivas... el oído las rechaza". Otra famosa, Virginia Woolf, escribe en su diario sobre la no menos famosa Ulises, de James Joyce: "Acabé Ulises y me parece un fracaso... El libro es difuso. Es salobre. Pretencioso. Vulgar, no solo en el sentido común sino también en el literario. Quiero decir que un escritor de primera línea respeta demasiado el acto de escribir para permitirse hacer trampas".

1949. En Nueva York se representó Tío Vania, de Anton Chéjov (en la foto de la izquierda), y el crítico del Journal American, Robert Garland, espetó: "Si me preguntasen de qué trata Tío Vania, diría que de lo máximo que puedo soportar". Para qué vamos a andarnos con tonterías, ¿verdad?. A veces, no es el hecho de que no guste esta novela o aquellos poemas lo que más llama la atención, sino el desparpajo y la simplicidad con que se ventilan los juicios. Parece algo así como "No me gusta porque no". Alguien que trabajaba en The Odessa Courrier debió de leerse Ana Karenina, de Lev Tolstoi, y sacó sus conclusiones: "Basura sentimental... Muéstrenme una sola página que contenga una idea". Decía Harry el sucio, el duro personaje cinematográfico encarnado por Clint Eastwood, algo parecido a esto: "Lo malo de las opiniones es que son como los culos: todo el mundo tiene uno". Fijénse en Lope de Vega, tan admirado él, y en lo poco que le gustó El Quijote, de Cervantes. En este libro de Constantino Bertolo aparecen dos menciones, fechadas en 1609, del conocido como Fénix de los ingenios sobre la considerada gran obra literaria en español de todos los tiempos. Primero, unos versitos:

"Y ese tu don Quijote baladí / De culo en culo por el mundo va / Vendiendo especias y azafrán romí / Y al fin en muladares parará".

Después, en prosa: "De poetas, no digo: buen siglo es éste. Muchos en ciernes para el año que viene pero ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a Don Quijote".

 

 

 

eaguirre@divertinajes.com
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