12 de julio de 2004

Una de asesinatos... buena

El otro día me encontré, en el blog del periodista Arcadi Espada, con una cita de Stephen Vizinczey (Hungría, 1933), autor, por ejemplo, de una conocida novela de tintes eróticos titulada En brazos de la mujer madura (hay una edición en español en Seix Barral). La cita es esta: “Hay dos clases básicas de literatura. Una te ayuda a comprender, la otra te ayuda a olvidar. La primera te ayuda a ser una persona libre y un ciudadano libre, la segunda ayuda a la gente a manipularte. Una es como la astronomía, la otra es como la astrología. Lo malo de esta analogía es que la diferencia entre la astronomía y la astrología, entre la ciencia y el abracadabra, es clara como el cristal para la mayoría de la gente, mientras que la diferencia entre verdadera literatura y falsa literatura no lo es. La adulación, las mentiras piadosas, los fingimientos, las falsas ilusiones, los autoengaños, se toman constantemente por la gran literatura, mientras las más de las veces la gran literatura es atacada, despreciada y suprimida”.

La frase me llevó a pensar en los libros que solemos leer y, sobre todo, en los libros que suelo traer a esta Errata. He leído otras formas de expresar una idea similar a la de Vizinczey, como esa que determina la grandeza de una obra literaria en función de que, tras pasar por ella, "cambie la vida" del lector. Otra manera de decirlo sería cambiar lo de la literatura "que te ayuda a comprender" por la que intenta explicar la vida, y lo de la que "te ayuda a olvidar" por la que tiende a entretener. Así, hay grados, hay novelas que tienden a ayudar a comprender un poco más que otras; algunas que explican y entretienen; otras que entretienen (y nos pueden gustar) pero cuyas explicaciones sobre la vida dejan bastante que desear; aquellas que entretienen tanto, tanto que son un verdadero coñazo...

¿Por qué este rollo? Pues porque me ocurre a veces que termino un libro que me ha gustado (queme ha gustado mucho) y no estoy seguro de si me encuentro ante una gran obra, una obra normal o, incluso, una obra prescindible. ¿Cuántas películas, por ejemplo, te tragas ante la televisión en las que te ríes, te lo pasas bien y te gustan, pero sabes que son un auténtico bodrio desde la mayor parte de los puntos de vista desde la que pretendas juzgarla? O ese disco de una cantante de jazz, que te suena estupendamente, que escuchas y escuchas, pero eres consciente de que tiene escaso valor, pues se limita a copiar, a recrear, una forma de cantar y de interpretar y de arreglar sus canciones que ya inventaron otros y que está más que superado. Hace un rato he llegado al final de Los crímenes de Oxford (Destino), de un escritor argentino (Bahía Blanca, 1962) llamado Guillermo Martínez. La novela cuenta la llegada de un estudiante de matemáticas argentino a Oxford, en el Reino Unido, quien se ve envuelto en unos asesinatos en serie, presentados por el asesino como un enigama matemático.

Pues bien, me lo he pasado estupendamente leyéndola, me ha enganchado, he quedado atrapado por la trama, me ha enseñado cosas sobre las matemáticas, me he encontrado con un par de personajes de ficción interesantes y con uno real, que había visto en la televisión, impecablemente presentado y utilizado en la peripecia (el mago manco argentino René Lavand). ¿Me ha cambiado la vida? Pues quizá no mucho, pero estoy seguro de que a partir de ahora me acordaré de este libro. Además, sí que me ha explicado algo sobre la vida, ofreciéndome otro punto de vista... ¿Será un libro perdurable, o no? Yo creo que sí.

Este Los crímenes de Oxford recibió en Argentina el Premio Planeta. ¿Qué pasa, que allí este premio se lo dan a literatura de verdad? Vamos a tener que protestar... La primera novela que Guillermo Martínez publicó en España, Acerca de Roderer (Plaza & Janés, 1996): Roderer es un personaje oscuro, inteligente que llega a un pueblo y se mete en la vida de una pareja de hermanos, en una historia de búsqueda de superación intelectual, de apasionada entrega a algo, tan característico de la juventud, pues los personajes apenas salen de la adolescencia. También hay publicado en España un libro de cuentos, Infierno grande, y otra novela, La mujer del maestro (Destino).

 

 

 

eaguirre@divertinajes.com
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