24 de mayo de 2004

Poesía made in Loewe

Expresó en una ocasión el poeta Carlos Marzal (Valencia, 1961) que aspira a escribir bien y a tratar de ser claro. Parece una buena invitación a leer sus versos, por los cuales, en concreto por el libro Fuera de mí (Visor), ganó el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, sí Loewe, la elitista marca de moda. Es curioso (o quizá no lo sea en absoluto) que una empresa de carísimos productos patrocine un género literario que rara vez consigue vender más de mil ejemplares. No importa, el caso es que este premio, que ya ha llegado a su decimosexta edición, ha galardonado a escritores de indudable interés como Felipe Benítez Reyes, Juan Luis Panero, Luis García Montero, César Simón, Lorenzo Oliván, Vicente Gallego... Este último, Vicente Gallego, fue objeto de especial atención en la prensa a raíz de obtener este premio. Curioso, ¿verdad? El caso es que se habló poco de sus poemas, lo que llamó la atención es que Vicente trabajaba en las oficinas de un vertedero.

Carlos Marzal no trabaja en un vertedero, por lo que tendremos menos posibilidades de leer una entrevista con él en los medios de información más consultados, así que desde esta Errata se lo vamos a presentar. Ya hemos aludido a su fecha de nacimiento, 1961. En estos años de vida, Marzal ha publicado cuatro libros de poemas, y todos ellos contaron con una buena acogida por parte de los lectores habituales de poesía que, en España al menos, suelen ser en abrumadora mayoría los otros poetas, sus contemporáneos. Cuenta con los premios nacionales de la Crítica y de Poesía, en 2002. El último de la fiesta (1987) y La vida de frontera (1991) aparecieron en la editorial sevillana Renacimiento; Los países nocturnos (1996) y Metales pesados (2001), en Tusquets. Y, que nos interese en este rincón, poco más. Les voy a dejar con un poema, como aperitivo, por si les tienta acercarse al libro.

"Decorum"

"¿Y si el vivir no fuera tan distinto
a una pared desnuda,
a una madera ajada,
a aquel objeto al que otorgar su espacio?

¿Y si no fuese más que esta tarea
de encontrarnos decoro,
dignidad a un destino,
un poco de belleza en que ampararnos,
bajo un techo con paz que nos acoja?

¿Y si el pensar no fuera diferente
a este limpio trabajo de concierto
entre las meras cosas y el espíritu,
a este deber menor de hallar un ámbito
propicio al corazón, entre las cosas?

Con simpatía por lo desvestido,
con el apego pulcro hacia lo pulcro,
la vida mueble se nos rinde amiga.

Lo delicado todo
nos honra y nos regala.
Lo bello verdadero
es nuestro bienestar y nos conforta.

Cuando nos remontamos desde el vértice,
cualquier ocupación llega a su música.

Y no hay afán inútil
para el único afán de ser felices.”


eaguirre@divertinajes.com
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