10 de mayo de 2004

Conocer a Miguel Labordeta

La Guerra Civil y la dictadura franquista no fueron los mejores escenarios para vivir una juventud en condiciones, sobre todo si se trataba de un hombre con aspiraciones poéticas y amor por la libertad. No obstante, la adaptación al medio es una de las características del ser humano. Así, Miguel Labordeta (Zaragoza, 1921-1969) sobrevivió en la cerrada sociedad zaragozana que le tocó sufrir y consiguió escribir ¡y publicar! unos cuentos libros de poemas, hoy difíciles de encontrar, pero que suponen un testimonio fundamental de la literatura y de la vida de unos años que ahora nos parecen lejanísimos, pero que, desgraciadamente, no lo son tanto. Y ha tenido que ser un tipo que aún no ha llegado a cumplir los treinta años, el periodista Antonio Ibáñez Izquierdo (Lérida, 1976), el encargado de rescatar de un cierto olvido la figura de Miguel Labordeta en el libro Poeta violento idílico, publicado por la Biblioteca Aragonesa de Cultura).

Sí, efectivamente, este Labordeta era hermano (el mayor, para más señas) del cantautor y actual diputado José Antonio Labordeta. Y este Labordeta, Miguel, tiene ese aura de malditismo que tanto nos gusta cuando de un escritor francés o estadounidense se trata, pero que maldita la gracia que nos hace cuando el sujeto nació en el erial ibérico, sobre todo si vivió durante los oscuros años a los que ya nos hemos referido.

Hay un poema de Miguel que tiene su origen en una lectura radiofónica, allá por 1952. El texto se llama Un hombre de treinta años pide la palabra, y estos son algunos de sus versos: "(...) Vengo a hablar en nombre de los que tiene treinta años / de los que desde la cumbre de su juventud perdida / contempla los restos del humano naufragio y del desorden del mundo / y en nombre de sus traiciones muertas yo os acuso". ¿Podrían ser las palabras de uno de estos antiglobalizadores con pelo a lo rasta que se manifiestan en las diferentes ciudades del mundo occidental reclamando que "otro mundo es posible"? Pues sí. Y también algo de lo que sigue: "A vosotros: los violentos, los idealistas de la muerte / los que sumísteis al mundo en un fragor de horrores / creyendo crear un nuevo sol con vuestra pobre bola de sebo: / en nombre de mi generación yo os acuso (...). / Por todo yo protesto. Yo os denuncio. Yo os acuso".

Insisto. Llama la atención que sea un tío joven quien se haya encargado de recordarnos la existencia de un escritor como este; que un tío que nació cuando Franco ya estaba enterrado y bien enterrado parece que comprende mejor que otros los sueños y los deseos de otro tío que podría haber sido su abuelo. Miguel Labordeta vivió en una ciudad de provincias, "gusanera" la llamaba, cuyo ambiente, cuya sociedad le estropearon, por ejemplo, su única historia de amor o le afearon sus ganas de publicar poesía (su padre escondió unas cuantas cajas con ejemplares de su primer poemario para que al niño se le olvidaran semejantes veleidades). Las clases -heterodoxas- en el colegio de la familia, el fútbol, una tertulia, unos cuantos amigotes y... sus poetas chinos o algún viaje al extranjero (Lourdes o el Vaticano) para escapar a la axfisia franquista fueron la vida de Miguel, quien murió, de repente. No les voy a contar más: lean esta estupenda biografía y busquen algunos de los libros de Labordeta: Sumido 25, Violento idílico, Los soliloquios... Merece la pena, para descubrir a un escritor que estaba convencido de que le leerían dentro de mil años. Vamos a adelantarnos un tiempecito, ¿no?.

eaguirre@divertinajes.com
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