26 de abril de 2004

Detrás del personaje (II)

La serie que van componiendo las novelas dedicadas a las investigaciones del sargento de la Guardia Civil Bevilacqua y de su ayudante Chamorro (empezó de guardia y ya es cabo) se merecen un espacio propio a la hora de hablar de la obra de Lorenzo Silva, pues sin duda, han sido los libros que le han ayudado a ser conocido por algunos miles más de lectores de lo que sería normal (de lo que desgraciadamente es normal) en un escritor de sus características.

Por ahora, de esta serie existen tres títulos y hay al menos otro en preparación, según ha declarado el escritor hace poco en la prensa: El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente (que le valió a Silva el Premio Nadal en 2000 y, quizá, el despegue definitivo de su carrera literaria) y La niebla y la doncella (las tres publicadas por Destino). Ante estas historias hay que salvar dos obstáculos. El primero es el género... Vaaaaaaale, sé que no es un obstáculo para la mayoría, pero sí para mí, pues, en general, no me gustan las novelas policiacas, y desconozco casi todas las claves de este género literario, de forma que, en las líneas que siguen, no esperen ninguna opinión inteligente a este respecto. Aunque quienes me vengan siguiendo un poco ya saben que inteligente, lo que se dice inteligente, en esta Errata... El segundo obstáculo es lo rimbombante de los títulos. Es cierto que cuando se leen las novelas quedan plenamente justificados, pero la primera impresión es un poco rara. No obstante háganme caso y salten, ágiles como ustedes son, ambos obstáculos.

Sobre el género negro o policiaco sí sé una cosa: no conviene contar mucho de la trama, pues las pistas falsas, los giros de la acción y las caras ocultas de los personajes resultan fundamentales. En la entrega anterior, al describir cómo es ése personaje que, con diversos ropajes, protagoniza las novelas de Lorenzo Silva, me guardé, adrede, una de sus señas de identidad. Y lo hice porque esa peculiaridad, encarnada en un miembro de la Guardia Civil, resulta más llamativa, incluso chocante. Se trata de una falta de respeto absoluta por el poder. Cuando digo "falta de respeto" no me refiero a que este sargento, o cualquiera de quienes habitan el resto de novelas de Silva, sean unos punkis gamberretes que hacen pintadas, se cuelan en el metro y mean en las tapias. No. Esta falta de respeto es, fundamentalmente, un gran escepticismo mezclado con la experiencia vital suficiente para saber que todo en esta vida -en especial lo relacionado con las jerarquías y la organización de la sociedad- es mentira.

El sargento Bevilacqua ha resuelto hasta el momento tres crímenes (uno en Mallorca, otro en Guadalajara y un tercero en La Gomera: siempre fuera de las áreas urbanas, claro, pues es allí donde está la jurisdicción de los conocidos, no de forma muy cariñosa, como picoletos). En los tres, el poder está presente, ya sea en la forma de un hombre rico, de una gran empresa, de lo que sea, porque, además, qué hace quien asesina a un semejante sino ejercer un aberrante poder. En cualquier caso, no digo que el poder esté detrás de la comisión de los crímenes, sino que planea sobre ellos, y en muchas ocasiones Bevilacqua (si quieran saber el porqué de tan sonoro apellido, lean, por favor, las novelas) tiene que saltar, él también, ese obstáculo, más alto de lo normal, pues en un cuerpo policial con caracterísiticas militares como es la Guardia Civil el respeto y la obediencia se suponen... y se exigen.

No quiero contarles más de estos libros. Me da la sensación de que un tipo como Bevilacqua, con lo poquito que les he contado, les tiene que resultar atractivo. A mí (si a alguien le interesa) me sedujo en la primer y me ha confirmado esa seducción en las siguientes. Y no me olvido de su ayudante, la joven Chamorro.



eaguirre@divertinajes.com
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