19 de abril de 2004

Detrás del personaje (I)

Ya se puede comprar la última novela de Lorenzo Silva, Carta blanca (Espasa), que ha ganado un bien dotado premio literario hace unas semanas. La Legión durante la guerra de Marruecos en los años veinte y la Guerra Civil de 1936-1939 enmarcan la trama, y allí se desenvuelve el héroe de la historia. Es un personaje que responde a la perfección a un modelo que casi todos los protagonistas de los libros de Silva cumplen, en mayor o menor grado... Vamos a repasar la obra de este escritor.

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) era, a mediados de los años noventa, un joven abogado que trabajaba para una importante empresa, pero, como sus personajes, era más que un abogado. Silva escribía. Y publicó, en 1995 y en 1996, dos novelas: Noviembre sin violetas y La sustancia interior; ambas en dos editoriales pequeñas (Libertarias y Huerga & Fierro, respectivamente), con escasas posibilidades de llegar a un número considerable de lectores. La primera tiene tintes policiacos, la segundo históricos, pero en los dos casos decir eso se queda corto. La sustancia interior -que en 1999 se volvió a publicar, revisada, en Destino- cuenta la llegada de un hombre a una catedral en construcción. Creo recordar que no hay indicaciones sobre cuándo o dónde trasncurre la peripecia, pero precisamente eso la convierte en una gran metáfora sobre el hombre frente al poder. Ya aquí, el protagonista, Bálder, empieza a dibujar lo que con el tiempo se convertirá en el Personaje Silva, en este caso, extranjero, en la más amplia acepción de la palabra.

Al año siguiente, 1997, el nombre de Silva, un auténtico desconocido (no sé si la prensa le dedicó espacio alguno a las novelas citadas), apareción vinculado al Premio Nadal, uno de esos galardones que, mal que bien -sobre todo en los últimos tiempos- está consiguiendo mantener un cierto prestigio. Silva quedó finalista con La flaqueza del bolchevique (Destino), título que debe de sonar bastante a causa de una reciente versión cinematográfica. Un hombre de unos treinta y algo años se ve arrastrado a una relación de admiración por una niña de quince. Sí, ya sé lo que están pensando, pero olvídenlo, esto no tiene nada que ver con las ninfas seductoras que todos conocemos, esto tiene que ver con el desarrollo de un personaje urbano, descontento con su ambiente, quizá incluso con su vida, el cual ahonda en la característica de "extranjero" (aquí sin connotaciones geográficas, sino éticas) del protagonista de La sustancia interior.

Me voy a saltar el orden cronológico, pues a La flaqueza, le siguieron otras novelas que tienen un hilo común: El ángel oculto (Destino), El urinario (Pre-Textos) y La isla del fin de la suerte (Círculo de Lectores). En las tres volvemos a encontrarnos con ese tipo, en diferentes variantes, en diferentes actitudes, en diferentes situaciones, pero sigue habiendo un cierta dosis de "extranjero", junto a otras peculiaridades como "solitario", "buscador de una meta", "sensato" (a veces innecesariamente) e "imperfecto". Ésta es una de las más interesantes, pues Silva no suele tender a salvar a sus protagonistas. Pueden quedar mejor o peor parados, pero siempre cometen algún error que evita que entren en la categoría de "personaje perfecto".

De las tres obras, quizá El ángel oculto sea la menos lograda (para mí, es el peor libro de Lorenzo Silva), frente a una impecable El urinario. Es cuestión de gustos, ya sé. Ambas transcurren en ambientes urbanos, están muy ligadas al mundo de las empresas, visto con una ironía y con un desapego indisimulables. La isla del fin de la suerte es diferente. Tiene trazas de novela de misterio y su proceso de elaboración respondió a un experimento. Desde la página web del Círculo de Lectores, el autor escribía un capítulo y daba varias opciones para que continuase la trama; lo lectores iban eligiendo y el escritor cumpliendo. Más allá de los giros y cambios de la narración, los personajes provienen de vidas urbanas, contemporáneas y similares a las nuestras. Simplemente, se encuentran en un lugar extraño, una isla, y allí los distintos estereotipos sociales quedan mucho más al descubierto que cuando son presentados en sus entornos habituales.

Después, la carrera literaria de Silva tomó un desvío, al crear una pareja de la Guardia Civil, el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, protagonistas de tres interesantes libros: El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente -con la que obtuvo el Premio Nadal en 2000, y también llevada al cine- y La niebla y la doncella (las tres en Destino). Pero, si ustedes me lo permiten, de esta serie les hablaré la semana que viene. Solo les adelanto que también estos dos personajes responden al patrón que estamos delimitando.

En El nombre de los nuestros (Destino), Lorenzo Silva cambia otra vez de registro temático, que no ético, pues aunque esta novela transcurre en el verano de 1921, en Marruecos, en plena guerra colonial española, las preocupaciones morales y vitales de los protagonistas tienen indudables vínculos con los del resto de novelas. Esto no desmerece en absoluto la capacidad de evocación de un tiempo y un lugar que tiene el libro. Al contrario, la conexión de ideas y sentimientos con el presente doto a la obra de un atractivo especial.

Silva ha escrito cuatro novelas para adolescentes (Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia; El cazador del desierto; La lluvia de París y Los amores lunáticos, todos en Anaya), un ensayo sobre literatura de viajes, tambiés destinado a unos lectores más jóvenes (Viajes escritos y escritores viajeros, Anaya), un libro de viajes (Del Rif al Yebala, Destino), un cuento para niños (Laura y el corazón de las cosas, Destino) y un volumen de relatos (El déspota adolescente, Destino).

He destacado, es verdad, la habilidad en la creación del personaje por parte de Lorenzo Silva, pero si alguna virtud literaria hay que destacar por encima de todas es la de saber contar buenas historias. Estos personajes, en la ciudad o en la guerra, adultos o adolescentes, hombre o mujeres, en el presente o en el pasado, no tendrían mayor trascendencia e interés para el lector si no estuvieran -como lo están- viviendo en historias muy bien contadas. Continuará...

eaguirre@divertinajes.com
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