5 de abril de 2004

Qué hubo güey

Con una novela y un libro de cuentos, acaba de aterrizar en España un tal Guillermo Fadanelli (Ciudad de México, 1963), de profesión escritor. Publicados por Anagrama, la novela se titula La otra cara de Rock Hudson; Compraré un rifle, los cuentos.

Las vidas de un delincuente de barrio y de un chaval del vecindario se van cruzando; cada uno de ellos con su moral, con su manera de ver la vida. Entre la suciedad de hoteles de cuarta, familias tristes y amigos desencantados, La otra cara de Rock Hudson es una historia donde no hay buenos y malos –pues todos son un poco de ambas cosas–, donde no hay futuro –pues todos viven con un ojo en el presente y el otro, si acaso, en el pasado– y donde la esperanza se limita a la mera supervivencia. La prosa de Fadanelli está todo el tiempo a punto de jorobarla. Me explico: a menudo a lo largo del texto, hay frases que amenazan con tomar el derrotero de la copia de las películas estadounidenses, ya me entienden, ese tonillo tarantiniano, que no es malo en sí mismo, sino que suele ser el preludio de historias más bien huecas, que emulan tipos y estereotipos ajenos, lejanos, carentes de interés la mayor parte de las veces. Pues no, Guillermo Fadanelli parece que amaga, pero, afortunadamente, no llega a caer en esas bobadas.

Y para confirmarlo, Compraré un rifle. Son diecinueve historias cortas, muy cortas. Los protagonistas se nos muestran en un momento determinado de sus vidas y se enfrentan a una situación más o menos inesperada, más o menos inhabitual. Y reaccionan. A veces bien, a veces mal, a veces da igual. Hay en estos textos un regusto... Atención, que nadie se me asuste y deje de leer en este momento, por favor. Decía: hay un regusto a eso que se llamó Realismo Sucio –¿no se acuerdan?: Raymond Carver y otros por el estilo–. Qué se le va a hacer. Pero tiene de ese Realismo Sucio la parte más interesante, aquella que plantea historias de gente normal, que no necesariamente tienen un principio y un final delimitados, en las cuales la peripecia la determina el enfrentamiento entre lo normal y lo extraordinario.

Hace un año, más o menos, otro mexicano chilango –del Distrito Federal– ganó el premio Alfaguara de novela: Xavier Velasco, con Diablo guardián. El libro tuvo algunas críticas malas, pero es, no obstante, una notable novela; vamos, a mí me lo parece. Y viene a cuento porque tiene mucho que ver con el estilo de Fadanelli, y ambos muy poco con la otra corriente de escritores tirando a jóvenes –cada vez menos– que de México llegaron en los últimos tiempos. Me refiero a Jorge Volpi o Ignacio Padilla, abanderados de un grupo conocido como el Crack, que han escrito cosas que no estaban mal...

Pero desde esta Errata, recomendamos más a este Guillermo Fadanelli, a aquel Xavier Velasco. Y de paso –a menudo les recuerdo eso de que un libro lleva a otro libro–, ahí va otra recomendación: también es una novela, también transcurre en la Ciudad de México, también tiene el mismo espíritu urbano y desencantado de lo cuales estamos hablando. La única diferencia es que su autor es algo mayor que los arriba citados. Se trata de Gonzalo Celorio (México, D.F., 1948) y de su espectacular Y retiemble en sus centros la tierra (Tusquets), el viaje, empujado por el alcohol, a través de media docena de calles y de bares y restaurantes y cantinas del centro histórico del Distrito Federal, de un tipo en busca de quién sabe qué.

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir