8 de marzo de 2004

Escritura negra

Inaugura el Museo Reina Sofía, en Madrid, una gran exposición antológica del pintor José Gutiérrez Solana (1886-1945), quien también escribió. Se reedita, además, su obra literaria completa (Fundación SCH).

De su pintura no les voy a hablar, pues en ese empeño sí que corro el riesgo de cometer tremendas Erratas. Solo puede decir que es uno de los pintores del siglo XX español que más me gusta. Vamos que, de tenerlos, les cambiaba a ustedes, sin pensarlo, toda una colección de barcelós o de equipos crónica por un buen gutiérrez solana... Si alguien no recuerda estos cuadros, les he colocado al lado de estas letras las tres obras que de Solana figuran en la colección del Reina Sofía: La tertulia del café Pombo (con Ramón Gómez de la Serna presidiendo), de 1920; La procesión de la muerte, de 1930; La visita del obispo, de 1926.

Con media docena de libros, Gutiérrez Solana tuvo –tiene– una de las voces más originales de la literatura española. Quedó relegado a una cierta segunda fila, lo que ha permitido en los últimos cincuenta años, más o menos, que otros se presentaran ante la mayor parte de los lectores presentando influencias, cuando no copias, de Gutiérrez Solana como rasgos de originalidad. El que más, Camilo José Cela. Alguien habrá leído La colmena o El viaje a la Alcarria, y habrá tomado por genuino estilo de Cela lo que eran hallazgos de este pintor oscuro, irónico y genial. Si ese alguien hubiera leído después una novelita corta de 1926 llamada Florencio Cornejo –una lectura no recomendada, desgraciadamente, en los colegios, institutos o universidades– se habría dado cuento de la fuente de cierto estilo de Don Camilo. Cierto es que Cela nunca ocultó su admiración por Solana.

El caso es que el pintor cántabro publicó, en dos series, una obra titulada Madrid, escenas y costumbres (1913 y 1918), así como La España negra (1920) –hay una edición de 1998 en editorial granadina La Veleta–, Madrid callejero (1923) y Dos pueblos de Castilla (1924). Son textos que presentan la misma visión que de las calles, las putas, los puertos, las procesiones o los carnavales ofrecen sus pinturas y aguafuertes. Solana es descarnado, escéptico y a veces cruel; pero nunca se apea de un acertado sentido del humor y no es capaz de esconder del todo una cierta ternura, pues de otro modo no le dedicaría tanto tiempo, esfuerzo y papel a retratar todas esas cosas: las monjas de Ávila; un entierro en Santander; una corrida de toros en Las Ventas; los peluqueros de la Ronda de Toledo; un pregón de Calatayud; el pobre de Buitrago de Lozoya...

Dice Ramón Gaya –otro pintor y escritor, de quien ya les he hablado en este rincón– que “la pintura de Solana está llena de desaliño, de insensatez, de bajonazos...”. Pues lo mismo ocurre con su literatura: no es raro encontrarse con errores gramaticales, con descuidos, con torpezas, pero da igual: Edith Piaf, Tom Waits o Chavela Vargas no tienen voces cristalinas y preparadas en el conservatorio, pero ¿conmueven o no conmueven cuando cantan? Pues aquí, lo mismo.

Como ya hemos dicho por aquí alguna vez, un libro lleva a otro libro... Así, existe una biografía de este pintor, de no fácil localización, escrita por Ramón Gómez de la Serna.

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir