9 de febrero de 2004

Mucha vida

 

"Ese tenaz grafómano, causante minucioso
de obras de prescindibles oquedades,
tuvo un día la sensación de caer
en un pozo sin fondo.

Mas la suerte
no abandona a los necios: cuando al fin
logró recuperarse estaba en las antípodas.

Allí sigue ejerciendo de escritor al revés".

 

Retrato, 4 se titula este poema, perteneciente a Somos el tiempo que nos queda (Seix-Barral), un volumen que reúne la poesía completa –hasta ahora– de José Manuel Caballero Bonald, de quien hablaré, un poco, en esta Errata.

Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) es un gran novelista, pero dejaremos sus novelas de lado, para centrarnos en el autor que cuenta su vida, tanto a través de sus memorias –Tiempo de guerras perdidas (Anagrama, 1995) y La costumbre de vivir (Alfaguara, 2001)–, como de su poesía, pues reunir toda una obra –revisada y corregida y expurgada– tiene algo de memorialístico.

De buena familia, bien educado, aficionado al flamenco, Caballero Bonald pertenece a esa generación literaria española que tanto ha bebido –y lo sabemos porque ellos se han encargo de hacérnoslo saber mediante sus versos y sus prosas– y tan bien ha escrito, la del 50. Sus dos libros de memorias, arriba citados, son dos verdaderas delicias a través de las cuales el lector viaja, por ejemplo, al Sanlúcar de Barrameda de los años cuarenta, cuanto todavía los habitantes del Coto de Doñana vivían en un estado de separación de la civilización; al Madrid de los cincuenta y sesenta, en el cual un aspirante a escritor debía trabajar en lo que encontrara –en su caso las selecciones de Reader’s Digest, junto a Fernando Quiñones, entre otros–; a la Mallorca de unos años después, donde Caballero Bonald fue secretario de la revista que dirigió Camilo José Cela, Los papeles de Son Armadans; a las sierras y pueblos de Andalucía, a por los que el escritor buscó, encontró y rescató cantes y cantaores flamencos que guardaban las esencias de esa música...

Hasta 1975. A partir de ahí, el autor de novelas como Campo de Agramante o Ágata ojo de gato –de muy recomendable lectura, háganme caso– ya no quiere contar más. Eso no quiere decir que haya dejado de escribir, no, pero el material de su vida que él considera interesante para que conforme una novela –La novela de la memoria es el título genérico de sus dos libros autobiográficos– ha perdido peso, según él, a lo largo del tiempo.
Nos queda, por ello, su poesía. El volumen que ahora sale a la calle, Somos el tiempo que nos queda, es el tercer intento en la vida de José Manuel Caballero Bonald de establecer una obra poética completa. Su inquietud le lleva a retocar. Leídos a la vez o en paralelo a las memorias, estos versos suponen la otra cara de esa vida, donde aparecen aspectos oscuros, cuestiones íntimas, sentimientos que son, al fin, una parte fundamental de la arquitectura de una existencia.

"Desde donde me vuelvo
a la pared, en medio de la noche,
desde donde estoy solo
cada noche, cautivo
bajo mi propia vigilancia, allí
me hallo según la fe que me fabrico
cada día.
Lavada está mi vida
en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
Únicemente soy
mi libertad y mis palabras".
(Diario reencuentro)





eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir