2 de febrero de 2004

Todos en el diccionario

 

En el tiempo que llevan ustedes acompañándome en este rincón llamado Errata, se han asomado por aquí trece escritores españoles –sin contar los latinoamericanos–. Ha aparecido en las librerías un diccionario, de la editorial Espasa, de literatura española, a cargo de Jesús Bregante, filólogo y profesor de español. Se me ha ocurrido mirar qué dice este diccionario de esos trece nombres, y contárselo a ustedes.

De Andrés Trapiello destaca, como no, sus diarios, pero dice algo curioso: “Aborda con enorme naturalidad estilística y con sinceridad humana los hechos de la cotidianidad, de la grisura diaria, a través de una perspectiva que, gustando de la observación detallista, ofrece un retrato de la España humilde”. ¿España humilde? Ese adjetivo debe de tener alguna intención extraña, pues yo he leído todos los diarios de Trapiello publicados hasta ahora, y lo más cercano a la España humilde podría ser el Rastro madrileño, al que acude el escritor casi todos los domingos en busca de libros viejos y que describe a menudo en sus textos. No empezamos bien.

A Javier Calvo le dedica pocas líneas –no podía ser de otra forma– y destaca la influencia del lenguaje cinematográfico en su estilo; tampoco hay más que decir, aunque algunos se hayan empeñado. Pero lo imperdonable es que dedica más o menos el mismo espacio a Santiago de Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón, a quien casi con toda seguridad no ha leído, pues consigna un par de obviedades y pare usted de contar. Otro fallo.

De Juan Bonilla, destaca que no hay que quedarse en el humor característico de su prosa y de su poesía, y habla de la “representación simbólica de un análisis filosófico de la realidad, así como de sentimientos viscerales, como el amor y la culpa”. Pues bueno. La entrada que trata del poeta, crítico y director de la revista Clarín, José Luis García Martín es, sin embargo, informativa, con datos interesantes y con una opinión más justificada. One point. Y otro para su referencia a José Luis Melero, bibliófilo aragonés. Y otro más por lo que escribe sobre Ignacio Martínez de Pisón. La cosa va mejorando. Lo que dice sobre el asturiano Xuan Bello es meramente informativo, pero no se le puede poner pega alguna.

Un paréntesis: No me extiendo sobre cada uno de los escritores mencionados, pues marcando al final de este texto con su ratón en la palabra "archivo" encontrarán lo que buscan; si lo buscan.

Llegamos a José Luis de Vilallonga: nada. Cuatro datos y nada más. Ni para darle un poco de caña. Sin embargo, de Félix Romeo dice más, y favorable: “Un autor con fuerza narrativa, capaz de construir una épica de la derrota”. Estamos de acuerdo. En la entrada de Julio Camba, vuelve a la sosería y no nos aporta más que datos biográficos y algún lugar común sobre el autor. De Carlos Eugenio López da un par de pinceladas acertadas y expresivas. Y de Ramón Gaya habla bien, ofrece una buena información y una atinada semblanza.

Más allá de estas apreciaciones personales este diccionario parece una obra útil, que debe leerse con espíritu crítico... Como todo, ¿no? Pero desde las páginas de El Cultural, el crítico Ricardo Senabre le pegó un palo de esos que hacen pupa. Pinchen y lean.



eaguirre@divertinajes.com
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