29 de diciembre de 2003

Este señor mayor

La semana pasada les hablé de la tradición humorística en la literatura española y de repente me di cuenta de que se acaba cumplir el centenario del nacimiento de un autor que en cierta forma fue testigo, protagonista y cronista de la mayor oleada de humor literario español. Se llamó José López Rubio, nació en Motril (Granada), en 1903, y murió en Madrid, en 1996, y, casi con toda seguridad, su nombre no les dice a ustedes nada de nada, a pesar de que fue un dramaturgo de mucho éxito y un periodista muy leído, durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta...

López Rubio es el autor de una de las escasísimas novelas surrealistas que se escribieron por estas tierras, Roque Six (hay una edición más o menos reciente en Temas de Hoy); es el responsable de una veintena de piezas teatrales –Celos del aire; La otra orilla; Las manos son inocentes... –; fue académico; fue amigo de Mihura, Tono, Neville, Ugarte, Jardiel Poncela...; fue el acuñador de la expresión “la otra Generación del 27”, para referirse a este grupo de humoristas entre los cuales él se incluía.

En breve, el INAEM publicará el discurso de entrada en la Real Academia Española de José López Rubio, el texto en el que utilizó eso de la Otra Generación del 27. El texto en el que López Rubio se puso a un lado para hablar de un puñado de colegas y amigos. Fueron los tipos –guionistas, actores, dialoguistas, actrices...– que se marcharon a Hollywood, en los primeros años treinta, cuando el nacimiento del cine sonoro, para hacer una serie de películas, copias de las producciones estadounidenses, con actores y diálogos en español par el mercado latinoamericano y peninsular. Algunos aprendieron a hacer cine; otros solo se lo pasaron bien; todos regresaron con una mirada más abierta, que mantuvieron a pesar de quedarse en uno u otro bando durante la Guerra Civil.

En 2002, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, dedicó una exposición a este grupo: casi todos ellos también dibujaban, y fueron fundando revistas –Gutiérrez, Buen Humor, La Ametralladora... – hasta llegar a la más conocida y duradera, La Codorniz. El catálogo del Reina Sofía de esta exposición es una estupenda antología de textos e ilustraciones de este grupo. Si les interesa, hay otro libro, El negocio de incobrables, de José Luis R. De la Flor, editado allá por 1990 Ediciones de la Torre –es más difícil de encontrar–, que se centra en los aspectos más literarios.

José López Rubio fue el más convencional de todo aquel grupo, el surrealista que más adelante se dedicó a escribir obras de teatro que la burguesía franquista aplaudía y aceptaba. Pero en esas obras casi siempre hay una tenue posibilidad de que la lectura de la trama, de los diálogos, vaya un poco más allá. No, no era un revolucionario, no era uno de aquellos que mediante determinadas simbologías ponían en cuestión aquel orden dictatorial. López Rubio está pasando un purgatorio literario (como Julio Camba, de quien ya hemos escrito, y tantos otros que mantuvieron sus carreras bajo los oscuros cuarenta años), un purgatorio que quizá se merezca, pero que no puede evitar que nos acerquemos a sus textos.

Provoca, a veces, la lectura estos autores de la Otra Generación del 27 una sensación de frases conocidas, de gracias ya escuchadas. Es verdad, pero una vez oí a uno de los supervivientes de La Codorniz explicarlo: “Sí, son chistes que ahora todo el mundo conoce, pero es que lo inventamos nosotros”.



eaguirre@divertinajes.com
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