15 de diciembre de 2003

Humor + periodismo = literatura

Madrid, 15 de abril de 1931. Hace menos de veinticuatro horas que se ha proclamado la II República. El escritor catalán Josep Pla está en la capital para cubrir como periodista. En la puerta de un hotel se encuentra con el también periodista y también escritor Julio Camba, quien le dice: “He venido a Madrid, por lo de la República. Aspiro a una embajada. Tengo méritos, creo yo, suficientes. He vivido casi toda mi vida en el extranjero. Conozco varios idiomas. De joven fui anarquista. Lerroux lo sabe y espero que lo tendrá en cuenta”. Y apunta Pla en su magnífico libro Madrid. El advenimiento de la República (hay una edición en Alianza): “Que don Julio Camba sería un buen embajador es segurísimo. Juega al póquer como un ángel”.

Unos meses más tarde, Pla y Camba vuelven a encontrarse. Camba no ha sido nombrado embajador. El diálogo fue el siguiente:

“Le recuerdo que para las embajadas han nombrado a muchos intelectuales.

– En realidad, todos son intelectuales. Los intelectuales han triunfado totalmente. Y esto será la muerte de la República. Los intelectuales no saben más que escribir libros y papeles. No saben nada de nada. El relumbrón de la letra impresa, generalmente copiada, se ha impuesto. Antes en las embajadas había viejos routiers administrativos que sabían el sistema. Ahora, nada: ignorancia total, sistemática y definitiva.

– Entonces, usted, señor Camba, ¿no ha sido considerado intelectual?

– No señor. he sido considerado un insignificante humorista...”

Efectivamente, Julio Camba (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1884-Madrid, 1962) fue un humorista. Pero fue, sobre todo, un brillante articulista, un periodista culo inquieto... enfin, un buen escritor. Su recuerdo flota en cierto olvido general, pero un par de novedades editoriales pueden ayudar a reparar esta injusticia.

Pedro Ignacio López García ha escrito El solitario del Palace (Espasa), una correcta biografía de Camba, a la vez que ha seleccionado una serie de artículos suyos publicados entre 1907 y 1914, bajo el título Páginas escogidas (también en Espasa).

Si están ustedes interesados, pueden encontrar con relativa facilidad La casa de Lúculo (Temas de Hoy) –de gastronomía– o Esto, lo otro y lo de más allá (Cátedra) –una recopilación de artículos editada originalmente en 1945–. Son solo un par de ejemplos de la abultada producción literaria de Camba a lo largo de su vida, entre los cuales hay que recordar Aventuras de una peseta, o Sobre casi todo y su continuación Sobre casi nada.

La prosa periodística de Camba tiene esos aires de otro tiempo que nos resultaría extrañísimo encontrar en las páginas de algún diario o revista actuales. Desgraciadamente. Los columnistas de nuestros días escriben peor, tienen menos experiencia vital, zascandilean menos por las calles, se mueven en círculos más limitados... Y eso se percibe en sus textos, en general torpes, basados en cotilleos insustanciales y culturalmente pobres.

Sin embargo, periodistas como Julio Camba habían viajado; habían militado en partidos políticos, casi siempre radicales; se habían buscado la vida en las más variopintas redacciones, casi siempre sin cobrar; vivían las ciudades y sus recovecos; no se limitaban a sus artículos, sino que todos tenían veleidades literarias... Y eso se nota en sus textos, que pasados cincuenta, sesenta años siguen leyéndose bien. Y en caso de Camba, gracias a ese humor, un poco mejor.

¿Se imaginan leer dentro de cincuenta años las columnas de... (pongan el nombre que deseen)?



eaguirre@divertinajes.com
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