8 de diciembre de 2003

Al rescate...

Sí, ya hablé de ellos la semana pasada a cuento de Tonino Benacquista, pero otro libro de reciente publicación hace necesario volver a referirse a Lengua de Trapo en esta Errata. Otro día les contaré la historia de esta todavía joven editorial y les recomendaré algunos de sus títulos de narrativa española y extranjera, pues han puesto en circulación verdaderas maravillas: son los descubridores, por ejemplo de Antonio Álamo, Antonio Orejudo, Carlos Eugenio López... Pero hoy me limitaré a una de sus colecciones, la llamada Rescatados.

El último título aparecido es Artes de bien morir. Ars moriendi de la Edad Media y del Siglo de Oro, una recopilación de textos de autores como Erasmo de Rotterdam, Francisco de Quevedo o Fray Antonio de Guevara, entre otros, a cargo del profesor universitario Antonio Rey Hazas. Título y subtítulo lo dicen todo, ¿no? En esta línea, tan hispánica, tan histórica, tan rescatada, hay otro volumen de la serie: Vidas de santos, de Pedro de Ribadeneyra, una obra del siglo XVI en la que se pueden leer esa biografías que tan presentes han estado en la cultura occidental.

Esta colección cuenta, además, con tres títulos muy exóticos, como los relatos tradicionales bosquimanos –considerados por el premio Nobel Elias Canetti como una “de las joyas de la literatura universal”–, una antología de textos chinos del siglo III sobre la vida cotidiana u otro, también chino, del siglo VI, que cuenta una historia de espíritus que regresan al mundo de los vivos para vengarse.

Otra joya es el libro que recoge dos relatos –El crimen de la calle de Fuencarral y El crimen del cura galeote– que Benito Pérez Galdós publicó, en forma de cartas en el diario argentino La Prensa. ¿Hay para todos los gustos, o no?

Pero me van a permitir que me detenga en el que fue el primer título de la colección rescatados, Las vírgenes locas. Trece escritores y periodistas que pululaban por el Madrid del XIX decidieron publicar una novela sin plan, sin género, de la que cada uno de ellos haría un capítulo. Se trataba de Clarín, Vital Aza, Ortega Munilla –padre de Ortega y Gasset–, Ramos Carrión o Sinesio Delgado –quien hizo las veces de coordinador–, entre otros.

El escritor Rafael Reig rastreó la existencia de esta novela desde una universidad estadounidense y se empeñó en que se diera a conocer. La presenta como una anticipación del surrealismo y destaca, por encima de los intereses literarios, filológicos, históricos varios, que “es una novela francamente divertida, con una narración disparatada y una curiosa mezcla de estilos literarios”.

Ese disparate dificulta un poco resumir la peripecia sin desentrañar elementos que fastidien la lectura, así que busquen el libro y lean.



eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir