27 de octubre de 2003

Nada nuevo bajo el sol

Casi todo lo que pensamos que es nuevo o más o menos reciente, los romanos, los griegos o incluso los tartesos, ya lo conocían o lo habían inventado. “¡Vivan los tartesos!”, exclamó un cantaor flamenco gaditano –Chano Lobato, para más señas– cuando un erudito local le explicó que a ellos les debían la siesta. Pues que vivan los tartesos, claro.


El candidato
Alejada de la siesta está eso que llamamos campaña electoral. Carteles, discursos, demagogia, promesas, cháchara... La carrera por el poder, por el cargo, tiene sus antecedentes clásicos, romanos para más señas.

Sesenta años antes de Cristo, Quinto Tulio Cicerón redactó para su hermano Marco –ese al que conocemos habitualmente como Cicerón, a secas– un manual destinado a orientarle en la campaña que inició para obtener el cargo de cónsul. La editorial El Acantilado publicó hace unos meses este texto, Breviario de campaña electoral (con la traducción de Alejandra de Riquer).

No es por pereza –pueden creerme–, pero creo que es preferible dejar que sean las propias palabras de Quinto Tulio Cicerón las que expliquen, a modo de decálogo de catorce puntos –es una invención, pero conozco a un tipo que en el restaurante La Coupole, de París, pidió, y le trajeron y se comió, una “docena de catorce ostras”– he seleccionado unas citas que, convenientemente plastificadas, deberían llevar Zapatero y Rajoy en sus bolsillos de aquí al mes de marzo.

1. “Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades”.

2. “Tendrás que presentarte siempre tan bien preparado para hablar como si en cada unas de las causas se fuera a someter a juicio todo tu talento”.

3. “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das”.

4. “Una candidatura a un cargo público debe centrarse en el logro de dos objetivos: obtener la adhesión de los amigos y el favor popular. Conviene que la adhesión de los amigos nazca de los favores, de los deberes, de la amistad, de la antigüedad de las relaciones y de un temperamento amable y cordial. Pero la palabra ‘amigo’, cuando eres un candidato, tiene un significado mucho más amplio que en tu vida corriente; de hecho, todo el que te demuestre alguna simpatía, que te trate con deferencia y que vaya a menudo a tu casa, ha de ser incluido en el círculo de tus amistades”.

5. “Tienes que exigirles lo que te deben multiplicando tus advertencias, ruegos y exhortaciones, y procurando que se den cuenta de que no van a tener nunca otra oportunidad de demostrarte su agradecimiento”.

6. “En los más pequeños beneficios, los hombres encuentran motivo suficiente para apoyar a un candidato”.

7. “Durante el período electoral, también uno se gana un buen número de amigos muy útiles”.

8. “No habrá nadie, créeme, por poco sensato que sea, que deje escapar la oportunidad que se le ofrece de entablar amistad contigo”.

9. “Llegar cada día al foro rodeado de un séquito numeroso otorga una gran reputación y un gran prestigio al candidato”.

10. Hay tres clases de enemigos: “Los que se han visto perjudicados por ti, los que sin motivo alguno no te aprecian, y, finalmente, los que son muy amigos de tus competidores”.

11. El pueblo desea “que el candidato lo conozca por su nombre, lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen en su actividad pública”.

12. “Haz que salten a la vista tus esfuerzos por conocer a los ciudadanos y exagéralos a fin de mejorar día a día estas relaciones”.

13. “Convéncete de que es necesario simular aquellas cualidades que no posees de tal manera que parezca que actúas con toda espontaneidad”.

14. “Por último, procura que toda tu campaña se lleve a cabo con un gran séquito, que sea brillante, espléndida, popular, que se caracterice por su grandeza y dignidad, y, si de alguna manera fuera posible, que se levanten contra tus rivales los rumores de crímenes, desenfrenos y sobornos”.

Me queda una duda: ¿Acaso en el latín de aquellos años no existían las palabras honradez, dedicación, inteligencia, preparación...? Seguro que sí, porque en el español actual sí existen y...

eaguirre@divertinajes.com
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