29 de septiembre de 2003

La crítica necesaria

Hay una frase de la tradición china –seguramente tiene un autor, pero lo desconozco– que dice algo así como que "desdichado el hombre que vive tiempos interesantes porque tendrá que definirse”. De que vivimos tiempos interesantes no hay ninguna duda; de que tenemos que definirnos, parece que tampoco.

Desgraciadamente, más allá de los aullidos en algunas tertulias radiofónicas o de algún artículo airado en la prensa o de la variedad de pegatinas y lazos de colores dedicados a causas variadas, no es fácil encontrar ensayos –porque nosotros hablamos de libros– en los que se planteen asuntos críticos, en los que se ponga en cuestión algún aspecto, por pequeño que sea, de la corriente de pensamiento dominante.

Sí, es cierto que hay pensadores y filósofos que escriben, e incluso publican, sus reflexiones, a veces muy lúcidas, a veces muy críticas, a veces muy acertadas: Peter Sloterdijk, José Luis Pardo, Bernard-Henry Lévy, Noam Chomsky... De algunos de ellos iremos hablando en esta Errata, pero sus obras no suelen estar destinadas para una mayoría. Esa mayoría necesitamos, además, textos más asequibles, pero en ningún caso menos rigurosos.

Hace cosa de un año, un documental cinematográfico revolvió muchas conciencias, obtuvo una estupenda acogida de público y de crítica y acabó logrando un Oscar. Bowling for Columbine lleva al espectador de la mano a lo largo de la investigación –a partir de una de esas matanzas de instituto– del porqué de la enorme cantidad de asesinatos que ocurren en Estados Unidos. Su guionista, realizador, productor y presentador es Michael Moore, un tipo más genuinamente estadounidense que el pavo relleno del día de Acción de Gracias: en su aspecto, en sus maneras, en sus sentimientos, en sus ideas; pero a la vez es un sujeto de esos que tienen espíritu crítico, que no hay que confundir con espíritu cabreado o espíritu incordión, aunque a veces los tenga. Mejor no voy a contarles más del documental, que sería pisarle el terreno al colega Pedro Vallín, a cuyas reflexiones pueden acceder ustedes dando dos clics en la columna de la izquierda.

El tal Moore escribió –antes del documental– un libro movido por el rechazo que le produjo la elección según él –y según cualquiera– fraudulenta de George W. Bush. ¿Se acuerdan? Censo manipulado, papeletas defectuosas... El caso es que Moore se lanza a desglosar los problemas variados que tiene el centro del imperio globalizado: discriminación racial y sexual; agresión al medio ambiente; analfabetismo funcional; un partido demócrata que no se distingue del republicano; un Gabinete Bush formado por políticos cargados de compromisos empresariales... El libro, que se titula Estúpidos hombres blancos (Ediciones B), ha vendido más de un millón de ejemplares en Estados Unidos –para que luego generalicemos y digamos que los gringos son todos igual de incultos, simplones y esas cosas–, otro tanto en el Reino Unido, y anda arrasando en las diferentes traducciones que se están haciendo.

¿El secreto? Pues lo que comentábamos al principio de estas líneas: va al grano de manera sencilla, pero sin bajar la guardia ni en el tono –irónico a veces; demoledor, otras–, ni en el rigor –la profusión de datos y de análisis a partir de esos datos enriquece sin duda el ensayo–, no toma al lector nunca por menos capaz que él, es sincero en los planteamientos. Moore critica, por encima de todo, al aparato político instalado al margen de los intereses reales de los ciudadanos. Moore se atreve a proponer soluciones a conflictos como el israelo-palestino o el de Irlanda del Norte.

Durante el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, proliferaron en Occidente los libros de carácter satírico que utilizaban situaciones fantásticas para verter las críticas más aceradas contra el orden social imperante: Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, serían un buen ejemplo. Pues Estúpidos hombres blancos tiene algo de eso: sus lectores percibimos lo que denuncia –aunque se trate de EE UU–, pero también nos vemos reflejados, y por tanto denunciados, en algunas de sus afirmaciones.

(Esta semana me he pasado en la extensión: pido disculpas a quienes hayan soportado llegar hasta aquí).



eaguirre@divertinajes.com
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