15 de septiembre de 2003

Plumillas de todo plumaje

Después de toda una vida –una larga vida, porque nació en Fucecchio (Florencia), en 1909 y murió en Milán, en 2002– ganándose la vida con el sudor de su pluma –estilográfica–, el periodista italiano Indro Montanelli decidió que sus memorias las escribiría otra persona –una giornalista de su confianza, Tiziana Abate– a partir de ocho años de conversaciones semanales, debidamente grabadas. La única condición que puso fue que expurgara el texto final de todo lo que no fuera profesional; ya saben, amores y esas cosas. Así, el resultado es un libro de título poco trabajado, Memorias de un periodista, que en España ha publicado RBA.

Montanelli es uno de esos nombres casi legendarios fuera de su país. En España se dio a conocer con un par de libros de divulgación facilita y de impecable y amena redacción –Historia de los griegos e Historia de los romanos–, que tuvieron una muy buena acogida a finales de los años setenta. Conocí a un profesor universitario de historia antigua que lo ponía a parir, decía que tenían el mismo rigor histórico que un tebeo de Astérix... Más adelante, a mediados de los noventa, se volvió a hablar de Montanelli fuera de Italia a cuenta de una de esas reacciones nobles que todos alabamos en las películas y en las vidas ajenas, pero que muy pocas veces aplicamos:

Don Indro era director de Il Giornale, periódico fundado por él, marcadamente conservador y anticomunista –es que en Italia el PC (partido comunista, no ordenador personal) tuvo una fuerza política enorme y, al parecer, daba bastante miedo, tanto que hasta la CIA intervino para que no llegaran al poder a través de una especie de conjura llamada Red Gladio, en la que estaban también implicados la Mafia y ciertas logias masónicas, amén de la corrupta Democracia Cristiana... Apasionante, lo sé, pero hoy no toca–. Pues el caso es que el periódico de Montanelli necesitaba dinero y en su accionariado entró en señor llamado Silvio Berlusconi. El tal Silvio –que luego se hizo muy amico del Presidente Aznar... Pero esto tampoco toca– decidió, un tiempo después, que se metería en política. El director de su periódico dijo que había un conflicto de intereses y que depusiera su actitud. Contumaz, Silvio siguió en política y su director de periódico, don Indro, se fue. Todo muy digno.

Este episodio lo cuenta en sus memorias, claro. Pero también cuenta toda una vida de lo más interesante. Soldado en la Guerra de Eritrea; enviado durante la Segunda Guerra Mundial a las más diversas escaramuzas y batallas; protagonista de la historia italiana en primera línea desde los tiempos de Musolini... La carrera profesional de Indro Montanelli da un poquito de envidia, para qué les voy a engañar. Por lo que cuenta, la mayor parte de las veces escribió como quiso, y eso, quienes más o menos escribimos sabemos que vale oro. Vamos que él escribía, siempre, como puedo hacer yo aquí, agazapado en la Errata, que ya todos ustedes saben que para mí es tremendo privilegio.

En las memorias, lo habitual es que el protagonista quede bien. Son pocas las ocasiones en que alguien dice algo malo de sí mismo, y cuando lo dicen es con la intención de presentarlo casi como una virtud: “Yo era un canalla con las mujeres”. Lo que está diciendo es: “Yo podía, porque era así de molón, beneficiarme a todas las que quise”. Es un ejemplo. Bueno, es un ejemplo que me recuerda las memorias de otro... Iba a decir periodista... y sí, lo fue, pero también actor, escritor y, por encima de todo, vividor. Se trata de José Luis de Vilallonga. Me da la impresión de que no debe de estar muy bien visto decir que te han gustado los libros de recuerdos de este tipo –que ya son tres enorme volúmenes y que amenazan con tener un cuarto: son responsabilidad de la editorial Plaza & Janés–, pero es que están muy bien escritas, retratan una vida también larga y plagada de acontecimientos reseñables, como las de Montanelli, y hablan más de las personas con las que se relacionó su autor, que fueron muchas de y mucho fuste, que de él. Un poquito de estilo mundano en esto de leer no viene nada mal.

Otro plumilla –muchísimo menos conocido– que ha publicado su vida en dos tomos es José Luis PardoAutorretrato con retoques y Memorias de memoria, ambas en Anagrama–, unos libros que destilan mucha mala leche y mucha ironía contra todo y contra todos, incluido, y en un primerísimo plano, él. Yo también se las recomiendo, por si tienen tiempo. Ya sé que esto del periodismo parece muy endogámico y que los chascarrillos solo interesan a los de la profesión, pero en las obras de las que tratamos aquí, creo que hay historia –con mayúscula y con minúscula, como dicen los que tienen su culturilla–, buena pluma y una más que interesante mirada sobre el mundo y sus cositas.

Ya que estamos hablando de periodistas, aunque no se trate estrictamente de memorias, quiero llamarles la atención sobre otro libro, Diarios, de Arcadi Espada (Espasa). Durante 2001, Espada llevó un diario de las noticias que aparecían en los diarios, e hizo su seguimiento. El resultado es una visión muy crítica de los usos de la prensa en España y una estupenda guía de cómo debemos enfrentarnos a la lectura y escucha cotidianas de periódicos, revistas, radios y televisiones; y de Internet, por lo que nos toca a mí y a los más que estimables compañeros de Divertinajes.

eaguirre@divertinajes.com
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