25 de agosto de 2003

Una especie rara

Se da, en ciertos ecosistemas urbanos, una especie rara, no se sabe todavía si responde a una evolución o a una involución del homo sapiens, a la que podríamos llamar homo viejis. Pertenecen al subgénero de los aficionados a la literatura, pero presentan determinadas variantes. Si el común de lectores se queda sin libro en mitad de unas vacaciones o de un viaje –cosa poco frecuente, pues suelen ir cargados de lecturas, en detrimento incluso de la ropa–, pues si ocurre tal desgracia, la mayoría no tiene reparos en acercarse a una librería y comprar un volumen en edición de bolsillo de... no sé... Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, o Enrique el verde, de Gottfried Keller. Además, a quien tiene curiosidad por leer La novela de un literato, de Rafael Cansinos Assens, no le importa comprar la edición de Alianza, en tres volúmenes, o la de Planeta de Madrid de Corte a Checa, de Agustín de Foxá. En este subgénero estaríamos usted o yo; creo.

A ese homo viejis al que hemos aludido le gusta leer; y mucho. Pero él tiene que poseer, para hacerlo, la primera edición, o en todo caso una tercera o cuarta, pero que tiene alguna particularidad. Y si los volúmenes en cuestión tienen la dedicatoria del autor a un personaje más o menos conocido, la cosa ya se pone ardiente, ardiente.

Más allá de las bromas, José Luis Melero (Zaragoza, 1956) es un bibliófilo de los de verdad: esto quiere decir entusiasta, erudito, un poco obsesivo, con un considerable apego a cuestiones cotidianas... No, no le he conocido, pero he leído un libro, Leer para contarlo. Memorias de un bibliófilo aragonés (Biblioteca Aragonesa de Cultura). En esas páginas, Melero da cuenta de la pasión de su vida: los libros, viejos preferiblemente (Por cierto: pasión es una palabra que está apareciendo con demasiada frecuencia en estas Erratas; vamos a tener que bajar el tono).

Melero recuerda que empezó a comprar libros a principios de los años setenta y desde entonces no ha parado, con una dedicación especial a todo aquello que esté relacionado con Aragón. En estas memorias el bibliófilo da cuenta de las librerías de viejo por las que ha pasado y que ha frecuentado, sobre todo en su ciudad, pero también en el resto de España y en algunos otros países, así como del Rastro zaragozano, donde se ha enfrentado a lo largo de los años a toda clase de situaciones rocambolescas: como comprar un libro a espaldas de un amigo interesado que en ese momento mirada hacia otro lado; como levantar la venta de una señora que no sabía lo que llevaba y se lo ofrecía a unos gitanos. Y luego están las viudas y los familiares de bibliófilos muertos, que ponen las bibliotecas a la venta con los cadáveres aún calentitos.

“Olfato prodigioso, vista felina y rapidez de movimientos”. Así describe Melero a uno de sus colegas bibliófilos. ¿Son una especie rara o no son una especie rara estos amantes de los libros viejos? Pero tienen su corazoncito. Pueden estar incluso, como en este caso, casados y tener hijos y ser aficionados al fútbol e hinchas del Zaragoza: “El 1-5 del Zaragoza al Madrid en el Bernabéu puede causar más placer que estar toda una noche leyendo a Natalia Ginzburg o Truman Capote”.

José Luis Melero es de los que únicamente compran los libros que van a leer, de los autores que les gustan. Es de quienes valoran los volúmenes por su interés personal, en este caso literario. Quiero decir que si se topan con un manual de botánica, en primera edición, rarísimo y todas esas cosas, no se van a inmutar. Son una especie que que especializa: cuenta Melero que el padre del político Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón coleccionaba sermones, de los cuales llegó a tener unos 20.000. convive con sus coetáneos, pero parece no entenderles del todo.

Twelve –el título hace referencia a una droga de impresionantes efectos– es una buena novela, con un planteamiento narrativo muy afinado y con un puñado de buenas ideas. A Nick McDonell habrá que seguirle la pista, y esperamos que su carrera se parezca más a la de Salinger que a la de Bret Easton Ellis.



eaguirre@divertinajes.com
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