28 de julio de 2003

No todo son libros

La literatura ha tenido desde hace muchos años un vehículo de transmisión distinto del libro tradicional, la revista. En España, este formato ha contado con estupendos representantes: La Gaceta Literaria y Cruz y Raya, por ejemplo.

De la ciudad de Oviedo, llegó en 1996 una revista de nombre Clarín. Su director y creador era (y es) un poeta nacido en Extremadura que vive en Asturias desde hace un porrón de años, un antólogo de poetas, un profesor, un crítico, un articulista y un dietarista. Es un tipo que se mete en polémicas literarias como el resto de los mortales nos hacemos un café para el desayuno, un escritor que reparte estopa y perdona vidas en sus artículos y diarios. Dicen que a veces se esconde tras algún seudónimo en su propia revista para despacharse a gusto. En fin, se trata de un tío que respira literatura, que suda palabras y que vive en una atmósfera en la que hay más papel y tinta que aire. Se llama José Luis García Martín (en la foto), pero vamos a hablar de su revista, de Clarín.

De periodicidad bimensual, de diseño austero, el Clarín que está estos días en los quioscos es el número cuarenta y cinco, y un repaso a sus contenidos dará una idea de qué es y cómo es esta revista.

Salvo en la sección llamada Paliques, donde se reseña una buena cantidad de novedades editoriales, el resto de los textos de la revista no responden a una clasificación ortodoxa. A un relato le sucede un ensayo, una reflexión personal, un poema... En este número 45, cabe destacar a Felipe Benítez Reyes o a Martín López-Vega, quien escribe un estupendo artículo sobre cómo leer poesía portuguesa. Jordi Doce completa la presentación bilingüe del poema Tithonicus, de Alfred Tennyson, con una lectura personal y erudita (en el buen sentido de la palabra, que lo tiene) de esos versos y de su autor. Hay, también, un viaje a Venecia de José Luis García Martín...

Y están esos Paliques, quizá la sección de crítica literaria mejor de la prensa especializada. Y es mejor no porque quienes allí escriben sean los mejores, sino porque lo que hacen son de verdad críticas, y no esas recensiones con un poquito de opinión y un muchito de mala leche y de compromisos y de frustraciones que se suelen publicar en los suplementos culturales de los diarios. Se puede o no estar de acuerdo con lo que aparece en Paliques, pero sus autores se lo toman en serio y lo hacen bien. Viven y respiran literatura, como su director. Hace unos años, Felipe Benítez Reyes publicó la crítica del libro de un crítico –un tal Juristo– que recogía sus críticas publicadas en un diario (menuda frase, je, je: llámenla Errata). Benítez Reyes lo destrozó y logró crear una de las reseñas más divertidas que se han leído en España en los últimos tiempos.

Durante un tiempo, en Clarín salían las entrevistas que hacía Enrique Bueres a escritores de diverso pelaje. Eran simplemente buenísimas. Se echan de menos. Un poco después, Bueres hizo una serie de crónicas de actos, presentaciones y movidillas culturales en Madrid. También impecables. También se echan de menos.

La colección de Clarín llegará a convertirse en una crónica subjetiva, parcial y apasionada de las letras españoles de los últimos años del siglo XX y primeros del XXI. Porque eso son (“semos”) los lectores: subjetivos, parciales, apasionados.



eaguirre@divertinajes.com
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