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28 de julio de 2003
No todo son libros La literatura ha tenido desde hace muchos años un vehículo de transmisión distinto del libro tradicional, la revista. En España, este formato ha contado con estupendos representantes: La Gaceta Literaria y Cruz y Raya, por ejemplo.
De periodicidad bimensual, de diseño austero, el Clarín que está estos días en los quioscos es el número cuarenta y cinco, y un repaso a sus contenidos dará una idea de qué es y cómo es esta revista. Salvo en la sección llamada Paliques, donde se reseña una buena cantidad de novedades editoriales, el resto de los textos de la revista no responden a una clasificación ortodoxa. A un relato le sucede un ensayo, una reflexión personal, un poema... En este número 45, cabe destacar a Felipe Benítez Reyes o a Martín López-Vega, quien escribe un estupendo artículo sobre cómo leer poesía portuguesa. Jordi Doce completa la presentación bilingüe del poema Tithonicus, de Alfred Tennyson, con una lectura personal y erudita (en el buen sentido de la palabra, que lo tiene) de esos versos y de su autor. Hay, también, un viaje a Venecia de José Luis García Martín...
Durante un tiempo, en Clarín salían las entrevistas que hacía Enrique Bueres a escritores de diverso pelaje. Eran simplemente buenísimas. Se echan de menos. Un poco después, Bueres hizo una serie de crónicas de actos, presentaciones y movidillas culturales en Madrid. También impecables. También se echan de menos. La colección de Clarín llegará a convertirse en una crónica subjetiva, parcial y apasionada de las letras españoles de los últimos años del siglo XX y primeros del XXI. Porque eso son (“semos”) los lectores: subjetivos, parciales, apasionados.
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