14 de julio de 2003

Escritor y conservador

En las imágenes de una de las últimas visitas del príncipe Felipe a Inglaterra aparecía a su lado un tipo tan alto como él, algo poco habitual, sobre todo viendo que tenía edad suficiente como para ser su padre. Se trataba del embajador de España en Londres, Santiago de Mora-Figueroa, Marqués de Tamarón (Jerez de la Frontera, 1941).

Pero las cualidades del Marqués no son únicamente físicas –por lo de la altura– o diplomáticas –fue un impecable director del Instituto Cervantes, por ejemplo–, méritos por otro lado insuficientes para aparecer en esta Errata, donde somos la mar de exigentes; don Santiago de Mora-Figueroa es, además, un notable escritor, que acaba de publicar una curiosa novela, El rompimiento de gloria (Pre-Textos).

En Madrid (entre la ciudad y las sierras: una semana de estas hablaremos de Eça de Queiroz...), durante los doce meses anteriores a la asonada militar que desencadenó la Guerra Civil, entre 1936 y 1939, un joven estudiante de Filología, de tendencias izquierdistas y aficionado al montañismo, Saturnino Prieto, conoce a dos hermanos (Elena y Miguel Cienfuegos), con quienes establece una relación en la cual el amor, la admiración, el aprendizaje y la amistad entrelazan una red poco convencional, en especial en aquella época. Aristócratas venidos a menos; nostálgicos de un tiempo que desaparece en aquellos primeros decenios del siglo XX; amantes de la cultura clásica; políglotas; fans de Cole Porter (en la foto), Irving Berlin, George Gershwin; conservadores... los hermanos Cienfuegos “adoptan” al joven Prieto, quien descubre otro mundo, otros valores, otras posibilidades de relacionarse con los demás. Los hermanos se toman muy poco en serio las veleidades políticas del estudiante, quien se defiende cada menos, seducido por esas dos personalidades.

Y estalla la Guerra Civil. Y El rompimiento... plantea otro punto de vista, en absoluto habitual en la literatura (o el cine) dedicada a aquella guerra: integrantes de ambos bandos son capaces de mirarse como antiguos camaradas en plena crisis a su alrededor. Salvando las distancias, hay algo en esta novela que recuerda a una gran película de Jean Renoir, La gran ilusión, ambientada en la Primera Guerra Mundial, donde un oficial alemán y otro francés, amigos y compañeros antes del estallido del conflicto bélico, han de verse las caras ya como enemigos.

El Marqués de Tamarón ha publicado libros de relatos y de ensayo. Entre éstos, destaca El siglo XX y otras calamidades (que Pre-Textos editó hace unos años), una obra de marcado color conservador, pero lúcida e inteligente como pocas de las que se publican en estos tiempos. Tamarón es un conservador, que no un reaccionario; es un elitista, que no clasista. Defiende apasionadamente la necesidad de saber latín, de conocer la historia... En fin, de hacer las cosas bien. Cuando se lee este ensayo, a veces da un poco de rabia estar de acuerdo con un señor “tan de derechas”, pero a medida que se avanza ese término, “derecha”, se queda vacío y la lectura sirve para lo que deberían servir todas las lecturas, para relativizar los puntos de vista, para pensar sin ciertos prejuicios y para dar una oportunidad a ideas que no son necesariamente las nuestras. Es inevitable decir aquello de “ojalá todos los conservadores fueran así...”.



eaguirre@divertinajes.com
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