Es difícil comprender que el empeño de unos cuantos en seguir
fumando sea capaz de impedir que ciertos locales permanezcan libres de
humos cuando, y desde la aprobación de la controvertida ley somos
más conscientes que nunca, es obvio que el humo del tabaco no aporta
más que problemas higiénicos y de salud. Y si no que se
lo pregunten a todos esos fumadores pasivos que de no ser por el humo
ajeno no sabrían lo que es una irritación de garganta ni
un picor de ojos.
Dicho lo cual, si por tabaco propio o ajeno, o cualquier otro motivo,
tiene tendencia a quedarse afónico, además del “no
hable” que tan pocos afónicos cumplen, le recomendamos una
serie de medidas que pueden ayudarle a reducir la frecuencia e intensidad
de los episodios:
No fume.
Evite las comidas picantes y las bebidas muy frías o muy
calientes.
Evite los ambientes cargados de humos y/o polvos y gases de productos
irritantes.
Limite la cantidad de tiempo de habla, muy especialmente cuando
padezca infecciones respiratorias de vías altas.
Utilice un tono e intensidad de voz óptima, ni grite ni
chille, no ría demasiado fuerte.
Evite hablar en ambientes ruidosos que le obliguen a gritar.
No confirme verbalmente todo lo que habla su interlocutor, mantenga
la voz en reposo mientras escucha.
Hable pausadamente.
Evite el aclaramiento continuo de la voz, así como la
carraspera y la tos.
Evite hablar durante el esfuerzo o ejercicio físico.
Evite posturas tensas al hablar, intente relajar los músculos
de los hombros y cuello.
Tome abundante de líquidos.
Si a pesar de sus esfuerzos por evitarla la ronquera, la afonía,
los cambios en la voz le duran más de 15 días, es recomendable
que acuda al médico.