16 de enero de 2005

¡La gripe!

No es de extrañar que, cuando llega la gripe, ambulatorios y hospitales se colapsen; con ella todo es posible: desde la explosión de una pandemia hasta la reactivación del Síndrome Respiratorio Agudo Grave, también conocido como SRAS o neumonía asiática, todo es posible.

Las pandemias, infecciones ampliamente extendidas, cuya gravedad en el caso de la gripe puede llegar al desastre (la de 1918, conocida como gripe española, causó 20 millones de muertes en todo el mundo), se repiten con cierta periodicidad, y de la última, en 1968, hace ya más de 30 años; respecto al SRAS, en caso de que la neumonía se reactivara este invierno, será fundamental evitar confusiones diagnósticas entre la gripe y el SRAS. Por todo ello, es vital que nos empeñemos en reducir al mínimo los casos de gripe e identificar correctamente los que se produzcan; una tarea en la que debemos implicarnos todos, independientemente de que seamos o no profesionales de la salud.

Reducir al mínimo el número de casos de gripe

El virus de la gripe, que tiene una gran facilidad para cambiar de estructura, salta de unos individuos a otros aprovechando los accesos de tos o los estornudos, por ejemplo, lo que hace que su infección sea altamente contagiosa. Hasta tal punto es cambiante el virus que cada año es necesario cambiar la vacuna, y para su elaboración se escogen, cada principio de año, las tres variedades que presentan más probabilidades de provocar la infección del siguiente invierno.

Teniendo en cuenta lo descrito hasta ahora y que la gripe afecta a todos los grupos de edad, es decir, que toda la población es susceptible de infectarse, dos son los caminos para reducir los casos de gripe:

  • Evitar la infección, ya sea evitando el contacto con enfermos, lo cual es harto difícil, o, más realista, vacunándose. La vacuna contra la gripe, insistimos, no sirve de un año para otro, y no es una garantía absoluta de inmunidad: protege contra las cepas escogidas para su elaboración; es eficaz desde los quince días de la administración hasta el año siguiente; y en ningún caso puede provocar la enfermedad porque los virus inyectados no están vivos. Los meses más oportunos para la vacunación son octubre y noviembre.

    Hay que decir que el riesgo de que la vacuna cause un daño grave, o la muerte, es extremadamente pequeño, si bien no es imposible y puede darse algún caso de reacción alérgica. Más frecuentes, aunque también muy poco, son el dolor, enrojecimiento o hinchazón en el lugar de administración de la vacuna, dolores generalizados y fiebre que desparecen por si solos en 1 ó 2 días.

  • Evitar la propagación de la infección, evitar el contagio. Si se tiene gripe, es obligado tomar una serie de precauciones tales como evitar lugares muy concurridos, taparse la boca y las fosas nasales al toser o estornudar, etc. Precisamente para evitar la propagación de la enfermedad y sus peores consecuencias se recomienda al personal sanitario y a todos aquellos que conviven con personas de alto riesgo vacunarse.

    ¿Vacuna para todos?

    Según el grupo español de estudio de la gripe se consideran grupos de riesgo y por tanto deben vacunarse:

  • Todas las personas de 50 años de edad o mayores.
  • Personas con problemas médicos crónicos que viven en instituciones.
  • Todos los que tienen un problema de salud a largo plazo, por ejemplo: enfermedad del corazón, enfermedad de los pulmones, asma, enfermedad de los riñones, enfermedad metabólica (por ejemplo, diabetes), etc.
  • Todos los que tienen el sistema inmunológico debilitado a causa de:
       · VIH/ SIDA u otras enfermedades que debiliten el sistema inmunológico.
       · Tratamiento a largo plazo con medicamentos como esteroides.
       · Tratamiento del cáncer con rayos X o medicamentos.
  • Todas las personas de 6 meses a 18 años de edad que reciban tratamiento a largo plazo con aspirina.

    En algunos países se recomienda vacunar a las mujeres que se encontrarán en el tercer mes o más de embarazo durante la temporada de gripe, en España de octubre a abril.

    Los médicos, las enfermeras, los miembros de la familia o todas las demás personas que estén en contacto estrecho con personas en riesgo de desarrollar gripe grave.

    Deben considerar la posibilidad de vacunarse:

  • Las personas que prestan servicios comunitarios esenciales.
  • Las personas que viajan al hemisferio sur entre los meses de abril y septiembre o a los trópicos en cualquier época del año.
  • Las personas que viven en residencias de estudiantes, o en otros lugares en los que vive mucha gente, para evitar los brotes de gripe.
  • Todos los que deseen reducir su posibilidad de enfermarse de gripe.

    Y no deben vacunarse, al menos no, sin consulta previa al especialista:

  • Personas con alergia al huevo.
  • Personas con fiebre o enfermedades que sean más importantes que un simple catarro.
  • Mujeres embarazadas o con un posible embarazo.
  • Personas que hayan tenido una reacción moderada o severa después de la administración de la vacuna.
  • Personas que hayan sufrido alguna vez parálisis debido al síndrome de Guillain-Barre.

    Identificación de la enfermedad

    La gripe es la causa más frecuente de infección respiratoria aguda, pero afecta a todo el cuerpo. Hay que sospechar de la gripe si se sufre:

  • Fiebre de 38ºC- 40ºC, que dura 3-5 días.
  • Escalofríos.
  • Dolor de cabeza, espalda, brazos y piernas.
  • Tos seca y molestias de garganta.
  • Debilidad generalizada.
  • Pérdida de apetito.
  • Dolor muscular y de las articulaciones.
  • Congestión nasal.

    A medida que van remitiendo los síntomas generales (unos siete días) se notan más los respiratorios (congestión y secreción nasal, tos e irritación de garganta). Durante la siguiente semana es habitual la persistencia del malestar general, apatía y desánimo así como tos sin expectoración.

    Cuando afecta a individuos sanos, la gripe se comporta como una enfermedad autolimitada (cura sin tratamiento), pero en ocasiones puede provocar graves complicaciones. Las complicaciones más frecuentes son las respiratorias y entre ellas destacan la bronquitis, neumonía viral o bacteriana y exacerbaciones de enfermedades pulmonares crónicas. También pueden aparecer otras complicaciones, menos habituales, de tipo cardíaco (pericarditis, miocarditis), nervioso (meningo-encefalitis, mielitis transversa, síndrome de Guillain- Barré), otitis media, síndrome de muerte súbita en el recién nacido, miositis, síndrome de Reye y convulsiones febriles.

    Se debe acudir sin demora a un servicio médico ante cualquier empeoramiento de la situación habitual en pacientes con enfermedades de riesgo y cuando se presente:

  • Expectoración de aspecto purulento y dolor torácico en pacientes con enfermedad pulmonar crónica.
  • Signos de fallo cardiaco (dificultad para respirar, inflamación de las piernas) en pacientes con cardiopatías.
  • Convulsiones.
  • Disminución del nivel de conciencia.
  • Hormigueo en las manos o pérdida de sensibilidad.
  • Dificultad importante para tragar.
  • Dolor intenso de oídos.

    Algunas preguntas...

    ¿Qué me tomo? Y, ¿es lo mismo la gripe que el resfriado común?

    Las respuestas, aquí.




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