14 de diciembre de 2003
¿Fuera de temporada?

Podría parecer que hay muchos tipos de alergia, por la variedad de sus manifestaciones clínicas (asma, rinitis, conjuntivitis, eccema, etc.) y por el número de sustancias que la desencadenan (pólenes, alimentos, medicamentos, etc.), y sin embargo todas ellas son lo mismo: una reacción de defensa exagerada.

Alergenos más frecuentes y manifestaciones clínicas relacionadas con ellos:

  • Neumoalergenos: ácaros del polvo doméstico (principal alergeno de nuestro medio, se asocian a síntomas de rinoconjuntivitis permanente con exacerbación otoñal); polen (relacionado con crisis de asma, su clínica es estacional); epitelios de animales, sobre todo gatos, perros y caballos; etc.

  • Suero extraño: contraste yodado utilizado en pruebas diagnósticas, venenos inoculados por la picadura de insectos, penicilina administrada por vía parenteral, etc. Dan lugar a un florido cuadro de anafilaxia general o sistémica que puede cursar con enrojecimiento brusco de la piel, urticaria, rinorrea, congestión nasal, hiperemia conjuntival, edema de párpados, tos, dificultad para respirar, diarrea, vómitos, arritmias e incluso shock.

  • Alimentos: pescados, huevos, frutos secos, tomate, crustáceos, moluscos, etc. Pueden provocar un síndrome alérgico oral (habones alrededor de la boca, angioedema del labio y picor orofaríngeo), vómitos, diarreas y dolor abdominal, e incluso anafilaxia general, sobre todo en lactantes.

  • Medicamentos: penicilina, aspirina, etc. El paciente debe conocer la denominación internacional común de ese medicamento y saber que no puede consumirlo bajo ningún concepto.

  • Cosméticos, latex, metales y otras sustancias que al contacto con la piel provocan la aparición de urticarias, eccemas, edemas, etc. incluso en personas no atópicas.

    Cuando en el cuerpo entra una sustancia que le es ajena, las células del sistema inmunitario (especialmente los linfocitos T y B) ponen en marcha una serie de reacciones encaminadas a la neutralización y eliminación del elemento intruso, el antígeno, manteniendo la normalidad en el organismo. El hecho de que un antígeno provoque o no una respuesta desproporcionada, es decir, una reacción alérgica, no depende tanto de él mismo como de la predisposición genética del individuo en el que ha entrado; estas personas predispuestas reciben el nombre de atópicos, y las sustancias que les desencadenan la alergia, y que son inocuas para la mayoría de los seres humanos, alergenos. Las reacciones de hipersensibilidad cruzada a distintos alergenos son muy frecuentes.

    Hay al menos cuatro tipos de reacciones inmunológicas implicadas en el desarrollo de cuadros clínicos alérgicos. La más frecuente y característica es la tipo I, relacionada con la anafilaxia general o shock anafiláctico y con la anafilaxia local o atopia. La pieza clave en este proceso defensivo son los anticuerpos o inmunoglobulinas (proteínas fabricadas de manera específica para cada sustancia, algo así como una cerradura y su llave) denominados reaginas o IgE. Estos anticuerpos, que se producen en demasía, se depositan en la superficie de unas células que, al acoplarse los anticuerpos con los antígenos, liberan una serie de sustancias activas (histamina, serotonina, bradiquinina, etc.) causantes de un aumento de la permeabilidad capilar, contracción de los músculos de fibra lisa, etc. Estas alteraciones son las responsables de las urticarias, las rinitis, el edema de laringe, el asma bronquial, los vómitos, las diarreas, la hipotensión e incluso el shock mortal que pueden sufrir los pacientes atópicos al entrar en contacto con el alergeno.

    El tratamiento verdaderamente eficaz de la alergia es su prevención, y consiste en evitar el contacto con el alergeno.

  • Lo primero es identificarlo, para lo cual en muchos casos basta la historia clínica y en otros es necesario recurrir a las pruebas cutáneas.

  • No es demasiado complicado prescindir de la compañía de gatos y perros,

  • O desterrar para siempre ciertos medicamentos (aunque, en ocasiones, encontrar un sustituto es un verdadero problema),

  • Pero sí lo es eliminar de la dieta ciertos alimentos como leche o huevos, que pueden estar camuflados en platos elaborados, por eso las personas con alergia alimentaria no deben comer más que aquello cuya composición conocen al cien por cien

  • En el caso del polen habría que ir desplazándose a lugares con bajas o nulas concentraciones del mismo

  • En el de los ácaros, es preciso hacer limpiezas domésticas en profundidad utilizando acaricidas y desnaturalizadores de proteínas, usar coberturas de colchones, almohadas y edredones de fibra no permeable a los ácaros, filtros de aire, deshumidificadores, aspiradoras con filtros electroestáticos, etc.

  • En ocasiones, es posible realizar una desensibilización mediante inyecciones de dosis controladas de antígeno, tratamientos que se prolongan durante varios años pero cuyos resultados pueden ser muy satisfactorios.

    Cuando las medidas preventivas son insuficientes, es necesario seguir el tratamiento médico correspondiente y hacerlo con constancia; por ejemplo en el asma extrínseco, un gran número de fracasos terapéuticos se deben a la irresponsabilidad del paciente.



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