30 de noviembre de 2003
Dor(...)mir

Es posible que en más de una ocasión se haya sobresaltado al comprobar que su compañero(a) de cama, cuyos ronquidos habitualmente tanto le molestan, había dejado de respirar. Y, lo que es aún peor, posiblemente su brusca recuperación, con ruidos entrecortados y movimientos de las extremidades, lejos de tranquilizarle, le haya asustado aún más. Está durmiendo con un enfermo, o como mínimo candidato, del síndrome de apnea del sueño (SAS).

Son individuos que durante el día respiran normalmente, pero que, cuando se quedan dormidos, sufren obstrucciones parciales (de ahí los ronquidos) y totales (causa de la parada respitratoria o apnea) de las vías respiratorias altas, concretamente a nivel de la orofaringe, debidas ya sea a un colapso de las paredes laterales de la faringe –y en menor medida la pared posterior y la lengua- por una pérdida de la actividad muscular de estas estructuras, o a un estrechamiento anatómico por obesidad o hipertrofia amigdalar o adenoidea.

Estas paradas respiratorias de varios segundos, e incluso un minuto, que pueden repetirse cientos de veces en una noche, suponen períodos de asfixia que hacen que el sueño no sea todo lo reparador que debiera y provocan en el individuo que las padece somnolencia diurna (se duermen conduciendo e incluso comiendo), cansancio crónico, alteraciones de las funciones intelectuales superiores (debilitamiento de la memoria e incapacidad para concentrarse, por ejemplo), cambios de la personalidad consistentes en ansiedad, depresión y agresividad, y pérdida de la líbido e impotencia. Además, la repetición durante años de esa falta de oxigenación que suponen las apneas aumenta la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares y el riesgo de muerte.

Una muerte que muchas veces encuentran en las carreteras. Y no es de extrañar, si tenemos en cuenta que estos pacientes tienen limitada su capacidad para mantenerse alerta mientras conducen (tiempos de reacción más cortos y dificultades para concentrarse), eso cuando no se duermen. Así mismo, tienen una mayor siniestrabilidad doméstica y laboral.

Una muerte que muchas veces encuentran en las carreteras. Y no es de extrañar, si tenemos en cuenta que estos pacientes tienen limitada su capacidad para mantenerse alerta mientras conducen (tiempos de reacción más cortos y dificultades para concentrarse), eso cuando no se duermen. Así mismo, tienen una mayor siniestrabilidad doméstica y laboral.

Teniendo en cuenta el riesgo que supone, así como la alta tolerancia y eficacia de su tratamiento (consiste en suministrar una pequeña presión de aire que impide que se cierre la garganta, evitando así las asfixias, mediante un aparato portátil que se conecta a una mascarilla y se aplica sobre la nariz durante el sueño), resulta vital empeñarse en identificar a las personas que sufren apnea del sueño y convencerles de que se traten adecuadamente. No nos cabe la menor duda de que aquellos pacientes que se reconozcan en la descripción que del síndrome apnea del sueño hemos hecho acudirán inmediatamente al médico en la esperanza de ser adecuadamente tratados.

Lógicamente, para tener acceso a este tipo de tratamiento el paciente ha de ser diagnosticado previamente mediante una prueba de sueño que valorará con precisión las necesidades del paciente. Sin embargo, hemos de decir que lejos de las recomendaciones de la Sociedad Española de Neumología (un laboratorio del sueño por cada 300.000 habitantes), en España sólo funcionan como tales unas 30 Unidades del Sueño, lo que supone unas listas de espera de hasta dos años.

Mientras espera, tome algunas medidas que le beneficiaran:

  • Abandone el alcohol y el tabaco.
  • Pierda peso.
  • Duerma en decúbito lateral (de medio lado) y evite el decúbito supino (boca arriba).
  • Siga horarios de sueño regulares y apropiados.
  • Si está tomando medicamentos depresores de la respiración, valore con su médico la posibilidad de abandonarlos.





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