23 de noviembre de 2003
Al médico no se miente

Cuando alguien está enfermo, averiguar la causa del malestar y aplicar los remedios pertinentes es un empeño vital en el que deben implicarse el enfermo, su gente más próxima y el personal sanitario; en ocasiones, el paciente no es consciente de su problema y son quienes le rodean los que tienen que dar el primer paso para esclarecer la situación y vigilar el cumplimiento de los tratamientos.

Una vez en la consulta del médico, hay que tener en cuenta que toda la información que se facilite puede ser de utilidad, hasta el punto de que esa primera conversación que abre la historia clínica o la actualiza, puede resultar suficiente para establecer el diagnóstico definitivo.

Hay gente que cuando se le empieza a preguntar se incomoda, como si el motor del interrogatorio fuera la curiosidad malsana del facultativo; del mismo modo, hay médicos que por exceso de trabajo o, lo que es peor, de confianza, se apuran a extender el volante de consulta para otro especialista o la receta para la farmacia, en cuanto les encajan un par de datos.

Datos de filiación

Cada edad y sexo tiene sus problemas de salud característicos. Por ejemplo: ante un dolor óseo en una mujer menopáusica, mayor de 50 años, lo más lógico es pensar en una osteoporosis; sin embargo, en un niño o adolescente varón ese mismo dolor puede ser síntoma de una leucemia aguda.

Cada trabajo y ocupación de entretenimiento entrañan unos determinados riesgos para la salud. Por ejemplo: la inhalación de los cristales de sílice que se encuentran en el aire de las minas, fundiciones, así como en las fábricas de piedra, arcilla y vidrio, provoca una importante enfermedad pulmonar, la silicosis. Y en otro orden de cosas, ¿quién no ha oído hablar del codo del tenista, por ejemplo?

Es importante registrar tanto el domicilio habitual como los lugares visitados recientemente; cada lugar geográfico tiene sus propios condicionantes sanitarios: desde altas concentraciones de un tipo determinado de polen que puede causar o agravar alergias hasta agentes endémicos de graves infecciones.

Antecedentes personales

Nunca hay que olvidar que somos un conjunto de órganos interrelacionados sin solución de continuidad en el tiempo por lo que cualquier alteración padecida (incluidos los tratamientos correspondientes) puede tener algo que ver con el proceso en curso. Una úlcera gástrica puede ser debida al consumo continuado de antiinflamatorios por un dolor articular, por ejemplo.

Las enfermedades crónicas y tratamientos actuales pueden estar causando o modificando la patología actual. Por ejemplo: el origen de una disfunción eréctil puede estar en una diabetes o un tratamiento antihipertensivo, entre otras muchas causas posibles.

Una reacción alérgica puede poner en peligro la vida, así que las alergias deben referirse siempre y ser tenidas en cuenta ante cualquier planteamiento terapéutico o la planificación de un viaje.

Antecedentes familiares

La herencia juega un papel fundamental en el desarrollo de muchas enfermedades, de ahí la gran utilidad de contar con información correcta de las patologías sufridas por los parientes del enfermo, al menos por los más cercanos (padres, hijos y hermanos). La carga hereditaria es determinante en el desarrollo de un gran número de patologías, por eso conocer los antecedentes familiares ayuda a hacer un diagnóstico precoz (algunos tipos de tumores, por ejemplo) y, en algunos casos, incluso a prevenir la aparición de la enfermedad (glaucoma, por ejemplo).

Motivo de consulta

¿Qué le pasa? ¿Desde cuándo le pasa? ¿A qué lo atribuye? Son las tres cuestiones clave para dibujar el cuadro de la situación actual. Cuanto más detallada y exacta sea la descripción del proceso mayor será la precisión diagnóstica y menor el tiempo entre la sospecha y la confirmación diagnóstica. Por ejemplo, si entre los motivos de consulta se encuentra un dolor, será importante definirlo profusamente: localización, factores desencadenantes, agravantes y de alivio; periodo (diurno o nocturno), tipo (quemazón, pulsátil, descarga); intensidad; evolución; etc.

Exploración

Con toda la información recogida, el médico ya puede orientar su diagnóstico, pero eso no debe impedir que proceda a una exploración sencilla pero exahustiva del paciente. Las cuatro bases de la exploración clínica son: inspección (una pigmentación amarillenta de la piel puede estar hablando de un proceso hepático), palpación (un abdomen rígido como un tabla es sospechoso de peritonitis), percusión (cuando el abdomen está ocupado por líquido, pierde a la percusión su sonido de tambor) y auscultación (podemos oír soplos cardiacos o sibilancias pulmonares con toda claridad) aportan una información complementaria excelente.

La estrecha colaboración entre el médico y el paciente, pueden lograr, en muchas ocasiones, que llegados a este punto pueda emitirse ya un diagnóstico certero y establecer una pauta terapéutica adecuada.



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