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26 de octubre de 2003
Sin tantos humos, por favor
En los últimos meses, se han puesto en marcha durísimas campañas
políticas y sanitarias que, mostrando a los ciudadanos los horrores
ocasionados por el consumo de tabaco, pretenden animarnos a no fumar; Infócrates no
puede mantenerse al margen, conseguir un mundo sin humos, al menos sin humos nocivos,
forma parte de nuestro empeño vital.
No vamos a explicarle una vez más las muchas enfermedades provocadas por
el humo procedente de la combustión del cigarrillo (aunque, si
tiene interés en repasarlas, puede leer el resumen que le hemos
preparado en página aparte); tampoco vamos a atosigarle reclamando
a voz en grito nuestro derecho a respirar aire limpio (aunque le invitamos
a enterarse de los daños que el humo de los fumadores causa a los
no fumadores). Aceptamos que es necesario tomar una serie de medidas colectivas
e institucionales, e incluso apoyamos fervientemente algunas de ellas,
pero lo que más nos interesa es la capacidad individual de los
fumadores para abandonar conscientemente ese hábito, y nos gusta
pensar que dejarán de fumar por respeto más que por miedo,
por respeto a los no fumadores y a la propia vida.
Tomar la decisión
Si aún duda sobre la necesidad o no de dejar de fumar, le proponemos
hacer dos cosas:
el Test de Fagerström, para valorar hasta que punto el tabaco le
tiene esclavizado;
una lista de los motivos por los que, si acaso, dejaría de fumar
(tal vez le parezca bien comenzarla de esta manera: mejorar la salud,
respetar a los no fumadores... pero no se deje coaccionar, escriba sinceramente
lo que piensa, es más, aquello por lo que está dispuesto
a esforzarse).
Muchos exfumadores aseguran que se convencieron del absurdo de quemar
su vida a base de cigarrillos gracias a la lectura de un libro de allen
Carr, Es
fácil dejar de fumar, si sabes cómo, editado
por Espasa Calpe. Todo apoyo es bienvenido.
Una vez decidido, márquese una fecha de comienzo: el primer día
que no fumará. Debe ser una fecha inamovible, inaplazable, fíjela
con la seguridad que no surgirá nada que le obligue a retrasarla.
Le recomendamos que comience su nueva vida con alegría, coincidiendo
con sus vacaciones o una celebración especialmente agradable para
usted; si está pasando un periodo tenso, déjelo para más
adelante.
Preparando el camino
Mientras llega el gran día, ese en el que ya no fumará,
vaya adaptando su entorno a sus intereses: evitar la tentación
de un cigarrillo. A continuación, le aconsejamos algunas medidas
que tal vez le ayuden, o le inspiren para adoptar otras: comuníqueselo a familiares, compañeros de trabajo y amigos,
y pídales que si no le ayudan tampoco le pongan las cosas más
difíciles, es posible que alguno se sume a la iniciativa y abandone
el tabaco con usted;
tire los ceniceros, los encendedores, las pitilleras y cuantos objetos
relacionados con el tabaco tenga a su alrededor;
si la tapicería de su coche o de su sofa huele a tabaco, límpiela
a fondo;
hágase una limpieza dental, recuerde que una de las ventajas de
dejar de fumar es la recuperación del paladar, dentro de nada volverá
a disfrutar de los sabores;
introduzca algunas modificaciones en su rutina diaria, evitando todas
aquellas situaciones que realciona con un cigarrillo; por ejemplo, después
de comer, en lugar de sentarse a ver la televisión o tomar una
café con un pitillo, salga a dar un paseo. Y no se preocupe, si
lo desea, todo volverá a ser como antes (pero mejor), en el momento
en el que se haya olvidado de la existencia del tabaco, podrá volver
a ver la televisión o tomar un café después de comer
sin el peligro del cigarro.
Si no es la primera vez que lo intenta, analice detalladamente qué
cosas le ayudaron y qué cosas le perjudicaron en sus intentos anteriores.
Una vida nueva
Adquiera costumbres que le ayuden a vivir sin tabaco, por ejemplo: al levantarse de la cama, al intentar concentrarse en el trabajo o ante
una situación de tensión emocional, haga varias inspiraciones
profundas, sienta el aire en sus pulmones y reténgalo al máximo,
después suéltelo suavemente;
cuando esté leyendo un libro o hablando por teléfono, mantenga
la mano ocupada con un bolígrafo o sostenga un vaso de zumo;
si echa de menos tener algo en la boca, mastique chicle o beba agua, esto
le ayudará también a controlar el temido aumento de peso
experimentado por la mayoría de los exfumadores al dejar el tabaco;
acostumbrese a disfrutar con las cosas que le gustan y que no le incitan
a fumar;
haga algo de ejercicio (caminar, andar en bicicleta, etc.);
evite entrar en situaciones de tensión, manténgase lo más
relajado posible;
evite ambientes en los que se fume y compañías que estén
fumando;
reserve el dinero que se ahorra y empléelo en algo que le provoque
satisfacción.
Enseguida notará las ventajas de su nuevo estilo de vida: redescubrirá el mundo de los olores y el de los sabores;
se sentirá más ágil, menos cansado;
su tos disminuirá considerablemente, e incluso llegará a
desaparecer;
su piel ofrecerá un aspecto más equilibrado e hidratado,
más atractivo;
además, si aún no tenía ninguna enfermedad relacionada
con el tabaco, su riesgo de padecer cáncer de pulmón, infarto
de miocardio o bronquitis crónica, ha empezado a disminuir de manera
inmediata; y si ya tenía alguna de estas enfermedades, sus posibilidades
de recuperación son cada día mayores;
respetar los derechos ajenos le hará sentirse bien.
Molestias aparte
En los primeros días sin tabaco, sufrirá algunas molestias
(sequedad de boca, irritación de garganta, tos, tensión
emocional, etc.), no se deje vencer por ellas.
Si nota que está ganando peso y eso le preocupa, piense que lo
realmente importante es dejar de fumar, y tome algunas medidas para
controlar esa ganancia ponderal que no suele pasar de cinco kilos: si le apetece tener algo en la boca, tome chicle o caramelos sin azúcar;
tome tentempiés bajos en calorías;
beba mucha agua, además de quitarle la sensación de hambre,
le ayudará a eliminar los restos de nicotina;
haga una dieta saludable, como por ejemplo la mediterránea (rica
en frutas, verduras y pescado);
introduzca en su rutina diaria la práctica de algún deporte
o ejercicio físico.
Vencer la tentación
Sea como sea, en los primeros días sobre todo, la tentación
de fumar un cigarrillo puede ser muy fuerte, pero no tanto como para vencer
la voluntad de quien ha decidido dejar de fumar, esperamos. Nos gustaría
estar al lado de cada uno para ayudarle a vencer la tentación,
pero como eso no es posible, nos limitaremos a dar algunos consejos que
consideramos útiles.
Cuando sienta la imperiosa necesidad de fumar:
recuerde siempre que esa sensación de extrema necesidad dura poco
tiempo, y que cuantas más veces la supere más teimpo tardará
en volver a atacarle, y pronto llegará el momento en el que desaparecerá;
mire el reloj y deje pasar el tiempo (serán segundos) sin coger
el cigarrillo, recordando los motivos por los que decidió dejarlo;
una vez pasada la crisis, la ansiedad desaparece, sólo tiene que
estar preparado para vencer también la siguiente;
haga respiraciones profundas, llenando los pulmones de aire, disfrutando;
distráigase bebiendo un vaso de agua o un zumo de frutas;
tome un tentempié bajo en calorías o mastique un chicle.
La recaída
No debería haber fumado ese cigarrillo, pero ya está hecho.
Cada vez que fracase en el intento, revise la estrategia seguida y trate
de reforzar las actitudes que más le ayudaron mientras se mantuvo
firme, sin fumar.
Si ya son muchos los intentos y se siente incapaz de conseguirlo por
sí solo, a pesar de estar firmemente decidido a dejarlo, acuda
a un especialista, cada día hay más planes y más
eficaces; su médico de cabecera le ayudará a encontrar el
más apropiado para usted.
Créanos, empeñarse en dejar de fumar es uno de esos esfuerzos
que tienen compensación vital.
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