Llegó el verano, llegaron
los resfriados. Mientras en la calle te mueres de calor, en los locales cerrados
te mata el frío, cuando no algún bichillo despistado. Son los
placeres del aire acondicionado. Y sin embargo, cuando en plena solana nos
subimos a un taxi, el aire acondicionado es lo que más se agradece...
Como la mayoría de las cosas buenas que acaban pasando por malas, el
aire acondicionado sólo tiene un truco: usarlo correctamente. De lo contrario,
las infecciones respiratorias, las alergias y el estrés térmico
que puede llegar a provocar son argumentos suficientes para desterrarlo al baúl
de los inventos fallidos.
Hay quien opina que lo mejor de todo es evitar los aires acondicionados, nosotros
optamos por un empeño vital: extremar las precauciones, especialmente
las personas que tienen patologías respiratorias subyacentes.
Instalación y mantenimiento, esas son las palabras claves
El factor determinante en una instalación es el proyecto, si el proyecto
no es correcto, todo funcionará mal. Y aquí no hay que ser tacaños
porque según dicen los expertos los ingenieros diseñan en función
de las necesidades y la utilización del edificio, pero, a la hora de
contratar, se negocia a la baja, lo que obliga a modificar lo inicialmente
previsto con las consabida merma de calidad.
En principio, podemos distinguir dos grandes tipos de instalaciones: doméstica
y centralizada o de conductos, cada una con sus peculiaridades. La primera
se limita a enfriar el aire, a darle vueltas, pero no trata la humedad ni
las sustancias; por ejemplo, si hay humo de tabaco lo hace circular tal cual.
La segunda coge aire del exterior y realiza por lo menos un filtrado e incluso,
en instalaciones de cierta enjundia y categoría, un tratamiento.
También es importante tener en cuenta los propios aparatos ya que pueden
diseminar a través de sus filtros fibras minerales (amianto, lana de
vidrio, lana de roca) contenidas en las placas aislantes de paredes y techos;
y vigilar los productos volátiles que estas instalaciones utilizan
para su funcionamiento, en este sentido, los fabricantes tendrán que
adaptarse a las nuevas normas de la Unión Europea relativas a las sustancias
que agotan la capa de ozono. Se ha establecido un calendario escalonado cuya
última fecha es el 1 de enero del 2010.
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Mantener es más pesado y menos vistoso que inaugurar, por eso se hace
con menos entusiasmo, en ocasiones con ninguno, pero es fundamental. Si los
conductos no se limpian a fondo o las sustancias utilizadas para hacerlo no
son las adecuadas, el aire acondicionado puede resultar mortal. En casa, basta
con limpiar los filtros frecuentemente y realizar una revisión al año;
en instalaciones de más calibre, algunos especialistas aseguran que
es conveniente realizar por lo menos una limpieza mensual. Tanto la revisión
anual doméstica como la limpieza mensual de grandes instalaciones deben
ser realizadas por profesionales acreditados.
Condiciones de instalación y mantenimiento
Las tomas de aire exterior deben evitar fuentes externas de contaminación.
El caudal de aire exterior en juego debe ser suficiente para diluir sustancias
contaminantes producidas en su interior; en caso contrario, el sistema debe
incluir aparatos de depuración.
Las superficies en contacto con el aire deben ser fácilmente accesibles
para su limpieza y deben resistir tanto la acción mecánica de
los medios de limpieza como la agresión de los agentes químicos.
Los sistemas deben estar dotados de equipos de filtración muy eficientes.
La difusión del aire debe ser cuidadosamente estudiada.
El impacto del sistema sobre el medio ambiente debe ser reducido. Para
ello, conviene prestar atención a tres aspectos: la eficiencia energética
del sistema, el empleo de refrigerantes respetuosos con el medio ambiente
y la situación de las descargas de aire, que han de ubicarse de modo
y manera que no perjudiquen a los vecinos.
Si es usted alérgico, utilice soluciones antifúngicas.
Indicaciones para el buen uso del aire acondicionado
Adecue la temperatura a la actividad que vaya a desarrollar dentro de la
habitación climatizada. No es lo mismo un despacho en el que se trabaja
sentado que una sala en la que se realiza algún esfuerzo físico.
En cualquier caso, mantenga una temperatura razonable, en torno a los 20º-22º.
Los fabricantes de aparatos recomiendan que la temperatura de la sala o edificio
se sitúe como mucho 10 grados por debajo de la exterior.
Reduzca al máximo las posibilidades de contaminación ambiental:
utilice materiales nobles en la construcción y la decoración,
evite el tabaco, las moquetas, los pesticidas, etc.
Ventile con frecuencia las habitaciones, para que el aire esté limpio.
Prepárese para los cambios bruscos de temperatura: abríguese
si va a entrar en un lugar gélido, y salga con cuidado a la calle.
No se coloque bajo un chorro de aire frío.
Respire por la nariz, y no por la boca, sobre todo cuando va en coche
y el aire le va directamente a la cara. Recuerde que la función de
las vellosidades y mucosidades nasales es filtrar, humidificar y calentar
el aire, adaptándolo a la temperatura corporal.