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6 de julio de 2003
Un botiquín siempre a mano
Conservar y potenciar la salud es
nuestro principal empeño, pero también restaurarla. De todos
es sabido, y por si alguien anda despistado insistimos en ello, que ante cualquier
problema de salud lo más recomendable es acudir al médico y
someternos a su criterio; y lo menos, automedicarse. Lo cual no quita para
que en ocasiones nos veamos obligados a ser nuestros propios médicos
o los de los más cercanos. Esto es especialmente cierto ante un accidente
doméstico o la irrupción de una inoportuna dolencia cuando nos
hallamos aislados en un lugar remoto. Es en esas circustancias cuando tenemos
que echar mano de unos mínimos conocimientos (los iremos apuntalando
en estas páginas semana a semana) y algunos medicamentos o instrumental
médico, los que tengamos en nuestro botiquín.
Un botiquín es como un seguro, lo mejor es no tener que utilizarlo,
pero basta que no lo tenga para que lo necesites. Y, como al contratar una
póliza, es muy importante leer la letra pequeña, o sea las fechas
de caducidad de los productos que tenemos almacenados. No deben dolernos prendas
al desprendernos de todo aquello que caduque, ésta es posiblemente
la norma más básica y la más incumplida de cuantas aseguran
la tenencia de un botiquín adecuado. Si no tiramos los fármacos
caducados y los reponemos, el día que los necesitemos pueden ocurrir
dos cosas: que los tiremos y nos encontremos sin sustitutos, que los utilizemos
y nos provoquemos un daño superior al que tratábamos de remediar.
Sea como sea, ¡un desastre! Y siguiendo en el empeño de conservar
los medicamentos en el mejor estado de revista posible, deben mantenerse en
sus envases originales (para no confundir las fechas de caducidad y poder
revisar siempre que queramos los prospectos) Y situarse en un lugar seco,
fresco y preservado de la luz. Y a la hora de elegir el contenido es fundamental
tener en cuenta las dolencias habituales de los posibles usuarios y el lugar
en el que nos encontramos: no es lo mismo ser vecino de una farmacia abierta
24 horas que dormir a la intemperie en el Himalaya.
Botiquín doméstico
 | Además del contenido, en lo que al botiquín se refiere, es tan
importante el continente como la ubicación. Lo mejor es un pequeño
armario o una caja cerrada, incluso con llave, pero de fácil apertura,
de manera que llegado el momento de usarlo cualquiera pueda abrirlo y acceder
a su contenido. Sin olvidar nunca que debe mantenerse fuera del alcance de
los niños (y no es una coletilla sin sentido). Lo más frecuente
es tener el botiquín en el baño o en la cocina, craso error.
Son los lugares de la casa donde se producen mayores variaciones de temperatura
y más altas concentraciones de humedad, y por tanto violan dos de los
preceptos establecidos para la buena conservación de los fármacos:
sequedad y frescura. ¿El mejor lugar? Posiblemente el dormitorio de
los amos de la casa.
Instrumental
Termómetro, especialmente si hay niños pequeños.
Pinzas de punta fina, imprescindibles para la extracción de cuerpos
extraños (por ejemplo una espina de pescado).
Tijeras, deben reservarse únicamente para el botiquín.
Jeringa desechable.
Material para primeras curas
Antiséptico (povidona yodada, agua oxigenada, alcohol, tintura de yodo,
mercurocromo o gluconato de clorhexidina). Betadine puede ser una buena opción.
Pomada antiséptica y cicatrizante, especialmente útil para curar
las heridas profundas y las quemaduras.
Tiritas. Para cerrar pequeños cortes, son muy útiles las tiritas
de cicatrización.
Algodón.
Esparadrapo.
Vendas.
Gasa hidrófila estéril.
Fármacos
Analgésicos y antipiréticos. El de uso más extendido
es la Aspirina (ácido acetil salicílico), que además
es antiinflamatorio, pero también antiagregante plaquetario (puede
provocar hemorragias) y tiene efecto gastroerosivo (debe tomarse siempre con
las comidas). Sin embargo, para dolores leves o moderados, el más recomendable
es el paracetamol, ya que no provoca daño gastrointestinal.
Compuestos de sales de aluminio y magnesio para ayudar en las malas digestiones.
No se debe abusar, como es costumbre generalizada, del bicarbonato; y, probablemente,
en estas circustancias, debe hacerse más uso de las infusiones de manzanilla.
Antihistamínicos. En pomada para paliar los síntomas (picores)
de las picaduras.
Carbón vegetal, para las intoxicaciones.
Cremas de protección solar (de los factores de protección adecuados
a los usuarios del botiquín) y para después (aftersun), especialmente
en verano.
Otros
No está de más contar con un libro de primeros auxilios.
Es de gran utilidad el incluir en el botiquín un listado con los
números de teléfono de urgencias, sin olvidar el del servicio
de información toxicológica (teléfono 91 562 04 02).
Botiquín viajero
Lo primero de todo, cuando planeamos un viaje, es ponerse en contacto con
el centro de vacunación internacional y enterarse de que vacunas son
imprescindibles, o recomendadas, para evitar enfermedades en nuestro destino,
y cuales son las condiciones sanitarias del lugar.
Si se está tomando alguna medicación antes de iniciar el viaje,
y tenemos que continuar tomándola o vamos a tener que administrarnos
un ciclo de tratamiento durante el viaje, debemos incluir en el botiquín
todas las dosis previsiblemente necesarias. Si el seguimiento estricto del
tratamiento es vital, se recomienda incluso llevar dos lotes completos de
fármacos: uno en el equipaje facturado y otro en el de mano, por ejemplo.
El botiquín básico, similar al que tenemos en casa (incluyendo
siempre varias jeringas y agujas desechables), habrá que completarlo,
en función del destino, con: pastillas potabilizadoras para el agua,
especialmente en países tropicales y subdesarrollados; repelentes y
espirales antimosquitos, fundamentales para evitar desde leves picores hasta
grandes infecciones; astringentes, la diarrea del viajero es uno de los trastornos
más frecuentes e independientes del destino; suero antiponzoñoso,
si pretendemos perdernos en medio de la naturaleza, en cuyo caso puede resultar
también útil llevar anestésicos locales y hemostásicos
(para cortar hemorragias), antiparasitarios externos, antiamebianos y antihelmínticos.
Si se viaja con niños, no se debe escatimar en la cantidad de chupetes,
tetinas y productos esterilizantes de biberones.
Si se viaja en un determinado medio de transporte por primera vez, o si se
tiene expriencia de mareos previos, no demos olvidarnos de algún remedio
para evitar esa desagradable situación.
Otros
Documentación sanitaria: certificados de vacunas, si fueran necesarios;
cartillas de desplazamiento o pólizas de seguros.
Listado con los números de teléfono de urgencias, incluido el
de la Embajada y/o el consulado español.
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