15 de noviembre de 2007

Qué mareo

El quiosco estaba como arrasado: ni ¡Hola!, ni Semana...

Paaaaqui, ¿han pasado los vándalos?
—Es que no han venido...
—¿Los vándalos? ¿Y se les espera?
—No, que con lo de la infanta, deben estar rehaciendo páginas a toda leche. Así que si quieres hacer eso que haces...
—«Eso» se llama «sección de opinión» y los hay que viven de ello.
—Lo que tú digas. Que digo que te tendrás que conformar con el Lecturas y el Diez Minutos. O volver mañana.
—Es que me voy al pueblo.
—Pues ya sabes lo que te toca: Paquirrín ejecutivo y la Reina tuneada.

No es una falta de respeto, no: es que a los de Lecturas se les ha ido la mano con la goma de borrar arrugas. Vale, a doña Sofía se la ve relajada porque aún no se ha enterado de lo de su hija, pero ¡si es que han conseguido que se parezca a Sara Montiel! Eso fuera, porque dentro repiten foto y aunque también ha sido objeto cuidados intensivos, aquí se han esmerado menos. Resultado: hay más arrugas.

Un inciso. La misma revista entrevista y fotografía abundantemente a Elena Furiase, la hija actriz de Lolita. Y también le pasan la goma de borrar imperfecciones. ¡Por Dios, si tiene sólo 19 años! ¿Qué le harán cuando tenga manchas de edad? ¿Retratarla con capucha?

Pero volvamos a la Reina… ¡Vaya publirreportaje, oiga! Y sin que venga a cuento. No es ya que los periodistas (habrá que buscarles otro nombre, porque no hacen honor a ése) no den ni un atisbo de noticia. ¡Es que no cuentan nada! Y luego vienen los Príncipes, y luego la Infanta Elena, y después la Infanta Cristina. Es decir: que tras una apertura aburridísima con Judith Mascó (otra vez presumiendo de su lado más humano, qué hartazgo) los cuatro reportajes siguientes son reales y absurdos. ¿Casualidad u operación de relaciones públicas?

—Siempre es mejor eso que no lo de algunas famosas, profesionales de las relaciones púbicas.

Tienes razón, Santiago. Y cuando la tienes, hay que dártela.

Hablando de la Familia Real. Dice Laura Sánchez, que al parecer es una modelo: «Mi hija es clavada a la Infanta Leonor». Y tu marido, bonita, ¿qué piensa de eso? Porque el hijo de mi vecina es clavadito al repartidor de butano y a todos nos da qué pensar...

Para mi desgracia, las dos revistas que he podido pillar son una sucesión de banalidades y estupideces. «Goya Toledo, elegida Mujer del Año», titula Lecturas. ¿Qué ha hecho? ¿Sobrevivirlo? Porque otros méritos no se le conocen... No sé qué me avergüenza más: si que un alguien elija a otro alguien como la señorita Toledo «Mujer del Año» o que ella piense que la elección está bien hecha y acepte recoger el galardón.

Si la tal Goya se merece ese título, que nadie se extrañe si propongo a Kiko, antes Paquirrín, para el de Varón de la Década. Dice Diez Minutos que se ha puesto a trabajar. «Se acabaron las juergas y el trasnochar. El hijo de Isabel Pantoja ha cambiado las camisetas por los trajes y acude a diario puntual a su empleo en el corazón financiero de Madrid», nos cuentan, en un reportaje que ilustran con una serie de instantáneas en las que Francisco habla por teléfono y lee El País.

Vaya, vaya, me digo. El gañán que se convirtió en broker, la versión 2007 de la rana que se convierte en príncipe... Ya imagino el mañana: la bolsa tiembla, a la prensa cardiaca le da un síncope, los mercados internacionales siguen con interés las actuaciones en el parqué del hijo del torero y la tonadillera. Interesadísima, sigo leyendo: «Kiko cobra 1.000€ como administrativo y recibe clases de contabilidad.» ¡Acabáramos! Está de becario de tiburón. ¿Cómo se llaman los tiburones pequeños? ¿Tibureznos? Bueno, de eso. Y que ahí está, echando cuentas, aunque (como le ocurría a Manolito, el de Mafalda) no sé yo si con los zapatos puestos va a poder contar más allá de 10. ¡Con lo bien que se contabilizan las cosas con chanclas, también conocidas como la calculadora de verano!

Bueno, voy terminando que a falta de ¡Hola! quiero leer el Pantumaca de Sara Orúe, que más informada no estará, pero es mucho más graciosa que los del cuché padeburré.

Dedica Diez Minutos (y a la vista de lo exiguo del texto le han sobrado unos cuantos) una página a Álex O’Dogherty, el chófer Arturo Cañas de Camera Café. El periodista atiza nuestra curiosidad: «Nos habla de sus aficiones y de sus proyectos profesionales». Pero pocas aficiones y aún menos proyectos caben en esas apenas 200 palabras... ¿Es problema del entrevistado o del entrevistador?

En fin. Leo: «Belén Esteban va a trabajar el día de su 34 cumpleaños.» ¿Y qué? ¿Le hacemos un monumento? ¿O le regalamos un curso CCC de graduado escolar y nos evita otro año más de exhibicionismo de su incultura genética? Porque lo malo no es que sea bruta: lo malo es que presume de ello. Y encima le va bien.



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