2 de noviembre de 2007

Dos misterios, dos

¡Hola!
Por qué una grande de España cree que arreglarse la nariz puede arreglarse la vida es un misterio; como lo es que los periodistas, que viven de la palabra, no se dignen consultar el diccionario.

Vayamos con la nariz. Leo en ¡Hola! que Eugenia Martínez de Irujo se ha limado el apéndice nasal. ¿Las razones? Se me escapan. Si hubiera cirugía para medir metro ochenta, lo entendería, pero ¿acuchillarse las napias? ¿a estas alturas?

—Eso es cruel, estás hablando de una mujer que se compra la ropa en la sección donde mi hija viste a su Barbie.

¿Recortarse las narices cuando nos habíamos cansado de vérselas? No sé a quién quiere engañar. Eso por no decir que si una mujer muchimillonaria y, al opinar de quienes la conocen, inteligente cree que cambiar la forma del hocico va a cambiarle la vida, es que no es tan lista como parece, y quizá que no tiene tanto dinero como parece.

Debo además denunciar, porque tengo con ustedes un deber de sinceridad, que si bien el resultado no es tan nefasto como el de Kalina de Bulgaria, la mujer que entró en quirófano con una nariz deficiente y salió con un implante de garbanzo, el resultado nasal obtenido por Eugenia no ha sido como para tirar cohetes. Cierto, lo suyo sigue siendo una facción saliente del rostro humano, entre la frente y la boca, con dos orificios, y comunicando con el aparato respiratorio, cosa que no todas las víctimas de la cirugía estética pueden decir. Pero es que antes disfrutaba de una nariz como tantas, tal vez pelín ganchuda, pero muy suya; ahora, sin embargo, tiene una nariz clónica de tantas hechas con escuadra, bisturí y cartabón. Adiós a la personalidad…

Lecturas
¿Y qué tiene que ver el diccionario con todo esto?, se preguntarán. Pues nada, excepto que en otra revista, concretamente Lecturas, nos ofrecen un reportaje sobre la luna de miel de El Juli y Rosario Domecq más que sospechoso. Las fotos parecen robadas, puesto que no son muy buenas… pero yo diría que las ha robado uno de la cuadrilla del diestro, porque las hay hechas de muy cerca e incluso alguna buceando, situación ésta en la que —tengo para mí— los teleobjetivos son difíciles de manejar. Y si pido a gritos un diccionario para la redacción de la revista es porque los plumillas aseguran que el diestro y su señora han disfrutado «de su soledad y su intimidad», y a mí no se me antoja muy íntimo que te fotografíen hasta debajo del agua, y se publique que los de la compañía aérea te perdieron las maletas.

Por cierto, que El Juli aparece en una instantánea toreando al aire con la toalla de playa. Qué fijación con la cosa profesional, espero que en lo referente a los cuernos se lo tome con más calma.

Y unas páginas más allá de este amor que se consolida, otro que se despedaza. «Lara Dibildos rompe con Álvaro definitivamente». Creo que el redactor responsable de esta información debería cerciorarse de que «definitivamente» es el adverbio adecuado para una pareja que, en el mejor de los casos, rompe a 30, 60 y 90.

—Hija, Maru, estás doctoral. ¡Si hasta has puesto la palabra «adverbio» sin sonrojarte!
—Es que, MariPepa, lo de repasar las lecciones con el niño me aprende mucho.
—Me enseña mucho.
—Eso también.

Sigo leyendo Lecturas para enterarme de que Mar Flores ha hecho «un hueco en su agenda para llevar a su padre a una revisión rutinaria». ¡Lástima que ya hayan concedido el Príncipe de Asturias de la Concordia y el Nobel de la Paz de este año, porque seguro que si los jurados no hubieras emitido ya sus veredictos tomarían en consideración los méritos de Mar Flores! Me imagino su agenda: a las 10, peluquería; a las 11, manicura; a las 12, llevar a papá al médico; a la 1, paddel…

—¡Qué puntazo! ¡Has tenido acceso a la agenda de Mar Flores!
—No, pero el periodista responsable de la información tampoco y ahí lo tienes, dándoselas de enterado.

Semana
Cambio de publicación. Dice Semana que Alicia Koplowitz llevó a la fiesta de inauguración de la ampliación del Museo del Prado un «modelo clásico y joyas importantes». ¿Importantes? ¿Joyas importantes? Importante es lo que importa y lo que tiene importancia… Sí, claro, a ella sus joyas le importarán mucho, pero no creo yo que tengan importancia, no sé… Convendrán conmigo en que es un adjetivo cuando menos curioso para describir unas joyas.  

Leo también, siempre en Semana, que la infanta Elena está «rompedora». Y todo porque en los últimos meses «ha abandonado su clásica trenza». Espero que la haya dejado a buen recaudo, no sé, en un refugio para trenzas. En cuanto al calificativo «rompedora»… Si una es rompedora porque deja de hacerse trenzas, yo, que hace tiempo llevo el pelo corto, ¿qué soy? ¿Diva del destroy punk?

—¡Pero si ni siquiera sabes qué es eso!

Diez Minutos
En fin, acabo ya, que en la cocina las empanadillas La Cocinera están reclamando a voz en grito la herencia de Encarna, para disgusto de las empanadillas Findus, que se sienten únicas herederas legítimas.

Declara Marta Valverde: «Me siento en lo mejor de mi vida». Y yo no puedo dejar de preguntarme por qué no podrá sentarse en una silla, como todo el mundo.



Archivo Volver
Imprimir