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25 de octubre de 2007
Torero
—Pues en la tuya te lo pasaste teta. Y los toreros me cansan. —Pues de joven bien que seguías a El Cordobés. Así que una semana en la que las portadas están copadas por la boda de un torero, provocan en mí un fastidio infinito, lindante con el tedio, esquina con el hastío.
—Incluso si me escuchara… —Eso. —¡Vamos! —Vale. Convendrán conmigo en que los toreros son gente rara. Un tipo que se viste con un traje llamado «de luces», aunque debería llamarse «de vidrios», o «de abalorios», incluso de «fruslerías»... —Maruja, al grano. ... «de luces», pues, que se pone unos calcetines rosas, se calza unas bailarinas, se encasqueta una especie de... una especie de... una... —Sí, una especie de... ... de sopera de imitación de astracán, y se pone un postizo del tamaño de una albondiguilla. Y de esa guisa, se enfrenta a un morlaco de 500 kilos o más. Raro, ¿no? Por no hablar de su cuadrilla, que va parecida pero en plata, y del picador, que es un tipo que no sé por qué extraña razón ha decidido que es lógico comparecer en el puesto de trabajo con una bacinilla en la cabeza.
—Vale, Maru, y todo este rollo ¿a santo de qué? Santiago, que últimamente está siempre que escribo esto y ha decidido que es el contrapunto ideal para mis divagaciones. Pues a santo de que las portadas están copadas por la boda de El Juli y su novia de siempre, de nombre Rosario y de apellido alcohólico. Y que no hay nada más aburrido que una boda entre un torero y su novia de siempre. Bueno, también son muy aburridos los titulares, «paseíllo hacia el altar» y esos símiles taurinos tan manidos, que mejor sería que dijeran «El Juli pone en suerte a su novia de siempre para entrar a matar». —¡Maru!
«El jinete llegó a las once de la noche al local. Cuando llevaba cuatro horas en el mismo, al parecer, vio a Aída Nízar, colaboradora habitual de televisión, y se asustó al saberse descubierto. Entonces, salió corriendo.» Como para no correr está la cosa, si Aída Nízar merodea hablando con Dios por las cercanías. El establecimiento en cuestión, nos cuentan, es un lugar en el que pueden usarse máscaras. Tiene una parte en la que los clientes están vestidos; en otra están desnudos y basta tocar el hombro de una persona para mantener una relación sexual con ella. Y, aunque hay «zonas privadas», lo normal es que todo el mundo vea lo que hacen los demás. Que digo yo que si es cierto que el tal Cayetano se dedica a tales afanes, es más tonto de lo que parece, porque siendo como es un tipo muy conocido, lo de que le pillaran con las manos en la masa era cuestión de tiempo. Y digo también que si salía de un local «de intercambio de parejas» es porque llevaba una pareja a la que intercambiar, que ya le vale, echarse una novia para cambiarla por otra. En fin, como leen son dos las noticias que ocupan portadas y no podían ser más diferentes la una de la otra. Así que voy terminando, que en la cocina la sal gorda ha iniciado una dieta de adelgazamiento que amenaza con quitar el sabor a nuestras vidas. Informa Semana de una actividad de doña Letizia en un colegio, donde protagonizó lo que el plumilla califica de «simpática anécdota». Al parecer, una de las niñas le pidió el bolso y lo retuvo un buen rato, hasta que lo devolvió sin abrir. «Sin abrir», destaca el reportero. Como para desvalijar a la princesa estaba la cosa, con la clase llena de seguratas. Por cierto, que doña Letizia está preocupada por la infancia. «Los niños son nuestro futuro», parece ser que ha proclamado. Pues vaya descubrimiento. Visto el nivel, me atrevo a proponer al sufrido redactor de discursos de la Casa Real otras obviedades que le sacarán de mil problemas: «el sol sale por la mañana» (y, en mi casa, por la ventana del cuarto de estar), «he llegado tarde a esta inauguración por culpa del atasco» y «el fútbol es así».
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