18 de octubre de 2007

Casualidades

Queridos lectores: lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.

—Coño, Maruja, no te reconozco.
—Pues llevamos casados unos cuantos años.
—Lo digo por la profundidad de la frase.
—Es que no es mía, la he tomado prestada.
—Ah…
—Al menos yo sé dónde buscar.

No voy a discutir con él, porque hoy he logrado que haga la comida mientras leo las revistas.

—¿Dónde está el pan de molde?
—En el armario.
—¿Y la mayonesa?
—En la nevera.
—¿Y el pollo asado que sobró ayer?
—Pero, ¿qué diablos de comida estás preparando?
—En el bar de la esquina lo llaman Sándwich Club, y tú lo pides siempre que puedes.

Lecturas
Hablaba de las casualidades, y voy a escribir bajito para que no nos interrumpa más. Leo en Lecturas que la supermodelo Heidi Klum «llegó a las pasarelas por casualidad, con 17 años, tras enviar una foto suya a un concurso para jóvenes aspirantes a modelo». ¿Casualidad? Para mí, la relación causa-efecto está clarísima: la niña manda la foto a un concurso de modelos, con toda probabilidad porque aspiraba a ser modelo, y acabó desfilando por una pasarela porque es lo que hacen casi todas las modelos.

Sin embargo, Lecturas no parece reparar en una ¿casualidad? verdaderamente… casual. Ofrece una foto de una tal Amina, «la joven a la que se relaciona con Cayetano». Recordemos que Cayetano, recién separado de Genoveva, tiene dos hijos mellizos, Luis y… Amina. Que digo yo que si tienes un niño y lo llamas Luis, lo normal es llamar a la niña, no sé, Mari Carmen. Pero, ¿Amina?

—Si mi marido se empeña en llamar a mi hija Gisela, y al poco me entero de que se pasea del bracete con una tal Gisela, la que le organizo deja en nada la noche de la cremá.

MariPepa, que es visceral y de Galicia. Pero admítanme que la coincidencia es sospechosa… Como ésta otra: una página más tarde, un mini reportaje: «Triste fin de semana en Nueva York. Genoveva llora por su separación». Qué bonito encadenado informativo, ¿verdad? Y qué casualidad que hubiera un fotógrafo en Central Park, que es donde lloró la tal Genoveva porque, al parecer, no les basta con llorar encerradas en el cuarto de baño, que es lo que hacemos las demás.

Isabel Preysler puede llorar encerrada en 15 cuartos de baño, o así.

Santiago, que fue contratista en una vida anterior.

Semana
Las revistas se ocupan además profusamente de la boda de Gigi Sarasola y Tita Astolfi, que digo yo que ya son ganas llamarse así cuando uno podría llamarse Luis y la otra… Amina. O Santiago y Maruja. Incluso Lola, que es como se llama la nieta de Camilla, hija de Tom Parker-Bowles y de su mujer, Sara Buys. Vaya, que el Príncipe de Gales tiene una nietastra que se llama Lola. Claro, que lo pronuncian Loula, que siempre suena como más mejor.

Pero a lo que voy. Los seres bípedos se merecen nombres de personas humanas, no de caniches enanos. ¿Cómo se llamarán los hijos de Gigi y Tita? Sólo pensarlo me da escalofríos.

Por su parte, Inés Sastre se prodiga hablando ilusionada sobre su nueva vida. Se la ve radiante, liberada, como si se hubiera quitado un peso de encima…

—La verdad es que el marido delgado no era, pero…

… y hubiera ingresado unos cuantos kilos en la cuenta corriente.

—Que debe ser todo menos vulgar.

A veces pienso que MariPepa y yo podríamos hacer un dúo cómico.

—Mejor conmigo, mujer…
Santiago, a ti y a mí no nos quieren juntos ni para Matrimoniadas.

Diez Minutos
Impresionante también el despliegue que las publicaciones cordiales dedican al nuevo look capilar de Letizia. No es que me extrañe, teniendo en cuenta que donde más se leen estas revistas es en la pelu, al calor del secador, pero hay alguno que se pasa de frenada: «La nueva imagen de la Monarquía», titula Semana. Ya me imagino al Rey reescribiendo la coplilla:

Con las cosas que sueltan
los fanfarrones
la mi nuera se hace
tirabuzones.

—¿«La mi nuera»?
—¿No es Letizia de Oviedo y Felipe Príncipe de Asturias? Pues lo lógico es que en casa hablen astur, se hinchen a fabes y se retraten con el paratu de fotiar.

En fin, voy acabando, que en la cocina el Kalia Oxiaction pretende dar clases de inglés a latas, botes y demás productos envasados, para gran enfado de las aceitunas La española, que se niegan a aprender la lengua del imperio.

¡Hola!
—¿Y no vas a hablar de la gran exclusiva de ¡Hola!, la boda de Borja y Blanca?

No, no pienso perder ni medio minuto hablando de una pareja cuyos integrantes celebraron la despedida de solteros después de casados porque lo único que recuerdan de su paso por la escuela es que el orden de los factores no altera el producto, siendo en este caso el producto los millones de la exclusiva. Ni tampoco me ocuparé de esa ceremonia absurda en una pseudo iglesia en la que el altar y los bancos son balas de paja… me malicio que hubo que contener a alguno de los invitados para que no se los comiera.

¡Más de 50 páginas de exclusiva! ¿De verdad alguien cree que esta pareja de inútiles se merece semejante despliegue? Eso por no hablar de que han debido dejar las arcas de ¡Hola! temblando…

¡Hola! tiene para eso y para más.

Te digo yo que no. Mira si no me crees la página 111, sección «Siete días», ésa en la que ponen noticias menudas con fotos pequeñas: de las siete fotos, cinco están borrosas, como si los originales fueran muy pequeños y hubieran tenido que estirarlos. Eso es porque no tienen ni un duro. O porque han agotado los recursos del fotochop retocando a la Preysler y al Clooney, que cada día se parecen más a la momia de la Nancy.



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