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18 de octubre de 2007
Casualidades Queridos lectores: lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido. —Coño, Maruja, no te reconozco. No voy a discutir con él, porque hoy he logrado que haga la comida mientras leo las revistas. —¿Dónde está el pan de molde?
Sin embargo, Lecturas no parece reparar en una ¿casualidad? verdaderamente… casual. Ofrece una foto de una tal Amina, «la joven a la que se relaciona con Cayetano». Recordemos que Cayetano, recién separado de Genoveva, tiene dos hijos mellizos, Luis y… Amina. Que digo yo que si tienes un niño y lo llamas Luis, lo normal es llamar a la niña, no sé, Mari Carmen. Pero, ¿Amina? —Si mi marido se empeña en llamar a mi hija Gisela, y al poco me entero de que se pasea del bracete con una tal Gisela, la que le organizo deja en nada la noche de la cremá. MariPepa, que es visceral y de Galicia. Pero admítanme que la coincidencia es sospechosa… Como ésta otra: una página más tarde, un mini reportaje: «Triste fin de semana en Nueva York. Genoveva llora por su separación». Qué bonito encadenado informativo, ¿verdad? Y qué casualidad que hubiera un fotógrafo en Central Park, que es donde lloró la tal Genoveva porque, al parecer, no les basta con llorar encerradas en el cuarto de baño, que es lo que hacemos las demás. —Isabel Preysler puede llorar encerrada en 15 cuartos de baño, o así. Santiago, que fue contratista en una vida anterior.
Pero a lo que voy. Los seres bípedos se merecen nombres de personas humanas, no de caniches enanos. ¿Cómo se llamarán los hijos de Gigi y Tita? Sólo pensarlo me da escalofríos. Por su parte, Inés Sastre se prodiga hablando ilusionada sobre su nueva vida. Se la ve radiante, liberada, como si se hubiera quitado un peso de encima… —La verdad es que el marido delgado no era, pero… … y hubiera ingresado unos cuantos kilos en la cuenta corriente. —Que debe ser todo menos vulgar. A veces pienso que MariPepa y yo podríamos hacer un dúo cómico. —Mejor conmigo, mujer…
Con las cosas que sueltan —¿«La mi nuera»? En fin, voy acabando, que en la cocina el Kalia Oxiaction pretende dar clases de inglés a latas, botes y demás productos envasados, para gran enfado de las aceitunas La española, que se niegan a aprender la lengua del imperio.
No, no pienso perder ni medio minuto hablando de una pareja cuyos integrantes celebraron la despedida de solteros después de casados porque lo único que recuerdan de su paso por la escuela es que el orden de los factores no altera el producto, siendo en este caso el producto los millones de la exclusiva. Ni tampoco me ocuparé de esa ceremonia absurda en una pseudo iglesia en la que el altar y los bancos son balas de paja… me malicio que hubo que contener a alguno de los invitados para que no se los comiera. ¡Más de 50 páginas de exclusiva! ¿De verdad alguien cree que esta pareja de inútiles se merece semejante despliegue? Eso por no hablar de que han debido dejar las arcas de ¡Hola! temblando… —¡Hola! tiene para eso y para más. Te digo yo que no. Mira si no me crees la página 111, sección «Siete días», ésa en la que ponen noticias menudas con fotos pequeñas: de las siete fotos, cinco están borrosas, como si los originales fueran muy pequeños y hubieran tenido que estirarlos. Eso es porque no tienen ni un duro. O porque han agotado los recursos del fotochop retocando a la Preysler y al Clooney, que cada día se parecen más a la momia de la Nancy.
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