20 de septiembre de 2007

Me aburro

Diez Minutos
Si las revistas creen que la mejor manera de entretener a su parroquia es mostrar una foto en portada de José Tomás cual San Roque, levantándose no los faldomengos sino la pernera del pantalón, junto a una mujer con la que, ¡y nos enteramos ahora!, vive desde hace 5 años, 5, están en un horror.

—Error, Maru.
—Vale, los dos.
—Con lo bien que le queda el traje de luces, con su paquete de pilas y todo…
—¡Niña!
—… y la mala pinta que tiene en traje de baño. Parece un hospiciano.
—Lo que parece es un eccehomo.
—Pero, ¿este niño no había dejado de cecear?
—Ay, papá, que no te enteras: un eccehomo, una persona lacerada, rota, de lastimoso aspecto.
—Hijo, estoy orgulloso de ti.

Eso, Diez Minutos. ¡Hola!, sin embargo, se cree que nos vamos a abalanzar sobre el quiosco porque anuncia, en primera, que Enrique Ponce y su mujer, Paloma Cuevas, esperan su primer hijo.

¡Hola!
—¿El pincel y la espátula… procreando?
—Cosas veredes, amigo Santiago.
—¿Y de cuánto está ella?
—Déjame que lo vea… de dos meses.
—Eso lo explica todo.
—¿Explica el qué?
—La foto ésta, borrosa: aún le deben temblar las piernas.
—Eso es una grosería.
—Lo que tú quieras. Pero, piensa, ¿para qué se dan tanta prisa en anunciarlo? La paz mundial no depende de eso. Pues para cobrar más veces.
—Será.
—Seguro.

Esta semana, los de ¡Hola! van sobraos. Tratan, como todos, el caso Madeleine. Me abstengo de opinar, porque es todo tan doloroso… Pero ellos tenían una foto en la que los McCann avanzan, vestidos de verano, junto a una pared blanco-Algarve donde se proyectan sus sombras… La tentación era demasiado grande: «La sombra de la sospecha se cierne sobre los padres de Madeleine». Qué sería de nosotros, lectores, sin estas pequeñas licencias…

Otra pareja, la formada por Borja Thyssen y la que, según Tita Cervera (ella, que se casó con su Heini por amor, sólo por amor, y nada más que por amor) quiere echarle el lazo, vuelve a ¡Hola! para contarnos otra vez lo suyo, en esta ocasión respondiendo a las palabras de mamá. Debo decir que el niño se muestra como un hijo modélico y esperanzado. También húmedo: está, dice, «inundado de emoción y de ilusión». La expresión de los sentimientos ha entrado en una nueva fase. Tomen nota los psicólogos, y los expertos que preparan la Expo Zaragoza 2008.

Hablando de parejas. «Gema Ruiz —informa Diez Minutos—, trata de superar su tercera ruptura con Rafael Leflet.» Mientras no lo haga como superó las dos anteriores, arrejuntándose de nuevo, todo va bien. Claro, que a lo peor se cree que juntando 10 reconciliaciones, entrará en un sorteo de un sueldo para toda la vida. Aunque lo que quiero comentar es el vestido que luce la ex señora de Álvarez, una extraña conjunción de puntillas y pingarates indescriptible que intenta arreglar con un bolso que imagino carísimo. Por la marca, digo. Carísimo o falso. Supongo que carísimo.

Semana
Hablando de mujeres que dan la nota. Mercedes Milá, en Semana: «Cuando acaba el programa me quedo vacía». Y yo descansada, guapa, a ver que procura ir terminando mucho más temprano que tarde.

—Qué bonito, Maru, eso de mucho más temprano que tarde.
—No es mío…
—¡Shhhhh! A ver si te oyen los de la SGAE y vienen a cobrarnos derechos de autor.

Otra fémina, Marta Belenguer, de Cámera café: «Me gustaría tener hijos, pero no me imagino como madre». Mujer, siempre puedes tener hijos y luego darlos en adopción, pero en principio lo primero lleva a lo segundo. Me gustaría saber quién inventó esta especialidad periodística, las entrevistas del género tonto…

—¡Shhhhh! A ver si te oyen las feministas y te denuncian por acoso sexual.

Por género tonto no me refiero al femenino, sino al inane: ¿qué nos interesan a nosotros este tipo de reflexiones? Además, lo lógico sería declarar (un suponer): «Me gustaría ser madre, pero no me imagino dando a luz porque me han dicho que duele mucho». Como afirma una amiga mía, médico: «La naturaleza no es tan sabia como dicen, porque si lo fuera, las mujeres seríamos ovíparas desde hace mucho tiempo».

Lecturas
En fin, voy terminando que en la despensa las judías verdes, judías pintas y los judiones de La Granja, en representación de tantos otros, se reúnen a esta hora para decidir si sus respectivos nombres son políticamente correctos. El arroz bomba —me dicen— vigila de cerca esta asamblea.

Leo en Semana, al lado de una foto de la novia de Bisbal que a su vez se sitúa junto a otra en la que aparecen su hermana, su madre y su abuela: «Elena Tablada y su familia, como dos gotas de agua».

—Serán los genes del abuelo, muy dominantes…
—En las fotos de las Tablada yo nunca he visto a nungún varón. Excepto Bisbal, claro. Para mí, que se reproducen por esporas.

Yo creo que el responsable de tan extraordinario parecido es…

—¡El del butano!

No: el cirujano estético. Es lo que tendrá el futuro, que todos los que hayan pasado por la misma sala de operaciones tendrán el mismo careto. ¿O no les parece que, además, de parecerse entre ellas, las Tablada se parecen también a Bárbara Rey y Lara Dibildos, por citar sólo a dos? Y luego dicen que la de Maribel era una familia extraña…



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