6 de septiembre de 2007

Siguen ahí

He intentado darles esquinazo pero no lo he conseguido: ahí están, los de siempre, mirándome desde las páginas de las revistas…

Maruja, ¿estás segura de que esa medicación que tomas no tiene efectos secundarios? O a lo peor es que el tinte del pelo se te cuela por los circuitos neuronales…

Semana
Santiago, que de pequeño jugaba a los médicos y ahora se aburre en casa. Las he leído en la peliquería, hija, sí, es tópico pero es verdad, y la única cara nueva que he encontrado es una máscara: la hija de Olivia Newton-John. Fíjense cómo será la niña (aparece en Lecturas) que admite que, a sus 21 años, ya le preguntan si se ha hecho la cirugía estética. ¡Y le parece que es un cumplido! Una duda semejante sólo puede querer decir que tiene la cara como un muestrario de bótox y los dientes tan iguales como un frontón de pelota vasca. Que es como tiene la cara, y como tiene los piños. Sospechoso.

Sospechoso también es el parecido que la nueva Lecturas tiene con el ¡Hola! de siempre. Sólo que el efecto es el mismo que se registra cuando vez en Zara una prenda que imita a una de, no sé, no se me ocurren marcas caras. ¡Como no las frecuento! Pero me entienden, ¿a qué sí?

En la portada de esta semana (que no reproduzco, porque en su página web, a esta hora, siguen mostrando la de la semana anterior. Los he visto más rápidos, Santiago incluido), que podría ser un póster promocional de La casa de la pradera, aparece Antonio Carmona (el Adrien Brody gitano: en un concurso de napias, el jurado lo tendría complicado) con su mujer y sus hijas. En estos tiempos en los que lo que se lleva es ocultar a los pequeños, no sé porque él ha querido fotografiarse con las niñas. A lo peor son celos: «Yo también tengo hijas y nadie me pregunta por ellas. ¿Me las pueden fotografiar? ¿Me las pueden fotografiar? Por fa, ¿me las pueden fotografiar?».

Los famosos, ya lo ven, son como niños. Sino me creen, lean lo que las distintas revistas publican sobre el cumpleaños del heredero de la corona holandesa, que reunió a lo más granado de la realeza europea. O sea, a toda la realeza, que tampoco hay tantos como para andar separando al trigo de la paja.

¡Hola!
Dice ¡Hola!: «Compinchados con Máxima, los príncipes de Asturias asistieron a la fiesta sorpresa que se organizó para el príncipe Guillermo». Me los imagino a estos tres, y a todos los demás inoperantes que se dieron cita, llamándose a escondidas para darle una sorpresa al tal Guillermo, el cual, buenazo como es, sin sospechar nada, accedió a ponerse el esmoquin («¿A dónde vamos, cariño, así vestidos? ¿A dar una vuelta en barco por los canales?») y se dejó llevar, inocente-inocente, en carroza («Máxima, qué te apuestas a que nos ven. ¿No tenemos un coche cubierto, como todo el mundo?» «Sí, cariño. De hecho tenemos varias decenas».) Qué chiquillos, estos, lo que disfrutan con el dinero de todos.

Lástima que otra revista hable de «la fiesta que organizó Guillermo» así que sorpresas, las justas. Casi mejor… ¿o es que los servicios secretos holandeses no iban a detectar la afluencia masiva de testas coronadas o a punto de serlo? Aunque no parece que las fuerzas del orden anden muy finas. «La Princesa [Letizia, aclaro], otra vez con el bolso de Isabel Sartorius.» ¿No tiene para comprarse uno suyo? ¿Y se lo tiene que pedir a una ex de su marido? Qué modernos son estos anacrónicos.

—Es que la Sartorius hace, o promociona, no sé, bolsos.

Diez Minutos
Me da igual: yo creo que hay cosas que no se deberían tolerar. Como este titular de Diez Minutos: «Letizia vuelve a vestirse de princesa». Sólo porque se ha puesto un traje largo. O que los príncipes y princesas del mundo se acojan a la baja de maternidad. ¿Un vestigio, pues eso y no otra cosa es la Monarquía, puede disfrutar sin apearse de sus prerrogativas de los derechos que tanto nos ha costado obtener?

—Hija, Maru, qué frase.
—No me van a salir muchos más, porque no estoy muy inspirada, así que anótala.

Es que desde lo de Hakkon apeándose de sus responsabilidades durante unas semanas porque le había nacido una heredera, éstos se creen que todo el monte es orégano. No hay más que ver a los de Mónaco, aunque en estos la creencia es antigua. Carolina y su prole asistieron al Festival del picnic. Lo leo y no lo creo. Si no fuera porque Nelson Mandela y señora también acudieron, pensaría que es una tomadura de pelo. Claro, que a ver qué entienden ellos por picnic. No los veo yo degustando la excelente ensaladilla rusa, y los ni menos afamados filetes empanados, de nuestras meriendas campestres.

Semana
Termino ya, que en la cocina mi Braun minipimer de toda la vida, mi tercer brazo con dos velocidades dice que le han llamado de un laboratorio para participar en un proyecto de ama de casa biónica, una oportunidad que no puede dejar escapar. Si tienen ocasión, no dejen de detenerse en la publicidad de Porcelanosa que ¡Hola! luce nada en sus dos primeras páginas. Isabel Preysler, ya estamos acostumbrados, parece una pastorcilla de Lladró. Pero es que a George Clooney me lo han retocado tanto que parece la momia de Cary Grant, nada que ver con él mismo en el Festival de Venecia Por cierto, que Diez Minutos, en un acto de crueldad sin precedentes, destaca que George «fue el segundo actor más perseguido por las fans». ¡Qué manera de degradarlo! Ah, el primero fue Brad Pitt.



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